martes, 9 de septiembre de 2008

Fiebre política

Dice The Economist que hay que estar poco cuerdo para desear un puesto como el de presidente del Pakistán. Habrá que darle la razón. Los antecedentes muestran que el puesto es peligroso. Y la situación es tan complicada (fronteras problemáticas con Afganistán, ataques estadounidenses, conflicto con la India por Cachemira, divisiones políticas internas, crisis económica con inflación y de-crecimiento) que, efectivamente, hay que estar loco. 
O tener grandes ideales, como algún amigo que, por esos ideales, se metió en política y ha salido aplastado por los políticos de la política política para los que los ideales son palabras que sirven de banderín de enganche, pero que nada tienen que ver con ellos. 
O tener su propia agenda. Asif Zardari, visto su pasado no tanto como viudo de Bhutto sino como ex primer ministro acusado de múltiples fechorías, parece ser de este último tipo. 
El problema gordo para la paz mundial sigue estando entre la India y Pakistán, ambas potencias nucleares, con Pakistán necesario para que el ejército de los Estados Unidos limpie Afganistán de guerrilleros (tarea inútil, como se sabe desde siglos) y con la India apoyada por los Estados Unidos para que se re-nuclearice.  Esto último con graves reservas por parte de algunos expertos.
 Qué pintan los Estados Unidos en ese territorio es más difícil de explicar que lo de Rusia en Osetia y Abjasia. Porque si lo que quieren es promover la democracia, lo mejor que pueden hacer es bombardear Arabia Saudita. Y si quieren reducir el impacto del terrorismo islámico, también.

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