viernes, 22 de agosto de 2008

"Muslim fanatics"

La primera vez que oí eso de "fanáticos musulmanes" fue en la emisora The Voice of America a propósito de la bomba que explotó en 1993 en Oklahoma en unas instalaciones del FBI. Entiendo las razones que había para sospechar de los "muslim fanatics", pero al final fue Timothy McVeigh, nada musulmán y nada árabe, quien fue acusado y asesinado judicialmente en 2001 por los 168 muertos y en torno a los 800 heridos. También ha habido sus más y sus menos sobre este juicio y condena, pero ya nadie sostiene la teoría inicial de los "muslim fanatics" para el segundo atentado más mortífero (después del 11-S) en la historia de los Estados Unidos. De ser cierta la teoría oficial (hay, como era de esperar, teorías de la conspiración disponibles), lo que se atribuyó a aquellos "fanáticos" resultó perpetrado por otros fanáticos: miembros de las Militia, de extrema derecha, que habrían querido vengarse de lo sucedido en Waco y en los incidentes de Ruby Ridge.
Me he acordado de aquella facilidad para acusar a los "musulmanes fanáticos" al leer el reportaje que hoy publica The Guardian a partir de un documento del MI5 (espionaje británico) que pone en duda (con buenos datos) los habituales estereotipos sobre los que practican o pueden practicar el terrorismo en el Reino Unido, a saber:
• La mayoría son británicos y, en torno a la mitad, nacidos en Gran Bretaña
• De fanáticos, nada. Una parte muy importante de los involucrados en tales actividades no son practicantes habituales, muchos carecen de cultura religiosa y a muchos se les podría llamar "novicios". Son muy pocos los que han sido educados en familias fuertemente religiosas, hay una gran proporción de conversos recientes (ay, los conversos) y muchos tienen un comportamiento muy alejado de los niveles requeridos por su religión (habituales de las drogas, en particular del alcohol).
• No hay ninguna prueba que permita concluir que incluyan personas con enfermedades mentales o personalidad patológicas por encima de la media británica.
• No hay modo de sospechar de alguien basándose en el color de su piel, su origen cultural o su nacionalidad.
• Es falsa la idea de que son frustrados sexuales que buscan disfrutar de las vírgenes del paraíso gracias al martirio.
Nada que ver, pues, con los fanáticos musulmanes de los que habla el estereotipo difundido. El problema, concluye el MI5, es de integración social o, por el otro lado, de exclusión social. La religión cuenta, pero poco. Si fuese tan importante, habría más terroristas. Haberlos, háylos. Pero no tantos.

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