viernes, 3 de octubre de 2008

Bolivia en el recuerdo

Hace casi cuarenta años que no estoy en Bolivia y anoche me llegó una invitación formal para intervenir allí en un congreso sobre mediación que me interesa. He tenido que decir que no. Esa misma semana tenía otro congreso, en Barcelona, de cuyo comité científico formo parte y al que tampoco iré. ¿Razón? Tengo clases aquí que podría permutar con algún colega, pero también tengo una conferencia que ya está anunciada y que no es serio, a estas alturas, decir que la cambien con los programas ya impresos. A las ONG estas faenas no se les hacen.
Probablemente me miento. Lo solemos hacer todos. Si nos dijésemos la verdad siempre, no lo resistiríamos. Es como si siempre estuviésemos pensando en lo mal que está el mundo. De vez en cuando hay que "hacerse" un caldero con los amigotes. Como hoy, sin ir más lejos.
Creo que no voy, al margen de que los viajes me cansan y el último a México me dejó "espiazao", porque no quiero encontrarme no con Bolivia sino con mi juventud. Recuerdo a un amigo chileno, exiliado en México, con el que paseé por Atenas hace ya años: andaba él deprimido porque había estado en la ciudad, muchos años antes, de viaje de novios. Encontraba la ciudad, pero no encontraba su viaje de entonces. Nosotros los de entonces ya no somos los mismos.
Bolivia fue muy importante en mi vida (y, en parte, lo sigue siendo). Pero no para hacerme dar el salto y encontrarme a 4.000 metros de altura y coordinar una mesa redonda al borde del desmayo. Tal vez podría hacerlo físicamente. La primera vez que llegué a La Paz, desde Cochabamba, jugué esa noche un partido de baloncesto. No hace falta que diga la edad que yo tenía entonces. Ahora iría cargado de mates de coca y todo el pastillaje pensable. Pero, no. No es lo físico lo que me detiene. Sé que muchas cosas no han cambiado: la situación de los indígenas aislados. Condoriri seguirá prácticamente igual. Toracarí tal vez haya crecido. Tiraque (lo he visto por Google Earth) es el mismo. Eso sí: las ciudades han cambiado. Han crecido y hay nuevos edificios, como un creo que feo garaje donde antes había una ermita en Santa Vera Cruz donde, supongo, habrán desmantelado el pequeño cementerio donde me hubiera gustado dejar mis cenizas. Pero el que ha cambiado, definitivamente, soy yo.
La gente suele confiar en mí y me cuenta sus cuitas. Como no tengo a quien hacerlo, lo hago al blog. Ya sé que a usted no le interesa. Pero así me desahogo. Por la misma razón que escribo los otros posts. Salud.

2 comentarios:

  1. Genial, maestro. Como siempre.
    Un alumno, ya viejo, que te manda un fuerte abrazo.

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  2. ¿Un alumno ya viejo? No puede ser. Casi por definición tiene que tener menos edad que yo ;-)

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