sábado, 11 de octubre de 2008

Actas de defunción

Con todas estas crisis que encadenan al mundo (hasta la Bolsa de Brasil tuvo que suspender su actividad después de una fuerte caída), se encadenan también los certificados de defunción aunque no está muy claro qué es lo que ha muerto y, además, en algunos casos hay motivos para pensar que "los muertos que vos matáis, gozan de buena salud".
Gustavo Esteva hacía su propia lista hace un par de días en La Jornada. Recupero, comento y aumento su lista:
- Los neoconservadores. Esteva comienza por ahí refiriéndose a este grupito de iluminados que ha gobernado detrás del segundo Bush y que estuvieron, sin este Bush, pero sí con su hermano Jeb, en el Project for a New American Century.  Con muy buen sentido avisa que la resurrección puede producirse en cualquier momento. De hecho, todavía son la alternativa aunque vuelvan a la "clandestinidad" que da no estar en el poder. Pero pueden volver allí y en otros sitios. En Europa, sin ir más lejos.
- El fundamentalismo del mercado. Es como llamaba George Soros (poco sospechoso de "rojo" intervencionista y nacionalizador) a esa curiosa manía de adjudicar, contra toda evidencia, unos poderes taumatúrgicos al mercado sin la "mano invisible" de los sentimientos morales, es decir, sin un mínimo de regulación. Si ya el "menos Estado, más mercado" estaba herido de muerte, las necesarias nacionalizaciones lo han llevado a la tumba. Volverá si el sistema no se colapsa definitivamente y esta vez sí que tiene una crisis terminal (esa que se viene anunciando desde finales del siglo XIX y nunca se produce -"que viene el lobo, que viene el lobo"-).
 El mercantilismo y el proteccionismo intervencionista son dos caras de la misma moneda, sólo que unas veces se ve una cara y otras otra. Los años 50 y 60 fueron proteccionistas después de una etapa librecambista y fueron seguidos por esta etapa fundamentalista que, sí, termina, pero que no necesariamente desaparece para siempre. Cuando desapareció en los años 40 nadie pensó que pudiera volver. Digamos que está muerto pero que puede resucitar el tercer día. De hecho, dicen algunos, la guerra no ha terminado, pero, para otros la burbuja que sí ha reventado es la ideológica.
- El neoliberalismo. Hace bien Esteva distinguiéndolo de los dos anteriores y asociándolo al llamado "consenso de Washington", aquella serie de recetas de flexibilización, desregulación y privatizaciones que emergieron de Washington DC y se propagaron por el mundo y el que creyere y fuese bautizado se salvará y el que no creyere se condenará. Por lo menos eso se decía y ya no se dice. El consenso de Washington (WC en sus siglas en inglés) parece también muerto y sólo es seguido por algunos despistados que no leen los periódicos o, como Sarah Palin, "los leen todos". Esteva se refiere a Calderón en México y a Uribe en Colombia. Alguno más anda suelto por ahí, pero también parece que ha muerto, dejando a los que tenían como objetivo principal de su vida política luchar (verbalmente) contra la "globalización neoliberal" convertidos en rebeldes sin causa.
- El papel de los Estados Unidos. Es la más problemática de las defunciones de Esteva. No porque no sea evidente su caída, sino porque podría ser igualmente evidente su resurrección. Estamos hablando de economía, pero el neo-imperialismo estadounidense ya no es el de la "globalización" de tiempos de Clinton sino que es el de la fuerza militar. Una vez más: su presupuesto militar es la mitad de todos los presupuestos militares del mundo juntos. Y quiere controlar el acceso al petróleo y, supongo, al agua. Y a los alimentos. Y a las energías alternativas. Cierto que ha caído. Pero no es tan seguro que esté muerto. Esteva es de la misma opinión.

Hay un "muerto" más en otras listas, aunque no en la de Esteva: el capitalismo mismo. No tiene sentido decirlo aunque sí pensarlo como parte del "wishful thinking" o de la freudiana "omnipotencia de las ideas" (creer, de manera infantil, que por desear algo intensamente, se producirá). Decirlo tendría que ser algo que se hace con suma cautela: este sistema ha demostrado en sus por lo menos cinco siglos de existencia una enorme capacidad de adaptación a las circunstancias y una fantástica capacidad para sobrevivir a sus numerosas crisis, como para que algunos de sus críticos -Samir Amin- haya llegado a decir que la crisis es su estado natural. Además, no se ve por ningún lado cuál sería la alternativa. Seguro que "otro mundo es posible", pero hace falta saber cuál y si es viable. Además, añadirá James Petras en buen marxismo, para cambiar de sistema hace falta un grupo social (una clase social, dirá) que sea la portadora del cambio: lo que fue la burguesía en la versión convencional del paso del Antiguo Régimen a la Modernidad en Europa (no en el mundo, que ahí es más difícil hablar de post-modernidad). 
Habrá que darle la razón a Rafael Correa que, en su toma de posesión (trasmisión de mando) como presidente del Ecuador, dijo aquello de que no estamos en una época de cambios sino en un cambio de época. Pero, para ser exactos, estamos en un "ya no" (hay cosas que, efectivamente, han muerto, con independencia de que puedan resucitar) y, simultáneamente, en un "todavía no" (lo nuevo no se vislumbra). Seguro que habrá que construirlo, pero no sé cómo. De momento, hay quien, con buenos argumentos, se preocupa por el choque entre un mundo que se está haciendo multipolar o multicéntrico y este mundo "unipolar" en que sueñan los gobernantes actuales (neoconservadores) de los Estados Unidos. Qué pueda salir del choque es otro misterio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario