lunes, 29 de septiembre de 2008

700.000 millones: el color de mi cristal

Las razones esgrimidas por los que han rechazado la propuesta de los 700.000 millones de dólares para que Paulson y, se supone, su sucesor puedan comprar "residuos tóxicos", malos préstamos, riesgos excesivos o impagados perpetuos han sido muy variadas. La cosa ya había comenzado cuando lo que llevó Paulson al Congreso eran 3 folios y lo que se sometió a votación eran más de 120 que no han sido capaces de mitigar las dudas de suficientes congresistas como para que hayan constituido una mayoría.
Por un lado, tenemos a los que se niegan a que su país caiga en el socialismo. Sic.
Por otro lado, tenemos a los que se niegan a que el capitalismo de la avaricia salga con la suya y diga a los cuatro vientos que se puede robar, que ya vendrá el Estado a arreglarlo. Sic.
Y, finalmente, tenemos a los que no quieren que haya un sistema "redistributivo hacia arriba" en el que los maestros de escuela y los taxistas paguen a los locos de Wall Street en esa especie de Estado del Bienestar para "los de arriba".
Los que la defendían, defendían la economía en riesgo de caída libre, pero tenían el problema, por un lado, de usar más dinero de los contribuyentes (con lo que los ciudadanos podían cabrearse) y, por otro, de aumentar el riesgo de que los pequños ahoradores, pensionistas y cotizantes a fondos de inversión y de pensiones se vean con una mano delante y una mano detrás (con lo que los ciudadanos podían cabrearse). O, en la misma línea, los que dicen que Wall Street puso una pistola en la sien de los políticos y les dijo: "dame el dinero o serás el culpable de lo que venga".
Tal vez convenga escuchar lo que dicen las voces minoritarias, como la de Kucinich.
Parece que, una vez más, ha triunfado la política sobre la realidad. Estamos en campaña electoral presidencial pero también para el congreso y el senado: y "toda política es local" y cada cual mira hacia su propia circunscripción. Pero también hay razones para sospechar de un gobierno que ha caído en corrupciones extraordinarias con la ocupación de Iraq, con la peste aviaria, con la legislación que afectaba a las emrpesas químicas o con las propuestas de exploración petrolera. Si ha sido tan corrupto con esas cosas (el coste de la guerra de Iraq podría superar el billón de dólares, que, claro, alguien tendrá que pagar), había quien podia pensar que también lo iban a ser corruptos con esto, y más en manos de Paulson, que venía de un banco no precisamente caracterizado por su "comercio justo". Entre guatemala y guatepeor.
Alfredo Jalife-Rahme lo volvía a decir  ayer en La Jornada y Paul Krugman lo comenta hoy en el New York Times: lo peor estaría por venir cuando el problema se traslade a los "hedge funds" que no tengo ni la más mínima idea de qué puedan ser: sólo sé que se trata como ir a apostar en una carrera de galgos, pero apostando muchos millones. Realmente, el problema será que el presidente no sepa qué hacer y parece que no saben qué hacer (como en España, by the way, incluso "dialogando" presidente y líder de la oposición y hurtando el debate al pueblo ignorante que somos todos los demás). Lo que, según Krugman, están diciendo ambos candidatos es pura nada (y si escuchara a los de aquí, ni te cuento). Los políticos atrapados en su propia lógica, incapaces de salir de ella y de afrontar los problemas reales. Dicen que eso ha estado detrás del auge de la extrema derecha en las elecciones de Austria y no me extraña: lo he visto hasta en una pintada en el cuarto de baño del hospital al que he ido hoy. Lo que decía el anónimo escribiente es que los políticos saben mucho de teatro, pero poco de resolver problemas. Exageraba, pero no tanto.
Lo del color de mi cristal es curioso: los hechos podrían ser los mismos, pero el modo de verlos tiene que ver con el cristal (ideológico) con que se miran. No me excluyo. 
Pero también tiene que ver con tener buena información o no. También me ha pasado hoy: he estado siguiendo un determinado asunto político, muy concreto, en un país distante y he visto artículos y noticias en periódicos del país y de otros países. Me hice una idea de lo que había pasado... hasta que uno de sus protagonistas me ha contado lo que realmente había sucedido y que poco tenía que ver con la idea que yo me había hecho. No voy a bajar a detalles, pero, para mí, ha sido motivo para dudar todavía más de lo que ya deformo por mi ideología: igual lo que estoy deformando es otra cosa. Y hasta es posible que algún congresista haya pensado algo parecido. Y, si no, porque son muy listos y tienen toda la información pensable, hasta es posible que algún estadounidense haya pensado algo parecido ante el "bailout" rechazado. 
Y el que venga detrás, que arree. Porque el asunto no se va a quedar en lo financiero y comienza a morder en la economía real. Por ejemplo en el aumento del desempleo (en los Estados Unidos, claro). Además, el caso no está cerrado. Así que seguiremos, gracias a él, arrimando el ascua a la propia sardina: unos diciendo que el neoliberalismo ha terminado, otros diciendo que hasta que no vean la alternativa sigue vigente el neoliberalismo y otros protestando de que una cosa así haya dado pie a que los contrarios al mercado digan "lo dijimos". De todo hay.

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