miércoles, 20 de agosto de 2008

Nacionalizaciones

Convertir en propiedad gubernamental o estatal lo que era de propiedad privada es una operación que no tiene color. Los falangistas españoles de antes de la última guerra civil hablaban de la nacionalización de la banca y el franquismo triunfante se lanzó a una gran operación nacionalizadora que se llamó INI (Instituto Nacional de Industria) bajo el lema de "nacionalizar las pérdidas, privatizar los beneficios", que es la que suele darse. Quiero decir que para decir que la nacionalización es "de derechas" o "de izquierdas" hay que ver a quién beneficia objetivamente. Por supuesto que todas serán anunciadas como hechas en beneficio del pueblo en general, pero eso forma parte del teatro político que no tiene color ideológico.
En estos días ha habido (y está a punto de haber) algunas nacionalizaciones interesantes: Northern Rock en el Reino Unido, la filial del Banco de Santander o Cemex en Venezuela, Aerolíneas Argentinas en ese país, varias petroleras en varias partes del mundo (Ecuador entre ellos y hace ya dos años, es decir, antes del acceso de Correa a la presidencia) y se anuncia la posibilidad de un "rescate" (me encanta) de las grandes financieras con nombre de película de Fellini, a saber, Fannie y Freddie, los gigantes de la inversión inmobiliaria estadounidense. No hace falta darle muchas vueltas para distinguir lo que es un salvamento de una mala gestión que se lleva a cabo para rescatar lo rescatable y que los responsables se vayan de rositas y lo que es una incautación para que los beneficios vayan al Estado y éste haga con ellos lo que mejor crea. De hecho, como ya he mostrado en algún blog anterior, eso es lo que sucede con las principales empresas petroleras del mundo: que no son privadas (y las privadas corren el riesgo de que alguna de sus instalaciones sea nacionalizada para que el beneficio revierta en el Estado, en el país, en el pueblo, en los pobres, en la boliburguesía, en los neocorruptos o en las manos de los oligarcas del gobierno).
Lo que es curioso es esta ola nacionalizadora, bien diferente de la ola privatizadora de hace algunos años, cuando aquello del "menos Estado, más mercado". Ahora hay hasta quien dice que la regulación es de sentido común. En el auge del librecambismo de los años 90, lo que era de sentido común era que el mercado se autoregulaba. Ahora sabemos que esa supuesta autoregulación lleva a catástrofes como las que vive el sistema económico munidal. Y, como sucedía antes, hay quien hace surf en la nueva ola y aprovecha para regular en beneficio propio como antes hubo quien se aprovechó de la desregulación. Siempre hay ganadores y perdedores, por lo visto.

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