viernes, 24 de octubre de 2008

El mal menor

Los respectivos textos de dos gigantes como Wallerstein y Chomsky incluyen la misma palabra: el mal menor. El primero no tengo modo de colgarlo, aunque lo tengo en pdf. Se trata de un artículo en honor a Andre Gunder Frank publicado en Monthly Review el pasado junio ("Recordando a Andre Gunder Frank mientras se piensa en el futuro"). En él distingue tres niveles en los plazos en los que se pueden plantear las propias opciones: a corto plazo, a medio plazo y a largo plazo. A corto plazo, lo tiene claro: todos, de una manera u otra, acabamos eligiendo el mal menor. Raramente optamos entre dos bienes. A medio plazo, la opción que él plantea es la de Davos o Porto Alegre. Y a largo plazo el de una nueva sociedad. Me quedo en el corto plazo.
Lo de Chomsky es una entrevista en televisión que puede verse donde he dicho. El tema son las elecciones presidenciales y Chomsky las afronta bajo el principio, él también, del mal menor. Hay que votar a Obama, dice. Pero sin ninguna ilusión. Es el mal menor. McCain sería peor. 
Curioso que ambos, para las opciones inmediatas, acaben pensando en el mal menor. Se puede plantear si es que la edad les hace sabios, pesimistas o desencantados o es que las cosas son como son y no permiten muchas alegrías. Probablemente una mezcla de todo ello. Es obvio que si tuviésemos que elegir entre el bien y el mal, elegiríamos el bien (Pablo de Tarso tenía sus propias ideas sobre lo que uno ve como bien y lo que después acaba eligiendo, pero esa es otra tradición: nuestros dos gigantes son judíos y Pablo de Tarso el re-fundador del cristianismo). Así que nos vemos obligados a lo del mal menor. No es muy movilizador ni entusiasmante, pero lo contrario es un engaño. Por mantener la moral alta de los militantes no se les debería mentir: el fin no justifica los medios. 
Y, sin embargo, hay momentos en los que no se elije el mal menor. El otro día me refería a las peleas sangrientas dentro del bando republicano en la última guerra civil española, asunto que, curiosamente, no aparece en las memorias históricas. Es obvio que los que impidieron el triunfo de la República (o de la Revolución), no aplicaron el principio del mal menor. La ideología tuvo, en algunos casos, prioridad absoluta, como ahora sucede en muchos grupos que prefieren la pureza ideológica a incidir en la realidad aunque sea un poquito. Los intereses ajenos a la contienda, también. Podemos parecer que estamos eligiendo entre A y B, cuando en realidad estamos pensando en C, en cuyo caso, elegiremos en función de C, no a partir de saber cuál es el mal menor, si A o B. Y, por supuesto, hay casos en los que te obligan a parecer que elijes el mal mayor, pero es porque intentas evitar un mal todavía mayor que ese. 
Tal vez sería momento de volver al artículo que ya cité ("Los idiotas que dirigen los Estados Unidos"): las diferencias entre Obama y McCain son mínimas si se comparan con lo que tienen en común, a saber, pertenecer a un grupo social muy determinado, con intereses muy claros, fácilmente alquilable por los lobbies y que hace tiempo olvidaron qué significa el bien común. Los dos, desde la perspectiva de Chomsky, son malos. Obama es el mal menor.

2 comentarios:

  1. Antes de nada, aprovecho para saludarte, profesor (te leo casi a diario, aunque no haga ruido).

    Aunque dicho así parezca sacado de la Ley de Murphy, es bueno que propios y ajenos no caigamos en el error de darle un carácter de mesias a Obama. Para mí, es una marca más que un profeta.

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  2. Gracias, Jose. Saludos por mi parte también.
    Lo de Obama habrá que tomarlo con cautela. Creo que, efectivamente, es el mal menor y que tiene mucho, como dices, de producto bien envuelto y marca bien promocionada. Que en los USA haya quien lo ve como mesías, creo que es propio de las mentiras y fantasías de las campañas electorales. Me parece recordar que fue Howard Zinn el que decía que, para no desilusionarse con un candidato, lo mejor era no ilusionarse.
    Y, añado, si la gente se ilusiona, malo. Lo necesitan, claro. Pero es una manipulación.

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