miércoles, 20 de agosto de 2008

Bin Laden, 1998

Es un interesante caso de "tiro por la culata" o "peor el remedio que la enfermedad". En 1998 explotaron bombas, patrocinadas por Osama bin Laden, frente a las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania , a lo que el gobierno de los Estados Unidos, que tanto da que sea republicano que demócrata, respondió con diversos bombardeos a objetivos elegidos según criterios militares, pero que resultaron elegidos al azar, casi como si lo que se quisiese es engañar al pueblo estadounidense haciéndole ver que había reacción, venganza y ataque preventivo. Que los objetivos de estos bombardeos ordenados por Bill Clinton (su vicepresidente era el "pacifista" Al Gore) fueron inapropiados (equivocados en la mejor de las hipótesis) es algo que ya se sabía. Lo que ahora se sabe es que no sólo no sirvieron para debilitar a Bin Laden sino que ayudaron a acercar las posiciones de éste con la de los talibán en Afganistán con lo que al año de las represalias clintonitas la situación había empeorado con respecto a la anterior y, lo que es más interesante, que el gobierno lo supo relativamente pronto.
Los documentos que se acaban de desclasificar y que publica el National Security Archive muestran también que las represalias estadounidenses (y más fuera de diana) generaron un deseo de represalia por parte de Bin Laden y los talibán ("si pudiéramos bombardear Washington, lo haríamos") que se materializarían el 11-S, que darían paso a la invasión de Afganistán (lo de Iraq va por otro lado) que daría paso a nuevos yihadistas que supongo dará paso a nuevas represalias y así sucesivamente.
Ésa es la lógica de la violencia: un hecho terrible como estos asesinatos masivos no está aislado en el espacio y el tiempo. Lo de Argelia ayer y hoy, tampoco (por cierto, cada vez parece más un episodio más de la guerra civil que se inició por el conflicto no resuelto en los años 90, antes de que existiera Al Qaeda, y con grupos muy heterogéneos, algunos entrenados en Iraq, otros locales, algunos nuevos incluso recientes). Pero las bombas de Kenia y Tanzania tampoco nacieron de la nada y, lo que es peor y ahora se documenta, los servicios de espionaje habían advertido de tal eventualidad. Y, ya lo pésimo: los misiles de crucero lanzados por los estadounidenses (ahora se sabe que lo supieron) y que, por lo que parece, pretendían convencer a los talibán para que entregasen a Bin Laden, en realidad causaron un daño irreparable a la seguridad de los Estados Unidos y, en general, del mundo, precisamente por aumentar la dinámica acción-reacción en la que ya estaban, si se quiere, desde que Sykes-Picot se repartieron los despojos del Imperio Otomano y dejaron en ridículo a Lawrence de Arabia.

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