lunes, 15 de septiembre de 2008

En la que estamos

Se trata de una crisis de esas que sólo pasan una vez al siglo. Lo dice Alan Greenspan. O las autoridades financierasl están jugando a la ruleta rusa con el sistema financiero, que lo dice Krugman. O que más bien se trata de los prolegómenos a un tsunami financiero de consecuencias incalculables a partir de la caída de Lehman, de Merrill Lynch y la de AIG que necesita 40.000 millones para reflotar. Frente a estos diagnósticos lo de "la mayor remodelación de la industria financiera desde la Gran Depresión" parece poca cosa: más bien es un movimiento de placas tectónicas ¿El problema de fondo? Los "residuos tóxicos", efecto de la doble burbuja financiera e inmobiliaria, que ahora se comienza a saber dónde están. Esa es la parte positiva. La parte negativa es que están.
Eso sí, el director general de Lehman, Richard Fuld, se "ganó", en 2007, la bonita suma de 20 millones de dólares en bonificaciones. Digámoslo todo: en un año en que Lehman había visto crecer sus beneficios un 5 por ciento, hasta los 4.200 millones. Ahora, sus empleados no saben si recibirán sus sueldos atrasados y buscan trabajo después de la bancarrota.
Debo de ser muy ignorante, pero no comprendo cómo se pueden conseguir tales beneficios y pagar tales premios cuando la institución está al borde del abismo. O es que no lo estaba y ha sido después. O la "contabilidad creativa" hace milagros. O mejor no creerse nada de lo que he dicho.
Lo que sí parece claro es que ahora está en el abismo, que puede arrastrar a otros (y a nosotros, personalmente) y puede dar ideas para lo que es normal en este sistema dominado por el capital (por eso se llama capitalista): comprar barato para vender caro, para lo cual se pueden hacer maravillas especulativas para hundir el precio de algo, comprarlo y venderlo después. No invento: recuerdo. Y lo peor es que hay quien teme que haya especuladores afilando sus navajas contra otras empresas, con lo que lo del tsunami puede ser una metáfora benévola. Habrá más casos.
Con pérdidas de 500.000 millones de dólares como algunos calculan, este artículo del Christian Science Monitor apunta a las semejanzas con la crisis de 2001, un aperitivo para la presente. Enron, WorldCom, Global Crossing y todo aquello son ahora los excesos de avaricia (sic), sinvergonzonería, malas prácticas del sector financiero que se ha venido abajo. Tal vez su volumen fuese 50 veces más grande que el del sector de la economía real (bienes y servicios). Un ajustito de nada, sería de desear, pero no. 
Se acabó el neoliberalismo y tendrán que refundar el sistema financiero internacional. Hasta McCain dice que ha faltado regulación o que ha habido exceso de desregulación.
Es, en economía, lo que Wallerstein (Commentary nº 241) ha indicado para la geopolítica: fin del Acto I en el que se ven los actores y se percibe que ya no estamos ante una sola superpotencia sino que hay más gente que puede jugar sus cartas. Ahora viene el Acto II en el que se realiza la acción (cuál sea, eso se verá, pero creo que nadie sabe, excepto los que sólo ven su corto plazo y, con ello, aceleran el problema). El Acto III viene con el desenlace. El Gran Teatro del Mundo.

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