sábado, 16 de agosto de 2008

Mirando a otros lados desde Osetia

Supongamos que una región de un Estado decidiese, unilateralmente, separarse de esa entidad política a la que ha estado unida. ¿Qué pasaría? Pues depende.
Si es Kosovo, no pasa nada. Todo el mundo (menos España y Rusia y por razones diferentes pero parecidas) lo aceptaría: se llama derecho de autodeterminación y está reconocido por Naciones Unidas cosa que, en teoría, tendría que estar por encima de la legislación de ese Estado. En la práctica supongo que no y por eso se tuvo cuidado, en la supuesta "constitución" de la Unión Europea, de evitar ese reconocimiento (porque las leyes de la Unión sí que están por encima de los derechos locales, me parece).
Si es Osetia del Sur, donde mucha gente tiene pasaporte ruso y tiene una "cultura" diferente al Estado de Georgia en el que la Historia les ha dejado, la cosa es algo más complicada: se está de hecho fuera de Georgia, pero formal y legalmente se está dentro de Georgia. En este caso, el gobierno de Georgia, más o menos bendecido por el de los Estados Unidos, se dispone a arreglar esa anomalía e interviene militarmente para poner las cosas en su sitio. Por lo visto, lo viene intentando (militarmente también) periódicamente. Aquí la cosa se complica como ya he contado en otro post y Rusia da un puñetazo encima de la mesa por un cúmulo de razones (a no olvidar los misiles estadounidenses en Polonia) y corre en defensa de la libertad (nada menos), a lo cual Estados Unidos responde diciendo que lo de defender la libertad lo tiene en monopolio su gobierno y que eso que está haciendo Rusia está muy feo, aunque lo que esté haciendo el gobierno Bush en Iraq o Afganistán no esté tan mal porque se hace en defensa de la libertad y defendiendo los legítimos derecho a la autodefensa y a la venganza exclusivos para los estadounidenses y para quienes éstos den patente de corso (Colombia en el Ecuador, Israel un poco en todas direcciones). El gobierno de los Estados Unidos tiene derecho a defender sus intereses en todo el mundo, Rusia, en cambio, no tiene derecho a defender sus intereses en su "exterior cercano", es decir, en sus fronteras.
Supongamos ahora que es Santa Cruz de la Sierra la que decide separarse de Bolivia con el apoyo tácito (y menos que tácito) del gobierno de los Estados Unidos (aquí Rusia todavía no pinta nada, pero sí Brasil) y que el gobierno de La Paz decide solventar el asunto militarmente, enviando el ejército a restablecer la ley y la constitución ya que el supuesto "estatuto de autonomía" ha sido aprobado al margen de la Constitución vigente y al margen de la Constitución por aprobar en referéndum. En situaciones en las que intervienen muchos actores tanto internos como externos, seguro que aparecen fuerzas de choque locales que se opongan a los "invasores" centralistas, jacobinos y "fundamentalistas indigenistas" como los llamó un editorialista de el periódico madrileño El País, mientras que estos se percibirán a sí mismos como representantes de la legalidad vigente, autoridades legítimas y legitimadas (aunque también lo hayan sido en los recientes referendos revocatorios las de Santa Cruz) y responsables del orden. El derecho a la autodeterminación que tan fácilmente ven algunos en España quedaría supeditado a la Constitución según el gobierno y estaría por encima de la Constitución según los secesionistas. Violencia, entonces, como en el caso de Osetia, aunque no en el de Kosovo, que ya tuvo su dosis en su momento.
Ahora supongamos que el gobierno del País Vasco (que no "el País Vasco", igual que, anteriormente, habría tenido que decir "los gobernantes de" o "los autoproclamados representantes de" y no suponer que todo Kosovo, toda Osetia o todo Santa Cruz piensan lo mismo -esto último es fácil de demostrar: basta ver el mapa electoral del Departamento en el revocatorio: las zonas de inmigración votaron contra Costas y a favor de Morales-), que el gobierno del País Vasco, digo, decide separarse de España acogiéndose al derecho de autodeterminación, púdica y tal vez hipócritamente llamado "derecho a decidir". Los jacobinos y fundamentalistas españolistas dirán que la Constitución no lo permite y que los que tienen que decidir son los "soberanos" que, en este caso, es el pueblo español, no el pueblo vasco. Pero supongamos que la cosa sigue y que, al final, el gobierno central tiene que clausurar el gobierno autónomo (no recuerdo ahora la palabra técnica de lo que se ha pedido ya desde diversos periódicos) y, encima, enviar al ejército español para recomponer el orden y defender la legalidad vigente. No es difícil pensar que habría algún enfrentamiento entre el ejército y las fuerzas regulares vascas (Ertzaintza) y las irregulares clandestinas (ETA). La intervención exterior podría venir de Francia (cuyo gobierno puede estar interesado en que la violencia no se extienda en el lado propio de los Pirineos) y nada más. ¿La OTAN? Creo que no está en la Carta. ¿Los Estados Unidos? Tampoco parece que les importe un pimiento a no ser que puedan utilizar esa baza como premio o castigo (palo o zanahoria) al gobierno de turno, que podría ser del PP ya en las próximas elecciones. Sería un conflicto básicamente local y de escasa trascendencia. No tiene nada que ver con culpabilidades europeas y geopolíticas estadounidenses como Kosovo, ni con petróleo y gas (para Europa y controlado por Rusia o por los Estados Unidos) como en Osetia ni con, de nuevo, petróleo y gas (para Argentina y Brasil pero saliendo al mar por Chile, controlado por el gobierno central para una estrategia bolivariana -Chávez, Chávez- o por el gobierno local controlado por los Estados Unidos).
Entiéndase, entonces, una razón más que tengo para seguir lo de Bolivia: es que sé que, llegado el momento, se hará y dirá y aplicará lo que quieran los poderosos, aunque, a veces, los no poderosos puedan salir con la suya. Eso sí: ninguno de estos cuatro casos es idéntico a cualquiera de los otros tres. Pero no se me negarán algunas analogías por lo menos.

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