viernes, 22 de agosto de 2008

Choque racial inexistente

Se supone que Sudán vive un enfrentamiento sangrienteo entre "africanos" y "árabes". La división es clara pues tiene elementos raciales claramente identificados, agudizados por la espiral de la violencia entre unos y otros. Igual que los ingleses dicen "Once a German, allways a German", aquí cada lado podría decir lo mismo del otro: el mundo, efectivamente, se divide mediante estos criterios culturales (¿raciales?) que explican el enfrentamiento. ¿Cierto? Pues no tanto.
Hay regiones en las que "africanos" y "árabes" conviven, asisten a la misma escuela, se casan entre ellos. No hay que atribuir a la "raza" un carácter de determinante en última instancia, sino de determinante en determinadas circunstancias, nada universales. Lo mismo sucedía en la antigua Yugoslavia en la que los matrimonios mixtos eran frecuentes. Sin embargo, hay contextos en los que "el otro" (que mató a mi padre) queda clasificado por sus características externas (lengua, color de la piel, religión si es que practica alguna y cosas así) y se atribuye a todo aquel que tiene esas características la Maldad cometida por algunos de ellos (ciertamente, no todos). Después entran los políticos dispuestos a manipular y los medios de comunicación dispuestos a simplificar, primero para ahorrarse trabajo y segundo para ahorrárnoslo, aunque con evidentes excepciones como la que acabo de citar. Mala cosa es, en este sentido, que en Burundi se esté llevando a cabo un censo "étnico" semi-clandestino, etiquetando de hutus o tutsis a la población que, como en el caso de Ruanda, había visto aumentar sus choques con el etiquetamiento por parte de los colonos europeos y, sobre todo, por la partija producida por la descolonización. Es decir, intereses (externos -divide y vencerás- e internos -quién se queda con el botín-) y dinámicas de acción-reacción, no factores inevitables como la "raza" o la "tribu".
No voy a negar lo que sucede en Darfur y temo lo que pueda suceder en Burundi. Ya se encargan los medios de comunicación en hacérnoslo olvidar en el primer caso y de exagerárnoslo y simplificárnoslo en el otro. Lo que niego es el carácter absoluto de unas divisiones que las prácticas sociales se encargan de hacer ver que no son universales y que, por tanto, hay que buscar otro tipo de argumentos para entender qué sucede allí. "Tribus" y "razas" y "etnias" como causa de la violencia no parece que sea un buen comienzo.

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