viernes, 1 de agosto de 2008

Opinión pública y oferta electoral

Vuelvo a las elecciones estadounidenses: es un país demasiado importante para mi vida local como para no seguirlo con algo de detenimiento. Hay un par de recolecciones de encuestas que muestran que el electorado estadounidense se está haciendo menos conservador (no me atrevería a decir más de izquierdas).
Una la proporciona el New York Times: se puede ver, tema tras tema, cómo las opiniones sobre asuntos tan dispares como la guerra de Iraq, la (homo)sexualidad, las células madre o el papel de la religión en la vida pública se están haciendo, Gallup dixit, menos conservadoras.
Otra recolección plantea temas más políticos (desigualdad, salud pública, papel del gobierno, pena de muerte). Se trata de Media Matters y recoge datos de diferentes encuestas... incluyendo la que dice que los estadounidenses se declaran mayoritariamente ¡conservadores! 32 por ciento conservadores, 26 por ciento moderados (que es una forma de conservadurismo, supongo) y 23 por ciento "liberals", es decir, "progresistas".



¿Quiere eso decir que si el 33 por ciento se declara "de centro", la oferta electoral tiene que ser "de centro"? Si la oferta electoral quisiese adaptarse a las preferencias del electorado, no sería cuestión de hacerla "conservadora" (o "de centro", como sucede con el Partido Socialista valenciano) sino de responder a las demandas de un electorado que tiene demandas bien poco conservadoras.
Voy a suponer que los partidos deben responder a las demandas de los ciudadanos y no a sus propios mitos y leyendas o, dejando el sarcasmo, no a su propia ideología, sea conservadora o revolucionaria. Y sin embargo, no sucede así y las campañas electorales son sobre este último gráfico, no sobre los anteriores (aquí no reproducidos, pero que pueden verse en los enlaces y hablan solos). Es decir, no responden a los ciudadanos sino a una determinada etiqueta sobre los ciudadanos. Para desesperación de los "progresistas" ("liberals"), los dos candidatos presidenciales están rivalizando para ver quién es más "centrista", es decir, conservador con independencia de lo que piense la gente. Eso sucede en un sistema en el que la clase política es profundamente conservadora (los hay más conservadores y menos conservadores, pero todos son conservadores). Igual pasa lo mismo en España. Pero en un lado como en el otro, son los medios los que acaban dando su versión del electorado que es la que acabarán aceptando los políticos (es la más cómoda). De hecho, hay algún artículo haciendo ver que los datos que demuestran cómo los estadounidenses se están haciendo menos conservadores son interpretados por los medios como prueba irrefutable de que se están haciendo ¡centristas!
De todas maneras, las llamadas "lenguas regionales" siempre han estado ahí y sin embargo sólo de vez en cuando los políticos agitan su bandera. Hasta en la Francia jacobina, no digamos en la España post-napoleónica.

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