domingo, 31 de agosto de 2008

La pobreza de los ricos

Ayer me referí a la pobreza que "mide" el Banco Mundial en los países llamados "en desarrollo", es decir, en los pobres. Para nuestra desgracia comparativa, no hay datos semejantes para los países ricos, que tienen su propia manera de "medir" el problema, con el agravante de que, ahí sí, se puede convertir en un instrumento de lucha política si el nivel es muy alto o si, en cualquier caso, aumenta. Pero para desánimo del observador, los métodos utilizados para esa medición no son menos problemáticos que el mítico dólar por persona y día (ahora 1,25) a paridad de poder adquisitivo.
La Unión Europea y, por tanto, también España, utilizan un muy curioso instrumento para "medir" la pobreza: son declarados pobres aquellos que no alcanzan la mitad (o el 60 por ciento) de los ingresos medios (o el consumo medio), pudiéndose referirse a la media o a la mediana. Un resultado sería el siguiente:



Los países están ordenados según la "pobreza" que afecte a los niños (cálculo bastante peculiar, todo hay que decirlo), pero la primera columna es la que aquí cuenta: porcentaje de hogares con una renta inferior al 60 por ciento de la mediana nacional respectiva. Los socialdemócratas de toda la vida están al final de la lista y los desiguales de toda la vida están al principio. El caso español, que ya cité en el anterior blog, sería el siguiente:



Es decir, un aumento de la pobreza bajo el gobierno socialista (y hay razones para suponer que en 2007 también habrá aumentado y seguro que lo hace en 2008). Los datos que daba el Insitituto Nacional de Estadística en su Encuesta de condiciones de vida 2006 eran estos:


Como se ve, más mujeres que varones y más ancianos y jóvenes que maduros de 25 a 49 años. La probabilidad de ser pobre, según esta medida, para mujeres de más de 65 años es la mayor.
Como es fácil de explicar, estas medidas no son de pobreza sino de desigualdad. Supongamos un grupo de personas a las que preguntamos por sus ingresos, hallamos la media y encontramos cuántos y quiénes se encuentran por debajo de la mitad de la media; regalemos un millón de euros a cada de ellos y volvamos a hacer la encuesta, calculemos la media y veamos cuántos y quiénes se encuentran por debajo de la mitad de la media: los mismos. Pero, bueno, es una medida fácil y cómoda. Pero es una medida de desigualdad, no de pobreza o, por lo menos, hay que decir que es medida de pobreza definida de una determinada manera que la identifica con desigualdad.
Siendo así, se entenderá por qué pienso que la pobreza-desigualdad va a aumentar en España: basta pensar en las políticas fiscales que se están aplicando y se van a aplicar (impuesto de sucesiones, reducción de tramos, rebajas fiscales "arriba", mayor peso de los impuestos indirectos y su combinación).
Los Estados Unidos, en esta cuenta que acabo de presentar, están los primeros. Sin embargo, son los que, en mi opinión, producen los mejores datos y mejor calculados sobre la pobreza de sus ciudadanos.
Su procedimiento es el siguiente: se calcula cuánto costaría una canasta de bienes básicos cosa que se recalcula periódicamente y que incluye hasta el precio de los billetes de autobús; la cifra resultante es la línea (umbral, dintel) de pobreza; con ese cálculo, se ve cuánta gente no llega a los ingresos necesarios para conseguir esa canasta básica, distinguiendo las familias según su tamaño. El resultado es oficial a través de la Oficina del Censo (lo que en España sería el Instituto Nacional de Estadística):



Después de las caídas de los años 60, una cierta estabilidad en el porcentaje y una ligera tendencia al aumento en la cifra absoluta, con claro aumento bajo el segundo Bush.
Que sea la mejor no quiere decir que sea perfecta. Primero, porque comparte con todas las anteriores la manía de monetarizar la pobreza, es decir, reducirla a ingresos o gastos monetarios. De nuevo, cuestión de comodidad para un tema al que tampoco se le dedican particulares esfuerzos (contrasta con el esfuerzo, tesón y pulcritud con que se obtienen otros datos económicos -las propuestas de Julio Boltvinik en México, mucho más apropiadas, no son seguidas porque exigirían mayor esfuerzo por parte de los poderes públicos-). Lo discutible del instrumento se ve pensando qué sucedería con alguien que, en el contexto rural, se dedicara al autoabastecimiento y, a lo más, al trueque no monetarizado: que podría tener todas sus necesidades básicas más que satisfechas y, sin embargo, daría pobre, pobre, pobre.
Y, segundo, por el cálculo mismo que hace pensar que se establecen los parámetros para minimizar el problema. Véase, si no, la diferencia entre las líneas de pobreza oficial y los cálculos de otras instituciones académicas o investigadoras.



No deja de ser sintomático que la medida oficial sea, precisamente, la que da porcentajes más bajos de "pobres" en los Estados Unidos, pero también es curioso que las medidas no den líneas parecidas. Cierto que, en varias, el 2000 es un año de inflexión. Pero en otras es el 2001 y las hay con altibajos o prácticamente ascendentes desde 1999. También aquí hay pobreza a la carta ya que no por ser oficial tiene necesariamente que ser mejor medida. Son, en efecto, conocidos los casos en los que para reducir la pobreza se cambia su definición, igual que se hace con el desempleo y otros fenómenos considerados "sensibles" por los gobiernos que producen las estadísticas (palabra que viene de "Estado"). Pero la pobreza allí existe y, aunque no se sepa medir o no se quiera hacerlo, es un escándalo a decir de algunos estadounidenses que esperaban que Edwards hablase de ese asunto en Denver. No lo hizo por una aventura que tuvo y que se ha convertido en un escándalo cuando el escándalo es la pobreza y de eso se hable tan poco (Bill Clinton sí habló del asunto y Paul Krugman le alaba por lo bien que lo hizo).
En todo caso, son mejores medidas, las estadounidenses y las europeas, bastante mejores que las proporcionadas por el Banco Mundial para los pobres. ¿Hay alternativas? Sin duda, pero no necesariamente mejores. De eso, mañana.

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