miércoles, 29 de octubre de 2008

La revolución pendiente

Excelente artículo de Jorge Majfud en América Latina en movimiento. Da un paso más respecto a lo que comenté aquí sobre el mal menor en política y lo aplica a las elecciones estadounidenses de dentro de pocos días. A partir de anécdotas recientes (alguna de las cuales también he comentado, como la de los trajes de Sarah Palin) plantea las opciones que se presentan allí y se nos presentan en cualquier lugar del mundo cuando se está confortablemente instalado en la parte agradable de la sociedad y cuando se desea cambiar esa sociedad. No vale la "omnipotencia de las ideas", enfermedad infantil de la que hablaba Freud, que consiste en creer que deseando las cosas ardientemente esas cosas se consiguen. Los cambios pueden ser soñados y analizados por intelectuales radicales (que van a la raíz). Pero los políticos sólo podrán proponerse un cambio profundo cuando las circunstancias lo permiten. Procurarlo contra la realidad suele traer un nuevo triunfo de los que no quieren cambios. Por eso habrá quien se desilusione con Obama: no podrá hacer más de lo que puede hacer. Y en ese punto discrepo de Majfud y vuelvo a la tesis de Chomsky sobre el mal menor: no es el mínimo cambio posible sino que es el mal menor, pero mal al fin y al cabo. 
El título de este post tiene, para los mayores, una evidente intención: recordar, de todas maneras, que decir que se va a posponer la revolución puede ser, como sucedió con los falangistas de después de la última guerra civil española, una forma de evitarla o de quedar satisfechos porque una vez vendrá. 
No es fácil querer cambios. Lo fácil es evitarlos. Y lo difícil producirlos en la dirección deseada. Porque, encima, puede ser peor el remedio que la enfermedad, como bien supieron mis compañeros bolivianos cuando yo estaba haciendo la tesis allí y planteaban irse a la sierra: que consiguieron una dictadura todavía más dura. Y murieron.

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