domingo, 14 de septiembre de 2008

El incendio de Bolivia

El editorial de El País de ayer, día 13, era bastante mejor que la crónica de anteayer, que era parcialista. Eso sí, tenía que decir: "no hay constancia de que el diplomático (expulsado embajador estadounidense) hiciese otra cosa que entrevistarse con los líderes de la oposición". Tal vez, pero lo que contaba aquí ayer sobre las peticiones, en los mismos Estados Unidos, de información sobre qué están haciendo y a quién están financiando y apoyando hacía pensar que ha habido más que una mera entrevista de cortesía. El vicecanciller boliviano, Hugo Fernández, en la fiesta de L'Humanité en Paris, afirmaba que sí que hay constancia. Su versión, que creo más creíble, contrastaba con la que trasmite el Departamento de Estado y los que apoyan a los secesionistas allí y en Osetia, pero no en Kosovo y el País Vasco por aquello de que son casos to-tal-men-te distintos. El de Kosovo sobre todo.
El  reportaje de hoy de El País también es interesante, si se prescinde del ambiguo titular: "El polvorín de Evo sacude Suramérica". Primero, porque Honduras no está en Suramérica. Segundo porque ese "de" no se sabe si es "causado por", "propiedad de" o "referido a". De todas maneras (aunque con la acostumbrada parcialidad) sí añade datos importantes: que el Brasil importa mucho gas y petróleo de Bolivia, que no hizo grandes aspavientos cuando el gobierno boliviano intervino Petrobras, la multinacional semi-pública o semi-privada brasileña, que Chile desea el gas boliviano y que queda el contencioso chileno-boliviano sobre la salida al mar por parte de Bolivia a través de territorios disputados (también interviene el Perú). 
Si Lula hace de mediador, las cosas podrían apaciguarse. Cierto que ha dicho que no aceptaría una partición de Bolivia pero cierto también que necesita el gas de los secesionistas (y no sólo "autonomistas"). 
Cuando en todas las partes se han cometido errores, lo peor que se puede hacer es subrayarlos e incidir en ellos. Los errores de Morales son reales. Pero también los empecinamientos (¿ayudados por los Estados Unidos?) de la Media Luna. Cortar con esas ingerencias extranjeras incluyendo las bravatas de Chávez, no vendría mal. La expulsión de Goldberg no es una mala idea, aunque es un paso del Rubicón que habrá que tomar con tiento.
Tal vez el gobierno central tenga que ceder algo más de acceso al IDH (el impuesto sobre hidrocarburos que el gobierno central quería quitar a los locales para trasformarlo en un sistema de ayuda social a los más vulnerables, los viejos) para los secesionistas, una constitución menos jacobina y más autonomista (con "café para todos" a la española, que es una forma de aguar las autonomías más duras disolviéndolas en el conjunto de autonomías), un planteamiento más local y menos nacional de la cuestión secular quechua-aymara... Hay posibilidades de cesión por todas las partes, pero tiene que haber alguien que, desde fuera, con credibilidad y con poder, les haga entrar en razón. 
El conflicto, así, no desaparece, pero desaparecen sus secuelas violentas y destructoras del bienestar y libertad de los ciudadanos, que son los que están poniendo los muertos y las dificultades cotidianas. No por ponerse de parte de alguno de los implicados se soluciona el problema. Pero es obvio que no todos quieren solucionar el problema sino que hay quien tiene a Bolivia como "el eslabón más débil" de esta cadena "anti-imperialista", es decir, que mantiene sus distancias ante los dictados de los Estados Unidos. Imagínese qué sucedería si Venezuela pudiese y quisiese exportar al Brasil lo que el Brasil importa de Bolivia. 

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