miércoles, 22 de octubre de 2008

Crisis, Bancos e hipotecas

Hace algo más de diez años escuché el consejo que un alto cargo de una entidad financiera, responsable de la misma en la zona en la que vivo, daba a un amigo: le desaconsejaba avalar préstamos hipotecarios a los inmigrantes. Sus razones eran técnicas y amistosas: técnicamente, sabía que podían ser fallidos y, como amigo, no deseabe que cayera sobre el amigo el peso de la hipoteca y del aval. Esa misma persona me consultó sobre los estudios que estaba haciendo su entidad sobre los inmigrantes y su capacidad de compra. Pensaban en productos adaptados a esa particular clientela. En otras palabras, que el consejo de no avalar era para los amigos, pero, para los clientes, "money is money". Y así nos ha ido.
Se ha criticado hasta la saciedad a las hipotecas subprime estadounidenses, supuestas culpables del cisco que paderecemos y parece que vamos a seguir padeciendo. Pero se olvida que ese mercado es así: si se trata de captar clientes, todo vale, aun a costa de rozar la morosidad. No hacía falta mucha información y capacitación económica para saber que los inmigrantes trabajaban, básicamente, en la agricultura, la hostelería, la construcción y el servicio doméstico (incluyendo el cuidado a las personas). Y no hacía falta mucho cacumen para saber que la construcción estaba en plena burbuja (como ahora pueden estar otros sectores a escala mundial) y que tarde o temprano reventaría. 
Ya era complicado, en cambio, saber que la crisis financiera afectaría a la economía real y que eso traería consigo un recorte de los ingresos por turismo y, por tanto, un recorte de personal. La agricultura y el servicio doméstico se podrán mantener, pero los dos sectores antes mencionados han echado a la calle a muchos inmigrantes y van a echar a más. Si, encima, con el horror típico del Banco Central Europeo, se incrementan los tipos de interés, lo que se paga por hipoteca aumenta para personas que o se han quedado sin trabajo o, en todo caso, han visto reducidos sus ingresos (de tener simultáneamente cuatro contratos para la cuadrilla de albañiles a no tener ninguno en tres meses porque no hay préstamos para las promotoras y las promotoras no contratan albañiles... porque más de una está pensando en cerrar). Los Bancos y Cajas fueron también en España irresponsables. La ganancia a corto los impidió ver el riesgo a medio y la catástrofe a largo plazo. Por más que banqueros y cajeros, con sus palmeros políticos, aseguren que el sistema financiero español no corre peligro, me extraña mucho que sea cierto. 
Como para confiarles mi dinero. Pero, como en el Evangelio: "¿A dónde vamos a ir? Sólo Tú tienes palabras de Vida eterna". Que, con las convenientes rebajas por fin de temporada, se convierten en: estamos condenados a sufrir a las entidades financieras que puede que nos hayan destrozado la vida pero TINA, There Is No Alternative, no hay alternativas más allá de guardar el dinero debajo del colchón. Lo que sí es evidente es que nos han fastidiado pudiendo no haberlo hecho.
Dicho lo cual, hay que añadir algunos detalles: los micropréstamos que, en vísperas del crack, fue la fiebre que azotó al mundo financiero. Préstamos rápidos, por poco monto y con intereses que en otros tiempos se habrían llamado de usura... y que muchas veces han resultado tan impagados como los hipotecarios. Es obvio que se estaban asustando de la que se veían venir y se lanzaban, por aquello de la liquidez, a recoger migajas de donde pudiesen, repartiendo tarjetas de crédito (y no de débito) y aconsejando su uso... que igual tampoco se podía poder afrontar como gasto.
Quiero decir con esto último que, sin quitarle ni un ápice de responsabilidad a aquellas aves rapaces, el sufrido consumidor también ha tenido una buena parte en lo que ha sucedido y está sucediendo. Vivir por encima de las propias posibilidades es algo que se lo puede permitir, como país, los Estados Unidos, pero no eternamente. Mucho menos una familia. Siempre llega el día del Juicio Final, con ese monstruoso Jesús de la Capilla Sixtina (que he visto por primera vez directamente hace pocos días y no me ha gustado nada). Meterse en una hipoteca, más una financiera para el coche, más un préstamo para unas vacaciones, más un crédito para... sin pensar que las vacas flacas podrían llegar y que, en cambio, creyendo que  seguirían engordando indefinidamente, ha sido también una parte del problema. Más aceptable, por engañado y manipulado por los anteriores, pero no por ello menos real. 
Creer que se vivía en Jauja (en el sentido figurado, por supuesto) ha sido el error más grave que han cometido algunas familias que, unido a la rapacidad de Bancos y Cajas (el interés más desinteresado, decían), han llevado a la que está cayendo y a la que va a caer. Hoy lo he visto claro: tal vez en España no haya habido subprime, pero las condiciones en que se han pedido determinadas hipotecas que me contaban esta mañana en primera persona y lo que los ejecutivos sabían al respecto, como pude oír en su día, indican que el sistema financiero español no está tan libre de polvo y paja como se dice. Tal vez esté menos peor que otros, pero no por ello hay que, encima, hacerles regalos de vajillas, utensilios de cocina, relojes y demás cuentas de colores y sartas de abalorios con las quenos  han ido engañando a nosotros los indígenas estos conquistadores de arcabuz y caballo. El problema que van a tener es que cuando vayan a hacerse cargo del bien hipotecado se encontrarán que vale menos de lo que el tasador tasó en su momento y, tal vez, menos de lo que se dio en préstamo. Ya se sabe: si debes un millón (de pesetas), estás perdido; si debes mil millones, el que está perdido es el Banco que ve cómo se evaporan sus activos.

2 comentarios:

  1. Creer q vivimos en Jauja, vivir por encima de nuestras posibilidades (o más bien, de las posibilidades del planeta), es algo q estamos haciendo en buena parte del mundo mundial. Y así nos va...o nos irá.

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  2. Sí. Hay por ahí un intento de calcular la proporción entre lo que da de sí el Planeta y lo que consumimos y el resultado es preocupante porque, según ese cálculo (como siempre, discutible: no hay dogmas), nos estamos pasando varias estaciones. Y, efectivamente, lo pagaremos. Si no es que no lo estamos pagando ya. Y no sólo por la cuestión del cambio climático, por supuesto.

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