martes, 12 de agosto de 2008

Divisiones en Bolivia

La Agencia France Press (en inglés) cuenta hoy su versión sobre lo que está sucediendo en Bolivia. Levanta acta del triunfo de Morales, pero también de los prefectos que están en la más ferviente oposición al mismo. La división del país, dice, es "étnica, económica e histórica". Digamos que los políticos utilizan una mezcla de estas divisiones, no siendo ninguna de las dos primeras determinante en última instancia. Lo digo porque el culturalismo asignará a lo étnico un papel fundamental mientras que el marxismo lo hará con lo económico. No hace falta decir que Max Weber y Karl Marx se horrorizarían de tamaña desmesura perpetrada contra las perspectivas que ellos desarrollaron y que nunca quisieron ser excluyentes (por lo menos en Weber, que es posterior a Marx). Lo que sucede es que esa mezcla es de ingredientes que, cada uno de ellos, tiene su propia lógica.
Comencemos por la menos importante a priori: la división histórica. Estas divisiones se refieren no a lo que los historiadores profesionales establecen (o, mejor, discuten para ir desechando errores), sino a la historia en la que cree la gente. Un ejemplo: una amiga argentina, no muy versada en estas lides, me preguntó asombrada si el general San Martín había luchado CON los españoles contra los franceses (se refería a lo que los españoles llaman Guerra de la Independencia, iniciada hace doscientos años y unos meses). No podía entender que si el general había sido el Libertador contra los españoles, ahora resultara que había luchado con éstos contra otros. Si estaba contra los españoles, tenía que hacerlo siempre, ya que era cuestión de principios. Otro ejemplo: los bolivarianos, y más si son "socialistas del siglo XXI", tienen ciertas dificultades con el desprecio que Marx tenía hacia Simón Bolívar. La historia que escribía Marx en 1858 no se parece mucho a la historia popular del Libertador. Quiero con esto decir que las raíces históricas son siempre "maquillables" en función de los intereses políticos y raramente aparecen como "causas" si no han sido convenientemente manipuladas. La "historia" de los pueblos indígenas americanos es suficientemente heterogénea y con sus luces y sombras (por ejemplo, de colaboración con el conquistador en algunos casos o de colaboración con los criollos independentistas en otros o de capataces en las haciendas contra sus "hermanos de raza") como para tomarla como "causa" de algo. Y mucho más ambigua es la "historia" de regiones o actuales departamentos o provincias que consiste en extrapolar hacia atrás la actual división administrativa y encontrar lo que conviene al manipulador de la historia. Con Santa Cruz de la Sierra en Bolivia (he pasado por ella, pero en Badajoz, hace unos días) sucede lo mismo que con Guayaquil en el Ecuador. Para un roto y para un descosido.
Vayamos a la división "étnica". No tenemos buenas palabras para designar a los grupos definidos por criterios culturales: lengua, costumbres, religión, incluso "raza" (como es sabido, la "raza" no existe, pero el racismo sí: la pretensión de clasificar a los seres humanos en superiores e inferiores según sea su apariencia física). Como la historia de la convivencia de religiones y lenguas es larga, lo que hay que explicar es la anomalía de que sean criterio de enfrentamiento. Normalmente lo son cuando se convierten, como la "raza", en criterio de clasificación en superiores e inferiores. Que en Bolivia (en los Andes, en general) los pueblos originarios han sido declarados inferiores, no es una novedad. Los españoles, cuando llegaron, discutieron si los indios tenían alma, es decir, si eran humanos o subhumanos (Untermenschen, que dirían los nazis). El propósito no era teológico (saber si podían ser bautizados) sino práctico (saber si podían ser desposeídos de sus tierras y esclavizados). Al final se los dejó en "salvajes" y ese rechazo al inferior se ha mantenido hasta nuestros días (Algunos amigos bienestantes ecuatorianos se horrorizan cuando me oyen decir que hablé quechua y se apresuran a decir que ellos no -por cierto, el presidente Correa lo aprendió como lo aprendí yo-). División "étnica" aquí, es como la que puede haber en la Península Ibérica: hay gente que habla castellano y otros que hablan vasco o catalán, todos ellos españoles según la vigente Constitución. ¿Sí? Pues no tanto. Hablar catalán es hablar la lengua de la burguesía catalana. Hablar quechua en Santa Cruz de la Sierra es pertenecer al grupo más bajo de inmigrantes o "ser" chiquitano allí es pertenecer al grupo tradicionalmente oprimido y hasta esclavizado (hoy incluso) por los sucesivos llegados a formar parte de la clase alta que habla castellano, por cierto, en más de un caso, con apellidos bien poco castellanos como Marinkovic (por cierto, a los que dicen que Marinkovic no es boliviano, sus partidarios responden que Morales no es boliviano: es aymara). En todo caso, en la Media Luna con prefectos opositores a Morales HAY indígenas. Incluso quechuas y aymaras, en este caso como inmigrantes relativamente recientes. Lo que sucede es que los políticos opositores utilizan el racismo de una parte de sus electores para enfrentarlos por un lado al gobierno central (indigenista) y, por otro, a las propias clases bajas (ya se sabe que la lucha de clases más frecuente es de los de arriba contra los de abajo). En todo caso, una división problemática, sólo clara en los planteamientos explícitos o implícitos de los políticos. E incluyo a los del gobierno central.
Y llegamos a la división económica. Parecería que aquí no hay dificultades: los departamentos opositores son "ricos" (tienen petróleo, industria, gas, madera, agricultura extensiva, ganadería) mientras que los que apoyan al gobierno son "pobres" (a lo más, tienen las viejas y casi exhaustas minas). Tampoco me siento cómodo: ricos y pobres, en política, se refiere a personas. Hay pobres en los departamentos "ricos" y ricos en los departamentos "pobres". Lo que hay que ver es la división social entre ricos y pobres que corta la división administrativa territorial. No es infrecuente que entre los ricos haya una mayor conciencia de clase (saben bien cuáles son sus intereses) y, por tanto, y sin que haga falta encontrarse en distinguidos clubes de caballeros, saben de qué va el asunto, cosa que no siempre sucede con los de abajo, que pueden acabar votando en contra de sus propios intereses. En el caso que nos ocupa, la "riqueza" de la Media Luna es utilizada por los políticos de la misma para decir que lo que producen debe quedarse allí y no ir a las manos derrochadoras del gobierno central o a departamentos más pobres. Nada diferentes de lo que ha llegado a decir la Lega Nord en Italia o de lo que dicen algunos nacionalistas catalanes en España (igual que no digo República de Italia, no digo Estado Español o Reino de España). No hace falta ser muy ducho en estos menesteres para saber a qué manos iría ese supuesto "quedarse aquí y no irse allá", aunque no son descartables algunos goteos ("trikle down") para los de abajo en dichas regiones. Y puedo suponer que la rapiña de los de arriba en Santa Cruz sería mayor que la de los de Cataluña por la simple razón de que la desigualdad es mayor y la desigualdad es compañera de la explotación (no entro en cuál es causa de cuál).
Son, pues, divisiones reales, pero efectivas sólo cuando el poder político (en el gobierno o la oposición, central o local) los "trabaja" y reorienta en función de sus propios intereses. Por manipular, creo que no la ha habido mayor: el serbo-croata, en el siglo XIX, era una sola lengua (y, con perdón, dicen los lingüistas que lo sigue siendo); los políticos nacionalistas decidieron que eran lenguas diferentes y que una se escribiría con caracteres latinos (el croata) y la otra con caracteres cirílicos (el serbio): los croatas tenían mayoría católica romana (latina) y los serbios ortodoxa, lo cual ayudaba. No conozco las divisiones económicas, pero, como se sabe, son cambiantes a lo largo del tiempo. Véase, si no, el caso belga, con el cambiante peso económico de los grupos "étnicos" llamados flamencos y valones, y su división histórica. Pero véase también el caso de Santa Cruz que, durante el boom del estaño y, en general, de la minería, y antes de aparecer el gas y el petróleo, eran la región pobre en un pais pobre en el que los que salían ganando eran los terratenientes y los barones del estaño como durante la Colonia lo fueron los que accedieron a la plata del "Cerro Rico" de Potosí. Análisis concretos de situaciones concretas.

(P.S. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con un editorial de la edición digital de El País de hoy cuando dice
Las autonomías de los cuatro departamentos contrarios a Morales reivindican el control de los recursos naturales sobre los que asientan su poder. Sin ellos, el proyecto del actual jefe del Estado de reparto socialista de la riqueza sería inviable y, más aún, su plan de indigenizar el ordenamiento jurídico boliviano. Y aunque el presidente hizo ayer un llamamiento a la unidad y a negociar con los virtuales insurrectos, no estaba claro lo que eso significaba tras su polarizadora victoria, y, menos aún, con las declaraciones de Rubén Costas, el criollo gobernador de Santa Cruz, que tachaba de racistas los propósitos del presidente.
Traduciendo: los que mandan en los cuatro departamentos quieren mantener el control sobre los mismos y no quieren repartos ya que ahí se asienta su poder. Eso de repartir (redistribución), como se ha visto en España con la discusión sobre las balanzas fiscales, es una antigualla. Si preguntas a la gente si quiere quedarse con lo que produce, dirá que sí, aunque siempre hay solidarios sueltos. Ese reparto no es "socialista": lo aplicó el conservador Bismark en Alemania y lo inició tímidamente Franco en España. Se llama Estado de Bienestar y consiste en corregir los efectos desigualitarios del mercado, efectos que pueden acabar con el mercado mismo (y por eso lo aplican los conservadores). El reparto en Bolivia es para mantener el Estado y tiene resonancias keynesianas, no marxistas: política de demanda, es decir, que la gente pueda comprar más, con lo que aumentará la producción, bien diferente de la política de oferta que se quiere aplicar en España contra la crisis, a saber, recortar los ingresos del Estado, o sea los impuestos de los ricos, para que estos tengan más dinero que gastar, cosa que seguramente harán... en otro país. Pero también en Bolivia es la política la que manda: hace la pregunta apropiada y se mantiene en sus trece, acusando de racistas a los objeto de racismo si hace falta. Que al intento de superar esto último, el editorialista le llame "indigenismo fundamentalista", mueve a desánimo sobre la capacidad de comprensión o refuerza la idea de que el conocimiento está, con frecuencia, movido por intereses).

(P.S. Sigo con mis acuerdos, en este caso con el editorial de La Razón (La Paz, del grupo Prisa como El País) cuando dice hoy:

¿Hasta cuándo el soberano tendrá que hacerse cargo de los errores de los líderes políticos del país?

La responsabilidad de lo que vaya a ocurrir no es de la ciudadanía. Si bien el pueblo es el soberano, no le corresponde resolver las crisis cada vez que los políticos se ven entre las cuerdas. Así como muchas veces generan conflictos por seguir intereses particulares, ellos también deben conjurarlos.

"Es la política, estúpido", no la "etnia" ni la historia ni siquiera la economía, aunque, para entender a los periódicos haya que añadir también varias cosas.)

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