sábado, 26 de julio de 2008

Contraterrorismo de pacotilla

Según contaba el New York Times el gobierno del segundo Bush piensa desviar 230 millones de dólares desde las ayudas al contraterrorismo para dedicarlos a que Paquistán ponga al día su flota de F-16, aviones de dudosa utilidad para luchar contra el terrorismo (talibán, de al Qaeda o de quien sea) pero sí útiles para atacar a la India, cuyos planes militares el gobierno Bush también apoya.
Estoy dispuesto a cambiar de opinión, pero, por el momento, pienso que son una pandilla de irresponsables a los que "la Historia NO les absolverá". Si la medida, recibida con horror por algunos congresistas y senadores estadounidenses, sale adelante, será un dato más que hace pensar que lo de la "guerra contra el terrorismo" es básicamente retórica y que lo que cuentan son los intereses de las empresas del armamento estadounidenses que tienen que mantener sus ventas en un mundo en crisis. Que A dé dinero a B para que B compre cosas de A es una de las más conocidas formas de "cooperación al desarrollo"... de A. Hasta ahí, no habría sorpresa. El horror viene porque si hay un punto en el Planeta en el que se puede producir una escalada hasta llegar al uso del arma nuclear es en India-Paquistán y todo lo que sea apoyar dicha escalada (la carrera de armamentos es un esquema sumamente peligroso: por lo que sabemos, suelen terminar en su uso efectivo) es hacer menos improbable un enfrentamiento nuclear. Y el problema de Cachemira es complicado: aunque la opinión pública cuenta poco en estos asuntos (cuenta mucho más la manipulación del honor nacional por parte de los políticos), no deja de ser interesante la diferencia entre las encuestas en la India y en Paquistán sobre la posible independencia de Cachemira o incluso sobre la partición de la misma.



Podemos decir que asunto de ellos, pero no es así: un enfrentamiento nuclear, por lejano que sea, podría producir un "invierno nuclear" como el que se pensó que se podría haber producido de haberse dado un enfrentamiento USA-URSS en los tiempos en que la Guerra Fría se pudo calentar más allá de las guerras de baja intensidad mediante las cuales las superpotencias se enfrentaban por país interpuesto. El equilibrio medioambiental es suficientemente precario como para no ser deseable un "input" de estas características.
¿Les preocupa, entonces, la cosa del contraterrorismo? Parece que no. O, por lo menos, hay cosas más importantes en las que pensar: la cuenta de resultados. Pero así funciona el sistema.

3 comentarios:

  1. Comprendo perfectamente por qué dice usted que "la cosa del contraterrorismo" no es motivo de verdadera preocupación para los llamados líderes mundiales... Aunque yo a veces me pregunto si nuestros próceres son un hatajo de hipócritas o si, por el contrario, están persuadidos de que todo cuanto hacen responde al propósito de acabar con el terrorismo. Concedo, eso sí, que lo que nuestros grandes timoneles crean o dejen de creer tiene poca importancia para quienes sufren las consecuencias de las decisiones que ellos toman (*)

    (*) O, más bien, perpetran (pienso, por ejemplo, en la última hazaña de Berlusconi).

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  2. A propósito de Berlusconi. Diríase que en este sujeto se cumple la profecía de Anquises en el libro sexto de la Eneida, pero vuelta del revés, o sea, "parcere superbis et debellare subiectos"... Bien es verdad que lo que nos debiera preocupar a las personas de izquierda no es tanto Berlusconi cuanto el hecho de que el electorado lo haya elevado a la Presidencia del Consejo de Ministros. Digo esto porque tengo la impresión de que a menudo concentramos todas nuestras iras en los gobernantes, y olvidamos que, en los regímenes parlamentarios, los gobernantes lo son "por los pecados (o virtudes) del pueblo". Y ahora me callo, porque me parece que estoy divagando demasiado.

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  3. Comparto tu perplejidad, Bebel, ante lo que hacen nuestros grandes timoneles y la dificultad que tenemos de comprenderles. Eso no es democracia.
    Y también comparto la perplejidad ante lo que hacemos los electores. El caso de Berlusconi es paradigmático: no engañó a nadie y todo el mundo podía saber que legislaría para defenderse de la ley. Y, efectivamente, le votaron. Tal vez era el mal menor, que es lo que muchas veces he votado en mi corta vida democrática.
    Para añadir penas: las posibilidades reales (no las retóricas) de "parcere superbis" son más bien escasas.

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