miércoles, 8 de octubre de 2008

Libro Sagrado y comportamiento

Hay una razón adicional para no creerse a los que creen conocer los comportamiento de una religión simplemente leyendo una traducción a su lengua del Libro Sagrado correspondiente, sea la Biblia o el Corán. La razón es simple: la gente no los lee.
Primero, porque son analfabetos. Pongamos un país como Marruecos. Sabe leer el 52 por ciento de la población (65 por ciento de los varones y 39 por ciento de las mujeres). Se puede pensar que España ya no tiene tales tasas de analfabetismo (las tuvo, las tuvo), pero sí las tiene de analfabetismo funcional (saben, pero no practica). No me los veo leyendo ni siquiera la Biblia. Y si pienso en un país latinoamericano, veo leyendo la Biblia a algunos protestantes, pero no a los católicos.
Segundo, porque no está en sus costumbres. Cierto que algunos grupos religiosos lo hacen con asiduidad, pero son minoritarios y excepcionales. Lo normal (en el sentido de lo más frecuente) es no leerlo.
Se dirá que, en cambio, sí que se someten a lo que les predican desde iglesias y mezquitas. Tampoco está tan claro. Primero, porque los que atienden a sus respectivos servicios no son tantos en el mundo. Segundo, porque algunas iglesas cristianas (las ortodoxas) ni siquiera tienen la costumbre de la predicación, así que ya me dirán. Pero si de iglesias católicas o mezquitas musulmanas hablamos, es más que evidente que los funcionarios religiosos que atienden a la predicación componen un grupo muy heterogéneo. Hay fatuas totalmente aberrantes y hay fatuas que son comprensibles y hay fatuas que, desde fuera, hasta son razonables. Lo mismo se puede decir de los sermones: los hay para salir corriendo (algunas cosas que he oído en bodas y entierros -que es mi único contacto directo con el catolicismo últimamente- son tan aberrantes como algunas fatuas) y los hay sensatos y razonables con independencia de que se compartan sus presupuestos lógicos. Me extrañaría mucho que los sermones causaran cambios en el comportamiento de la gente. Ni aunque se trate de un Savonarola (el cambio fue para su vida). Supongo que los creyentes acaban yendo o al centro de culto que les cae más cerca (y se tapan los oídos cuando llega el sermón si ya saben por dónde va a ir) o a aquel que mejor encaja con sus orientaciones. No me veo yo a un catecumenal yendo a una parroquia de "rojos" donde se da la comunión con pan-pan y se habla de justicia, los pobres de Yahveh, las dificultades de los ricos para entrar en el cielo y esas cosas que también están en el Evangelio.
Conviene recordar que en algunas viejas elecciones en Polonia, país católico por antonomasia y en tiempos todavía del papa Woytila, desde las iglesias se amenazó con excomunión a los que se atreviesen a votar a los ex-comunistas ahora socialdemócratas: ganaron los socialdemócratas.
Y, yéndose más atrás, no vendrá mal recordar que en los tiempos más duros del franquismo en España, cuando la alianza Iglesia-Estado llevaba hasta el nacionalcatolicismo, había una clara sintonía en el mensaje de una y otro: cuantos más hijos, mejor. Para la Iglesia, nada de ningún método anticonceptivo (excepto el ogino). Para el Estado franquista, dar hijos para la Patria. Pues bien: fue la época en que más cayó la tasa de natalidad en toda la historia de España. Y no sería por falta de triqui-triqui.
Que los católicos leen poco la Biblia, lo ha dicho el Papa, así que debe de ser cierto. Que los musulmanes leen poco el Corán, puedo imaginarlo sin ser un imam descendiente del Profeta o un celoso ayatolá, defensor de su propia ortodoxia.
Aunque lo dijese Aranguren en su momento, las religiones no son un modo de vida sino un conjunto muy heterogéneo de modos de vida con algunos elementos en común, pero no tanto como sus respectivos voceros creen poder hacer creer.

No hay comentarios:

Publicar un comentario