sábado, 25 de octubre de 2008

Confianza

Viendo las veces que ha salido la palabra en los medios he tenido que acabar dándome cuenta de que prácticamente toda la vida se basa en ella. La mayor parte de las cosas que creemos es porque tenemos confianza en quien nos las ha dicho, no porque las hayamos sometido al análisis empírico y experimental. Nadie puede contrastar todo lo que dicen los periódicos y el verlo en televisión no garantiza que sea cierto. Manipular por televisión o por radio es tan fácil como hacerlo en la prensa. Pero no sólo se trata de eso. Lo que comemos, usamos, consumimos, tenemos necesitan de la confianza. Y lo de los Bancos... Bueno, eso ya está muy visto.
Supongamos que me llega una carta explicándome una determinada situación que no puedo contrastar. Si fuese un empirista redomado, buscaría otras fuentes, analizaría con detenimiento los intereses que pueden mover esos planteamientos en la carta y cosas parecidas. No lo hago: confío y me lo creo y actúo en consecuencia.
Quiero decir que es muy poco lo que sabemos por nosotros mismos. Y si no es por nosotros mismos, tiene que ser por otros... en los que confiemos. Con razón o sin ella. Puedo confiar en mi homeópata o en mi brujo tradicional. 
Eso explica (como me dijo recientemente quien fue director de mi tesis) por qué personas relativamente inteligentes han podido creer cosas que no se sostienen: simplemente, confiaron en quien se las decían. Eso sí, añadía mi profesor, la tarea humana es ir liberándose de esas falsas verdades. Y, añado, sin necesidad de perder el afecto o la confianza de quien nos las trasmitió... que también las había recibido. Algunos se liberan de algunas. Otros seguimos prisioneros por más tiempo. Otros no se liberan nunca. Pero no hay alternativa a la confianza. Y no digamos nada del "condenado por desconfiado".
Por otro lado, cualquier decisión que se tome tiene siempre algo de ambivalencia. Para algunos comentaristas, lo que Bush dice cuando afirma que no tiene dudas cuando toma una decisión importante no sólo no es creíble sino que muestra una fantasía peligrosa (y que nos lo digan al resto del mundo). 
Dudar no sólo no es malo sino que es normal. Y aconsejable.

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