lunes, 18 de agosto de 2008

Mas versiones sobre Osetia

Como en el asunto andan implicados los dos máximos expertos mundiales en contar mentiras de forma que no sólo parezcan verdades sino que hagan pensar que quien piense lo contrario es un malvado, traidor, estúpido y, lo que es peor, engañado y desinformado, lo de Osetia lo he recibido, desde el principio, con mucha cautela, pues podía suponer que ambos, es decir, el aparato de los Estados Unidos y el aparato de Rusia, iban a intentar hacer su trabajo como saben hacerlo. Ya he recogido otras versiones en posts anteriores. Vayan algunas más, a las que añado paralelismos para ver si yo lo he entendido y detalles que no necesariamente están en la versión (por eso y por prurito anti-plagio, doy el enlace).
La primera es de Paul Craig Roberts. Viene acompañada de dato y más dato sobre los engaños producidos por los Estados Unidos que iban acompañados por daños de los que no tenemos buena información (muertos, desplazados, heridos en los países que ha invadido, bajo legalidad dudosa por lo menos en Iraq) y otros que sabemos pero desconocemos los detalles (Guantánamo, "rendiciones", tortura, operaciones encubiertas). La versión que da de lo de Osetia es que el gobierno de Georgia (probablemente bendecido por el de los Estados Unidos), comenzó a atacar con bombas y misiles territorio de Osetia del Sur, formalmente georgiano aunque de hecho "autónomo". Una operación de limpieza para quitarse de en medio físicamente a los separatistas. Como Rusia tiene intereses en la zona (gaseoductos, oleoductos que no le acaban de gustar) y relaciones positivas con estos osetios aunque no con el gobierno georgiano nacido de una revolución anti-rusa y pro-estadounidense (aplicar lo de el enemigo de mi enemigo es mi amigo), se hartó de esos hostigamientos y se metió a poner orden en sus fronteras para lo cual se internó en territorio georgiano defendido por los geográficamente lejanos Estados Unidos, lejanía que política y económicamente es cero. Otra buena narración de los hechos y una descripción de lo que está en el tapete aparece en Le Monde diplomatique.
También en la misma dirección, lo que cuenta Gorbachov en el Washington Post. Saakashvili habría esperado mayor apoyo todavía de "Occidente" y menor reacción por parte de Rusia al intentar suprimir la autonomía de Osetia. Al fin y al cabo, Rusia estaba intentando, en el Consejo de Seguridad, arreglar las cosas pacíficamente (no digo que jugase limpio; igual era para despistar). Pero también hay quien dice que el ataque georgiano a Tskhinvali ha sido exagerado, intencionadamente, por los rusos. Mi artículo favorito ha salido hoy en el Christian Science Monitor, firmado por Fred Weir y es un buen ejemplo también de lo que se podría llamar "periodismo para la paz". Lo he leído después de soportar columnas y cartas al director en un periódico español, todos histéricos, todos tomando posición por uno u otro y echando toda la culpa al contrario, pero sin que quede muy claro que hay más de dos en este tango. Lo de Weir es una mirada sosegada y tranquila a las razones de cada una de las partes que, por supuesto, no son dos: qué dice el gobierno georgiano, cuáles son las razones esgrimidas por los rusos, qué versión tienen los separatistas. No hacía falta terminar el artículo preguntándose por las credenciales democráticas de Saakashvili y sí hubiera venido bien hacerlo preguntándose por el papel y razones del gobierno de los Estados Unidos. Pero nadie es perfecto.
Ahora vamos a fantasear: vamos a suponer que el gobierno de Madrid decide cancelar la autonomía del País Vasco y, ante las algaradas y desórdenes que se suceden y los hostigamientos de los paramilitares, decide enviar al ejército para poner orden. Formalmente, está enviando su ejército a territorio propio. No se trata de un ataque a tierra extranjera como el del gobierno colombiano al territorio ecuatoriano de hace poco.
Habría, entonces, dos juicios difíciles de conciliar: por un lado, los que, defendiendo la legalidad vigente, encontrarían que la decisión era impecable, aunque tal vez, dirían, debería haberse producido antes o se debería haber usado más contingentes y más armamento. Discusión del tiempo y de los medios, pero no del hecho en sí, legal a todas luces, previsto por la constitución (lo de cancelar la autonomía) y aceptable por la misma si no se obedecen las órdenes legales emanadas del gobierno central. La discusión vendría, además, de los que pondrían en duda la oportunidad de tal medida y de los otros, los contrarios frontamente de la medida y su apoyo militar.
El otro juicio, efectivamente, vendría de los que creen en el derecho inalienable de los pueblos a su autodeterminación y, por tanto, en el derecho a decidir por parte de los vascos ("los que viven y trabajan en el País Vasco", no los que viven y trabajan en otro lugar -como quieren los que se consideran exiliados- ni sólo los que ya creen en la autodeterminación -como han llegado a decir algunos independentistas vascos-). Si ese derecho está por encima de la Constitución -diga lo que diga ésta, obra humana y, por tanto, política y, en consecuencia, mudable-, lo que se haga contra él basados en dicha Constitución no es legítimo aunque para los constitucionalistas sea legal.
Vamos a suponer que en el País Vasco se implanta una independencia de facto, con pasaportes no-españoles (en Osetia, rusos) y con instituciones al margen de las del gobierno central en Madrid (georgiano, en el otro caso). Y que eso se prolonga de manera intolerable para los nacionalistas españoles y para los que pueden tener intereses económicos en la zona (e intereses electorales a través de la manipulación del asunto). Y que el gobierno central decide poner fin a tal situación.
Bueno, lo primero que tendrá que hacer es tentarse la ropa: ver si puede hacerlo. Si he de hacer caso a lo que me comentaron hace años en la Academia General del Ejército de Zaragoza, comiendo con sus mandos y, por supuesto, en el más distentido de los planes, el proyecto -entonces, no sé ahora- no es viable. Pero supongamos que sí que lo fuese. Pues entonces lo que haría el gobierno es ver con qué apoyos cuenta: primero, del vecino del Norte, en este caso, Francia, con fronteras al País Vasco y con Iparralde (una especie de Osetia del Norte: iparretarrak sinifica "los del norte"). Después, del que se gasta la mitad de todo el presupuesto militar del mundo, es decir, el de la "globalización imperial" como la llama Mark Engler. El gobierno tendría que ver si le dan luz verde o le dicen que mejor no se mueva (algo así debió de hacer Uribe en Colombia, pero no estoy tan seguro de que Israel, antes de atacar a un vecino, pregunte a los Estados Unidos -no sé por qué, pero me parece que es al revés-).
Pero una vez puesto en marcha el proceso (como en "el aprendiz de brujo"), ya no es tan fácil detenerlo. Primero, porque algunos de los que han dado luz verde han podido mentir para conseguir objetivos que nada tienen que ver con el gobierno que ha decidido el ataque. Segundo, porque algunos que se suponía que no se iban a meter en el asunto, de repente se meten y, por seguir especulando y fantaseando, aprovechan el despliegue del ejército español en el Norte de la Península para anexionarse Ceuta y Melilla. Al fin y al cabo, Marruecos es el único país extranjero con el que el gobierno español podría tener un enfrentamiento armado. Y tercero, porque aprovechando el despiole, Cataluña (Abjasia en el caso caucásico) se declara independiente. Estas cosas se sabe cómo comienzan, pero no cómo acaban. Piénsese, si no, en la ocupación de Iraq, que iba a ser un "paseo campestre" con la gente saliendo a las calles a recibir con entusiasmo a los liberadores. Y piénsese en los que creen que Rusia ha ganado y Georgia ha perdido (¿perdería el gobierno español?) o en la oposición georgiana que se aprovecha, de manera oportunista, para saltar a la yugular de Saakashvili (¿como las españolas, sean las que sean?), cuando los que han perdido son las familias de los muertos de todos los lados (menos estadounidenses en este caso) que pueden tener razones muy de peso para dudar de la bondad de la aventura y empresa, por muy héroes que se les declare a algunos. En realidad, todos hemos perdido algo. Ninguna vida vale menos que una bandera, o que una pertenencia a la OTAN, o que el poder sobre un terrenito lleno de personas. Pero antes teníamos algunos amarres legales y ahora no los tenemos.
El paralelismo se rompe en muchos puntos y si alguna vez se produce esta pesadilla, espero que no vaya acompañado por "limpiezas" locales (osetios muertos en Georgia, georgianos asesinados en Osetia: caza al "maketo" en Euzkadi y caza el vasco en España). Pero insisto en que "conocer es comparar". No hay nada absolutamente incomparable: basta encontrar la variable a comparar. ¿Se puede comparar un huevo y una castaña? Claro que sí: en el peso. Algo se aprende.
Por ejemplo, se aprende a removerse en el propio asiento cuando se oye decir a George W. Bush que lo que ha hecho Rusia es inaceptable en el siglo XXI. Tiene toda la razón. Pero no vendría mal recordar el dicho evangélico aplicado a Bush: "médico, cúrate a ti mismo".
Y también se aprende cuando se lee (y nada menos que en el Jerusalem Post) que haber iniciado una guerra de conquista como ésta (la de Osetia) no ha sido un error de cálculo por parte del gobierno georgiano, sino un crimen. Insisto: Jerusalem Post, para el que ha trabajado más de un neoconservador estadounidense, no Ha'haretz -La Tierra-, que es el "progre" dentro de un orden.. No hace falta que compare.

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