lunes, 1 de septiembre de 2008

No es mi socialismo

Recibo un correo de un amigo boliviano, viejo militante de la izquierda, hoy totalmente alejado de la política de partido aunque político como todo ser humano. Su versión de lo que allí sucede no puede ser más desesperanzadora. Cierto que la "Media Luna" en generl y el prefecto Costas en particular han hecho y deshecho al margen de toda legalidad: sus referendums por la autonomía estaban al margen de la antigua Constitución y de la nueva. Pero el gobierno de Evo Morales no ha sido particularmente respetuoso con las leyes, aprobó la nueva constitución con una problemática mayoría (para algunos, en evidente fraude de ley) y convoca el referéndum para la nueva constitución al margen de la legalidad vigente. No soy un legalista, pero creo que ciertas formalidades de procedimiento deberían ser respetadas. Todas mis simpatías para el régimen de Morales, pero no es mi socialismo.
En el Ecuador, una asamblea constituyente aprueba a trancas y barrancas y con un acelerón final poco presentable una constitución que no gusta al presidente Rafael Correa. No tengo ni idea qué es lo que no le gusta, pero sí parece que da instrucciones para que se corrijan los fallos y contradicciones y se someta a referéndum un texto diferente al aprobado por la asamblea. No sé si sólo son "puntos y comas" o es algo más. Doctores (y bien pagados) tiene la iglesia. Pero si el texto que se presenta a referéndum no es el aprobado por la asamblea, todo el ejercicio carece de sentido. Se podría haber pedido directamente al presidente que redactase su constitución con los asesores que quisiese y la sometiese al referéndum por el procedimiento que gustase. Esta deriva autoritaria tampoco es mi socialismo.
No defiendo la porfía leguleya y las argucias legalistas. Cierto que las leyes se han hecho para los hombres (y por hombres muy concretos y con intereses muy concretos también) y no los hombres para las leyes. Pero un mínimo de respeto a las formas creo que es exigible. No por tener razón uno se puede saltar la ley. Precisamente, la democracia es un sistema en el que, como nadie sabe con certeza que tiene razón ni si sus intereses tienen que ser defendidos por otros, se recurre a la formalidad del voto no para saber quién tiene razón sino para tomar decisiones de una manera más cauta que la del caballo en cacharrería como Costas, Morales o Correa. Con todas sus diferencias y con todas las antipatías y simpatías que cada uno de ellos provoque en cada cual. Morales tiene todas mis simpatías, Correa algo menos, Costas ninguna. Pero las simpatías se dejan para cuando se trate de tomar chicha, no cuando se trate de construir el "socialismo del siglo XXI" cosa que, evidentemente, Costas no sólo no desea sino que quiere evitar... con la inestimable ayuda de Morales en el caso boliviano. Y que Correa evitará igualmente, me temo. Sin necesidad de costas ni de medirse en unas presidenciales con Alberto Acosta o Jefferson Pérez.

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