lunes, 25 de agosto de 2008

El Gran Hermano (no) te mira

El de Orwell, en Mil novecientos ochenta y cuatro, vigilaba contínuamente gracias a la eclosión de la informática. El de los Estados Unidos es un poco más selectivo. Arreglar la base de datos de terroristas (con independencia de que su contenido sea correcto) va a costar al contribuyente estadounidense los 500.000.000 dólares que el Congreso acaba de aprobar para que la dichosa lista sirva de algo. Por no servir, no sirve ¡para hacer búsquedas! Un editorial del New York Times mostraba una cierta irritación contenida ante tanta chapucería y más en un tema en el que, a decir de la propaganda oficial, siguen estando bajo alarma por posibles ataques.
No hay por qué extrañarse. Arreglar los fallos de los sistemas de votación por ordenador debió de costar más de 1.000.000.000 de dólares ¡y no ha servido de mucho, por lo que dicen!
Entiendo que la base de datos no funcione: en realidad, no les preocupa tanto como dicen la posibilidad de nuevos ataques. Incluso les vendrían bien a los que mandan o quieren seguir mandando. Y también entiendo que Diebold, la empresa con fuertes conexiones con el Partido Republicano, no consiga arreglar sus fallos y siga habiendo el temor de un nuevo pucherazo electrónico. Así es el Gran Hermano.
La otra noche, tomando cervezas en la feria del pueblo con dos concejales de su ayuntamiento (y, a pesar de ello, amigos), salió el tema de "cómo nos vigilan". Échelon para los correos electrónicos, satélites para movimientos de personas y cosas y todo eso que cuentan. Les dije lo que pienso: si van a por alguien, pueden controlarle todo lo que quieran una vez individuado y localizado. Pero lo que no hay fuerza humana ni informática que pueda manejar es la casi infinita cantidad de información que los sistemas de espionaje producen a la hora. Pongamos los correos electrónicos: es evidentísimo que no hay dios ni Gran Hermano que pueda seguir todo lo que se dice a la hora en la red, ni siquiera poniendo palabras clave (islam, Osama, bin Laden, bomba, ataque, enemigo o lo que sea). Si estas fueran las palabras, los rastreadores las habrán encontrado en cuanto las cuelgue y se unirán a los miles que se han producido en el mismo tiempo. ¿Quién va a poder discriminar entre tanta faramalla, llena de ruido y furia que no significa nada? Ahora bien, si sospechan que yo soy un terrorista o que tengo connivencias con terroristas, sí que pueden localizar mis correos, posts, llamadas telefónicas del fijo (no tengo móvil y, por tanto, voy sin bluetooth) y hasta pueden seguirme en mis diarios desplazamientos al pueblo de al lado para comprar los periódicos (en mi pueblo no hay kiosko -ni peluquería, por cierto-; es lo único que falta). Pero, siempre en esa hipótesis de mi carácter delictivo y peligroso, va a ser muy difícil que me distingan del bendito de mi vencino o de los que usan e-mail cuatro casas más abajo, usando el wifi del ayuntamiento.
Está bien que seamos un tanto paranoides. Lo han procurado contándonos que "el Gran Hermano te mira". Pero, el pobre, no da para tanto.

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