martes, 19 de agosto de 2008

Aviones contra la lluvia china

Era una leyenda urbana en mi otro pueblo (pido disculpas por la contradicción pueblo-ciudad). Decían que cuando amenazaba lluvia en determinadas épocas del año en las que no convenía para la producción de una determinada hortaliza que se cultiva allí, salían unos misteriosos aviones que soltaban no sé qué química y disolvían las nubes. Siempre pensé que se trataba de eso, de una leyenda basada, más que en los datos, en la animadversión hacia estas pequeñas empresas locales que suele ser mucho más fuerte que la animadversión hacia las grandes empresas mundiales que son, sin embrgo, mucho más crueles y despiadadas.
No debe de ser tan fantasioso. Los Juegos Olímpicos que tenían que comenzar en 8 del 8 del 8 (número de la suerte para el consumo local) podían mojarse por ser estación propicia para la lluvia, como después ha sucedido. Nada: los aviones que imaginábamos en mi otro pueblo (ahora estoy en el de Extremadura) han aparecido en Beijing el día de la inauguración según un periódico nada sospechoso de fantasioso: el Financial Times.
Y, ya que estamos, vaya manía con lo de Pekín y Beijing. Es muy frecuente, en los países colonizados y en los grupos marginados y oprimidos que "los de arriba" les den nombres equivocados o que no gustan a los que están levantando cabeza. Es cada vez más frecuente que los gitanos (nombre que le dieron los ignorantes europeos que creyeron que, los que venían del Punjab, venían de egipto, egipciano, gitano) usen su verdadero nombre (pueblo rom, o roma). Bombay quiere llamarse Mumbay, Malasia quiere ser llamada Malaysia (hay, además, razones de otro tipo: los malayos no son los únicos habitantes de Malaysia), Birmania quiere ser llamad Myanmar... y los ex-colonos se niegan a cambiar los nombres. Con la China pasa lo mismo: la pronunciación de la lengua común (puton hua), y más con el uso de tonos, no es fácil de transliterar a otras lenguas. Los colonialistas llamaron Pekín (o Cantón) a lo que los chinos llamaban algo más parecido a Beijing y Guangdong y quieren ser llamados así. Sin embargo, el diccionario panhispánico de dudar dice que Pekín.
Sus razones tiene: es como llamar Lleida, hablando en castellano, a lo que en castellano se llama Lérida. O como sería llamar New York, hablando en castellano, a lo que en castellano se llama Nueva York. En este último caso no suele haber política de por medio, así que nadie dice Antwerp a lo que en castellano se llama Amberes (aunque, eso sí, El País insiste en llamar Tbilisi a la patria de Stalin, Tiflis según el ABC: Tbilisi es georgiano, Tiflis es ruso). Lo de Lleida es más complicado. Pero para un país ex-imperial, no vendría mal usar las palabras que los ex-colonizados prefieren. Digo Lérida, pero no digo Pekín... a no ser que esté hablando con taiwaneses y no tenga ganas de provocar. Porque los taiwaneses mantienen la vieja transliteración colonial. Lo de Lérida, otro día.

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