lunes, 8 de septiembre de 2008

Un solo mundo

Me debo de estar equivocando, porque empiezo a ver las cosas claras y me suenan a obviedades. Parece claro que los intereses que cuentan en el mundo son los de los Estados Unidos.  Es lo que los políticos estadounidenses han dicho desde seimpre y fue afirmado explícitamente antes de invadir Iraq (los tomo de un reciente Tomdispatch y añado los subrayados)
"Imagine what the region would look like without Saddam and with a regime that's aligned with U.S. interests. It would change everything in the region and beyond." (Donald Rumsfeld).
Y con más claridad, 
"An American-led overthrow of Saddam Hussein, and the replacement of the radical Baathist dictatorship with a new government more closely aligned with the United States, would put America more wholly in charge of the region than any power since the Ottomans, or maybe even the Romans" (David Frum, "speechwriter" de George W. Bush)
La defensa de los propios intereses proviene de algún tipo de destino manifiesto ("manifest destiny") guiado por Dios que hace que no tengan que rendir cuentas ante nadie por un lado y, por otro, nadie más pueda defender sus propios intereses y menos si no encajan con los intereses sagrados. Defender otros intereses y que no encajen con los de los Estados Unidos es desestabilizar el mundo. Defender los intereses de los Estados Unidos caiga quien caiga es lo "normal", incluso cuando papá Bush se negaba en la Cumbre de Río a firmar determinados protocolos medioambientales (de impacto mundial) con el argumento de que a él le votaban en Detroit (impacto local).
Estos intereses son, principalmente, de poder para mantener una posición de privilegio en la economía mundial. Como, evidentemente, no son Dios, esa posición tiene sus dificultades, pero se superan mediante las armas. No en vano es LA potencia militar mundial (la mitad de los presupuestos militares del mundo corresponde a los Estados Unidos).
Los demás países pueden buscar satisfacer sus intereses siempre que no entren en colisión con los estadounidenses. El ideal, para el que manda, es que los de abajo (es decir, todos los demás) se acoplen a los intereses del de arriba. Lo más que se espera de los de abajo es el papel de la rémora bajo el tiburón: recibir migajas sin molestar al de arriba (o fotografiearse con Dich Cheney como José María Aznar venía ayer en el ABC de España). Palo y zanahoria son los componentes de estas relaciones internacionales que, como tampoco aquí nos enfrentamos a algo divino, tiene muchas veces que entrar en componendas: no son omnipotentes por muy potentes que sean. Pero también los gobiernos de quien un día no se levantó ante la bandera estadounidense (Rodríguez Zapatero) tiene que entrar en componendas: se van de Iraq, pero no de Afganistán y, para lo demás, lo que diga el señorito.
No es cuestión de derecho internacional. En El País en papel que leo hoy hay un artículo de José Ignacio Torreblanca del que el periódico entresaca esta afirmación:
"Moscú ha cambiado el lenguaje del derecho internacional por un mero lenguaje de poder"

¿Es así? Pues sí. Nada de derecho internacional. Como en la ocupación de Iraq por parte de los Estados Unidos que viene saltándose el derecho internacional de forma sistemática y cambiándolo por un mero lenguaje de poder.
Como ha indicado Chomsky en más de una ocasión, esta relación de poder entre el de arriba y los de abajo se parece mucho a la relación mafiosa: lo que menos se tolera es que se sepa que ha habido desobediencia, de modo que ésta será castigada de forma visible como con Milosevic o Sadam Husein, al tiempo que se premian los comportamientos sumisos tipo Gadafi. A propósito de este último, Condoleeza Rice ha afirmado que los Estados Unidos "no tiene enemigos permanentes". Es lo mismo que se decía de la Inglaterra imperial: que no tenía amigos permanentes sino aliados coyunturales. 
La política responsable de un gobierno responsable ha de ser, por tanto, la de no pisar los callos de los intereses de los Estados Unidos y así será aceptado y respetado por eso que llaman "comunidad internacional", es decir, los Estados Unidos y quien le siga. España es responsable, Venezuela no tanto. Pero...
Es obvio que los que pisan tales callos están aumentando y es que lo que cuento es cosa del pasado y tal vez por eso lo comprendo mejor que lo que está pasando ante mis narices. 
Primero, lo dicho incluye la falta de visión que fue habitual y que consistía en hablar de países y no de gobiernos y, en el caso de éstos, no ver su relación con los propios grupos dominantes. No hay tal cosa que se pueda llamar "intereses nacionales": son intereses de algunos grupos sociales, raramente del conjunto de la sociedad, a no ser que el interés fuese el de la supervivencia colectiva en términos físicos, y aún ahí habría que discutir por aquello de "después de mí, el diluvio".  La extinta Unión Soviética no tenía intereses nacionales, ni siquiera los del "socialismo en un solo país": los intereses eran de los apparatchiks y de la nomenklatura.
Segundo, las élites mundiales están cambiando y comienza a haber grupos con mucha capacidad de maniobra que pueden mover a sus gobiernos en direcciones no previstas por los "intereses nacionales" estadounidenses. Pienso, por ejemplo, en la nueva élite rusa (en parte construida a partir de la élite del PCUS, como ha sucedido con muchos países del antiguo Pacto de Varsovia). 
Tercero, han aparecido nuevas fuentes de poder "nacional" que hacen que los "intereses nacionales" de los Estados Unidos tengan que plantearse de forma diferente a como se hacía en su etapa de máximo esplendor (años 40 y 50 del siglo pasado). Los países petroleros, sean o no países financieros (con fondos soberanos de inversión), pueden poner peros a la vieja  prepotencia estadounidense. Pero también los "países emergentes" (Brasil, Rusia, la India, la China).
Tendría que añadir (pues es canónico) algo sobre los Foros Sociales Mundiales. Desgraciadamente, y a pesar de los amigos que tengo que participan en ellos, no espero mucho en términos prácticos de lo que allí se cueza. El mundo está cambiando, pero no parece que sea porque desde los FSM se empuje en una dirección u otra. Bastante pelea interna tienen (y tendrían que reconocerlo y no matar al mensajero como hacen los otros políticos) como para producir un cambio relevante. No se puede hablar de la fragmentación, la confrontación y los narcisismos heridos o por herir porque eso reduciría la moral de los participantes. Sea, pero es lo mismo que Santiago Carrillo, entonces secretario general del PCE, decía sobre la posible caída del franquismo: que se debía afirmar (aunque todos los datos fuesen en contra) porque así se mantenía alta la moral de los militantes (que iban cayendo en manos de la policía política).
Un sólo mundo, sí. Pero no tan sencillito como las versiones catequéticas del imperialismo(o del "altermundialismo")  trasmiten. El caso es que ya ni siquiera el gobierno de los Estados Unidos puede intentar esa profecía que se autorrealiza.

No hay comentarios:

Publicar un comentario