martes, 29 de julio de 2008

Kabul bien vale una pipa

Acusan al presidente afgano Karzai de proteger el comercio de opio con tal de mantenerse en el poder. No voy a seguir la noticia, que se produjo hace unos días y que seguro ha sido sucedida por los desmentidos que uno puede creer o no creer según sean sus disposiciones al respecto. No tengo ni idea si el acusador lo hace con fundamento o lo hace por algún motivo que, por supuesto, se me escapa. Ni tengo ni idea de si el acusado se ha defendido porque es inocente o porque es lo que se lleva en un caso así, que me temo es indemostrable. En casos mucho menores y sin salirse de la Península Ibérica (e islas adyacentes) ha habido acusaciones, desmentidos, nuevas acusaciones, jueces que abandonaban el caso (o se les hacía abandonar, que eso tampoco lo sabré nunca) y jueces que iban de "bengador gusticiero y su pastelera madre" y demás carne de medio de comunicación (dependerá de qué medio se trate para que la noticia venga de una manera u otra, pero ésa es otra historia: la de siempre). Ha habido de todo: acusad@s que resultaron inocentes, acusadores que mintieron como bellacos, inocentes que resultaron culpables, acusadores potenciales que callaron por motivos desconocidos y acusadores que, a lo que parece (¡a lo que parece!) no mintieron y acusados que acabaron con sus huesos en la cárcel o que vieron prescribir su delito o que un tribunal superior encontró defectos de forma en alguna de las sentencias. Cosas que pasan y que pueden haber pasado en Afganistán también.
Lo que no me extraña es el amor al poder que tienen los políticos, dispuestos a lo que haga falta con tal de manenerlo hasta el punto de que pueda llegar a ser irrelevante para qué lo quieren. Angelicos.

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