jueves, 21 de agosto de 2008

Mundo cruel

Uno de los muchos problemas que no tengo resueltos es el siguiente: por qué, si el mundo está compuesto básicamente por buena gente, el mundo funciona tan mal.
Una primera respuesta sería porque los que están arriba no son buena gente. La buena gente es la gente solidaria, generosa, que tiene principios pero que no es fanática en el seguimiento de los mismos, simpática, que busca el bien de los demás y no sólo el propio, sin egoísmos, sin narcisismos. Es decir, lo contrario de lo que llamamos "clase política". Los que están arriba no son buena gente por dos posibles razones: porque sólo la mala gente se mete en política o porque una vez metido en harina, te manchas las manos. Creo que la primer opción no es correcta: conozco a algunos que están arriba y sé que son buena gente. No porque sean amigos míos, pero son buena gente y lo han demostrado. Algunos han acabado dejando el puesto porque sus principios no les permitían seguir arriba. Otros siguen, haciendo componendas con sus principios como hacemos todos incluídos los inquisidores que se pretenden rectos y de principios inamovibles. Es posible que la política genere dinámicas sociales en las que la buena gente, si quiere seguir en la política, tiene que dejar de serlo. Primero, hacia dentro, donde están sus mayores enemigos. Segundo, hacia el país, donde hay lobos por todas partes. Y tercero, hacia el mundo, donde domina esa idea "realista" de que el mundo es un caos en el que cada país busca satisfacer sus intereses cueste lo que cueste y pase lo que pase.
Otra respuesta es lo que llaman "efectos de composición": mucha gente buscando un bien pueden producir el mal. Me explico: los listillos, en el tráfico, son una peste ya que buscan llegar antes que nadie caiga quien caiga; pero si todos fuésemos listillos, el tráfico se colapsaría. Uno puede buscar un objetivo y hasta lograrlo, pero cuando se mezcla con varios que buscan ese u otros objetivos, la cosa ya no está tan clara. Cultivar una determinada leguminosa de la que hay demanda en ese momento y da beneficios puede llevar a mucha gente a cultivarla con lo que la oferta se multiplica y el beneficio desaparece. Mucha buena gente puede dar, como efecto de composición de sus intenciones, resultados exactamente contrarios a lo que se pretendía.
No sé si es un destino del que no podemos escapar. Pero conozco suficiente buena gente como para asombrarme del desfase entre lo que estos hacen y lo que veo hacer a la "clase política". Estos días se cumple el aniversario de la inundación que sufrí en mi casa, aquí en Malcocinado, Badajoz, inundación por la que recibí inmediata ayuda de una docena de vecinos que se ofrecieron, sin que les hubiese llamado ni pedido nada, a ayudarme a achicar el agua cuando ya pasaban las 2 de la madrugada. El asunto me dejó anonadado: generosidad, entrega, laboriosidad, solidaridad, altruismo... Cuando se lo agradecía, contestaban "nada, somos vecinos". Eso era todo.
¿Por qué esa gente no gobierna y, en cambio, es gobernada por los que gobiernan desde lo local a lo mundial? Misterio.

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