domingo, 28 de septiembre de 2008

Debate que algo queda

Gallup da las intenciones de voto justo antes del debate estadounidense. Eran estas:


Eso le permite al comentarista pensar que Obama tiene "momentum", impulso ascendente. Es posible. Me he equivocado ya tanto en esta campaña que ya no me atrevo casi ni a dar los nombres de los candidatos. De hecho, las encuestas del Pew Research Center no dejan ver tan claro dicho "momentum":



Pero sí me atrevo a dudar de la eficacia de los debates televisivos, ritual que, este año, McCain estuvo a punto de romper porque dijo que había que ir a Washington a trabajar contra la crisis a lo que Obama contestó que un presidente es alguien que puede hacer dos cosas a la vez. Por cierto, es fascinante la dificultad para la multitarea: hemos pasado de la "guerra contra el terror" como supertema al Armagedón, la lucha final, de las finanzas. Como si una no tuviese nada que ver con la otra y como si no fuesen dos problemas reales a resolver. 
Pero volviendo a los debates, la misma Gallup explica por qué hay motivos para dudar de la eficacia de los debates: datos en mano, se podría pensar que sirvieron para algo en 1960 y en 2000. En los demás casos, el impacto sobre la intención de voto y voto fue mínimo en términos de quién acabó ganando la presidencia. Lo presentan así:


 Entonces, ¿por qué se hacen? Conviene saber cuál es el objetivo para evaluar si el medio es apropiado o no. Si el objetivo es ganar votos, el medio no parece que sirva. Si es para saber "quién ha ganado en el combate", entonces sí: se trata de un espectáculo más y una sumisión de los políticos al "show business". Se plantea como un teatro (quién desempeñó mejor su papel) o como un deporte de competición (quién noqueó a quién). Y algún periódico latinoamericano que leí ayer ya titulaba con que no se habían referido en ningún momento a América Latina. Nadie es perfecto.
Como no me gusta ser espectador del deporte (tampoco es que lo haya practicado mucho), tampoco me gusta ser espectador de esos debates. Comprendo, eso sí, que entre ver "Bea la fea" o el enésimo "Gran Hermano" y un debate entre candidatos, esto último ocupe un lugar intermedio: no es exactamente un "reality show", pero sí es obvio que hay un guión al que deben someterse sin "morcillas" que valgan.
Tan marketineado está el asunto que, como si se tratase de un ejercicio para vender pañales, sabemos qué palabras definen a cada producto:



Tal vez en los sistemas electorales más o menos proporcionales como el español unos puntillos más o menos puedan tener su interés final. Pero en un sistema mayoritario, esos puntillos son irrelevantes. 
Pues ellos lo inventaron cuando no les servía para ganar y aquí se ha aplicado... a veces. Aunque no he visto datos buenos que muestren el efecto que tienen si es que tienen. Que siga el espectáculo.


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