sábado, 21 de julio de 2018

Redes sociales: usos y abusos

Un estudio desde la Universidad de Oxford sobre los usos y abusos de las redes sociales en 40 países. No está sólo lo que llaman "troll farms", ese negocio de producir noticias falsas durante periodos especialmente problemáticos como son los electorales y que no solo incluye a las factorías rusas. Estamos hablando de decenas de millones de dólares dedicados a tal esfuerzo aunque, suspiremos, no todos los países tienen el mismo nivel de credulidad ni tienen el mismo nivel de atención hacia las noticias falsas. La lista de países respecto a esta variable está en el estudio que cito. Allí también está la evolución, creciente o decreciente, de los canales de tales noticias que, por supuesto, no todas son falsas ni todas son resultado de bots o trolls. Algo más de actitud crítica ante lo que llega (y más si termina con un "pásalo") no vendrá mal, aunque tampoco vendrá mal recordar que el otro extremo de la credulidad por el mero hecho de que venga por una de esas redes, el otro extremo, digo, es el desorden paranoide o conspiranoide. In medium virtus. Y solo los predicadores dicen que la virtud es fácil, así que entiendo, aunque no comparta, a los que entonan un clásico "Total, para qué / te vas a preocupar."
No me resisto a poner un ejemplo. Imaginemos que usted está interesado (si es español, no solo en quién va a ganar la presidencia del PP) en qué había detrás del encuentro Trump-Putin (entiendo que el Partido Demócrata quiere que la traductora del encuentro les cuente de qué hablaron en secreto esos dos). Tiene tres teorías a su disposición: 1. que Trump ha sido chantajeado mucho tiempo por los rusos a partir de fotos comprometidas de su estancia en hoteles rusos (por lo visto, ha sido una táctica muy de los servicios secretos primero comunistas ahora putinistas, el llamado kompromat); 2. que Trump cree que los países hay que gestionarlos como se gestionan las empresas (no es el primer empresario metido en política que piensa así); y 3. que las empresas de Trump están al borde del colapso financiero, que los bancos estadounidenses ya no le dan crédito y que, en cambio, puede conseguir de Rusia los préstamos necesarios para tirar p'alante. Obvio, usted puede tener sus preferencias por una u otra hipótesis, pero no los datos que la pruebe o la rechace. Pues vaya a google y escriba en el buscador "There Are 3 Main Theories That Explain Trump's Approach to Putin and Russia—Which One Makes the Most Sense?". Verá que todas las fuentes dan la tercera como la más plausible y la fundamentan en (supuestos) datos cuyas fuentes se desconocen. Pero note (y esto es importante) que prácticamente todas las entradas que le proporciona el buscador son de redes sociales (facebook, twitter y, por supuesto, news.google.com). 
¿De qué va el ejemplo? Pues, primero, a que estas hipótesis son sugestivas. Mucho más que las que avanzan los medios convencionales que pueden haber sido convenientemente "untados" por propios o contrarios. Y que, por tanto, de otra forma no se habría enterado (como puede que lo que cuento sea también la primera noticia al respecto que usted encuentra). Pero, segundo, que no hay que dar la vida por ninguna de esas tres hipótesis (ni siquiera por la que los medios dan como más probable). Escasas fuentes, inter-relacionadas, con afirmaciones que no se prueban. ¿Qué hacer? Pues, si es activista, salir a la calle o lo que haga falta para protestar por estos engaños o, si es quietista, sentarse a la puerta de su casa esperando que pase el cadáver de su enemigo (es un decir, no doy por hecho que Trump sea un enemigo de usted). En todo caso, prudencia, tal vez algo senil en mi caso.
¿Que la vida es complicada? Pues sí: "lo siento mucho, la vida es así, no la he inventado yo"

viernes, 20 de julio de 2018

Cifras fetiche

Ha habido varias: cifras que se proponen como metas sin que haya la más mínima argumentación sobre el por qué de dicha cifra y el por qué no de sus alternativas. Algunas, como el 0,7 en las cuestiones del desarrollo económico, produjeron hasta manifestaciones callejeras (y, de hecho, muy pocos de los países que se habían comprometido a alcanzarla lo hicieron realmente).
Porcentaje de deuda externa o de gasto público suelen tener detrás, cuando se proponen, oscuros modelos macroeconómicos de difícil, si no imposible, verificación. Pero ahí los tienes, discutiendo decimales sobre cantidades cuya cuantificación ha sido más que problemática.
Hay una cifra particularmente curiosa: la propuesta por Trump para los países miembros de la OTAN que deberían alcanzar un misterioso 2 por ciento de su PIB dedicado al gasto militar. Algunos lo cumplen, algunos se pasan, otros no llegan y algunos , como el presidente español, dicen que sí, que lo van a intentar, pero que no insistan mucho. Es importante proclamar la obediencia ciega (tipo jesuítico) aunque la práctica diste mucho de la retórica.
Lo del fetiche lo he tomado de un artículo que se pregunta por qué exactamente esa cifra y si no habría sido mucho más interesante discutir estrategias y tácticas y, añado, la finalidad última de tal organización compradora de armas. No busquen al enemigo: busquen el dinero.

jueves, 19 de julio de 2018

Caso abierto

0. Aunque me declaré "en vacaciones", no he podido resistirme a la tentación de seguir dándole a la tecla y pubicarlo hoy, víspera de mis 10 años en este blog (antes estuve en otros). La cosa es qué preguntas me hacía a principio de mes y cómo las han ido contestando (es un decir, porque no siempre la cosa está tan clara) las cosas que he seguido leyendo, aunque las noticias candentes fuesen otras y se pueda seguir discutiendo si el mundo va a mejor o a peor, eterna pelea entre los de Pangloss y los de Casandra o Schopenhauer -o Murphy, si se prefiere un moderno- (mi recuerdo a Leonardo Sciascia que me decía, paseando por Alicante, "non è che io sia pessimista: è la realtà che è pessima")


“Now get out there and do something fans can turn into a meme!”
(tomados de The New Yorker).

1. Hasta dónde llega el fin de la globalización (aunque no de la globalización financiera) y el auge del proteccionismo, con el agravante de que las guerras comerciales suelen terminar en conflictos armados. De entrada, con la China, con la que la guerra comercial tiene toques militares. Pero las guerras también pueden terminar con la victoria de una de las partes, tal vez de la China o de derrotas para ambas partes. Una guerra comercial se ve como catastrófica pero no solo como efecto de las locuras de Trump, sino también de los errores chinos y europeos, Dani Rodrik dixit. Pocos efectos en un primer momento, pero just wait. Una observación importante: los ganadores o perdedores de estas guerras no son países sino clases sociales cosmopolitas o multinacionales. Y otra más: cuando se pelean los elefantes, la hierba lo sufre. Y hasta el FMI se preocupa por los efectos de estos proteccionismos.
2. Negociaciones USA-Corea del Norte, un juego complicado del que es difícil hacer previsiones. Para algunos, colapsadas casi desde el principio. Para otros, con la receta mágica: sigan los pasos de Vietnam. La versión USA es que los preparativos eran prometedores. Pero lo más sugestivo: que podrían mostrar la desaparición de lo que se llamaba "Occidente". Es curioso que, si las encuestas reflejan lo que se le cuenta a la gente (sea o no verdad), el porcentaje de estadounidenses que opinan que Corea del Norte es un enemigo ha disminuido notablemente (en más de diez puntos desde 2013) según las encuestas de Gallup. No es que los medios "occidentales" hayan hecho un buen trabajo informando del encuentro. Efectivamente, del encuentro del día 12 nunca más se supo, aunque trajo cola.
3. No es el único dato que insinúa, una vez más, la inminencia de la "decadencia de 'Occidente'". Y no porque la Unión Europea busque mejores alianzas en "Oriente" (el Japón y la China, claro)
4. Y si "Occidente" significa OTAN, la opinión pública (Gallup dixit) sobre el liderazgo USA en la Organización es claramente decreciente y las frases de Tusk sobre Trump, muy claras: se estaría quedando sin aliados; mala cosa para una potencia hegemónica. Otros editoriales dicen "La Alianza se resquebraja". Pero parece que quien está triunfando es el militarismo.
5. Hasta aquí, la problemática personalidad de Trump de cuya psicopatología podría depender el funcionamiento del mundo. Lo dice Jeffrey Sachs. Efectivamente, la escena internacional podría cambiar radicalmente y pronto.
6. Es difícil saber en qué acabará el Brexit.

El gobierno hace más caso a la empresa y se inclina por el "soft", pero hay quien dice que si May no deja las "líneas rojas" puede producirse un desastre. El primero, menos importante, ha sido la necesidad de reorganizar el gobierno después de la dimisión del ministro que llevaba las negociaciones más otros dos ministros en desacuerdo con la política que se está siguiendo, si es que hay alguna. May llega a decir que o se acepta su plan o no hay Brexit. Estos divorcios (como sería el Catalexit) no parecen muy fáciles. Encima, dimitió el ministro de asuntos exteriores abriendo nuevos escenarios que incluían un nuevo referéndum, un Brexit desordenado o cambios importantes en el liderazgo. De todos modos, esta última dimisión era una mezcla de Brexit y normal lucha por el poder. Y siguieron dimisiones. "And the worst is yet to come", decía The Economist.
El Financial Times resumía así el momento de mitad de julio:
So, has she pulled it off? In response to Theresa May’s “Chequers deal” and Thursday’s White Paper establishing a UK negotiating position for the Brexit deal, business groups were positive, EU leaders publicly polite and pro-European Conservative “rebel” MPs supportive. Even Michel Barnier, the EU’s chief negotiator, struck an emollient tone. Despite the resignations of Boris Johnson and David Davis, broadsides from Donald Trump and grumblings from backbench hardliners, the prime minister and her inner circle might be forgiven for thinking they are finally making progress towards a “smooth and orderly” Brexit. They would be very unwise to do so. Far from representing a step towards a sensible Brexit, the events of the past week have merely set the stage for the next Brexit explosion — leading, at best, to a delay in the Article 50 deadline at the end of March next year.
Interesante la ilusión de algunos partidarios del Brexit: reforzar la "special relationship" con los Estados Unidos, casi remedando la Oceanía del mundo de Orwell, aunque para eso haya que cambiar su gobierno, según propone Trump, que piensa en la dirección opuesta a Orwell (calificar a su propia entrevista como "fake news" es un récord mundial). Mala cosa es que las encuestas den un práctico empate entre los que se quieren ir y los que prefieren quedarse y que haya quien proponga un nuevo referéndum hasta conseguir la respuesta "apropiada". En todo caso, no ha sido un modelo de información proporcionada al público al respecto. Como el Catalexit, aunque este sea todavía más emocional y nostálgico que el Brexit que ya lo es bastante y por encima de consideraciones racionales (medios-fines), cosa peligrosa ciertamente. Retrotopía llama Bauman a esta epidemia de nostalgias nacionalistas: el modelo de futuro es el pasado (más o menos manipulado).
7. Las relaciones Trump-Putin (que no USA-Rusia) no tenían resultados previsibles sobre todo si se hacen determinantes las diferentes idiosincrasias de los negociadores: sangre fría - sangre caliente. Pero con temas bien concretos sobre la mesa. Y con gente que teme que un acuerdo lleve a una nueva guerra con Irán (los europeos, dicen, no se dan cuenta de que Trump no es un aliado; tal vez por eso aconsejaba a May un Brexit sin negociación)
Make way for Trump. Key US allies are doing a lot of wincing and jaw-dropping this week as Trump seems to diss them at every opportunity during his trip to Europe.

(copiados de aquí)
Los posibles resultados del encuentro eran objeto de especulación aquí, aunque sin concretar mucho. Lo que sí estaba claro es que sus posibles resultados preocupaban a los altos funcionarios de la Unión Europea. Y, a lo que se dice desde fuera y desde dentro, con razón. Pasara lo que pasara, se daba a Putin como vencedor (con esa visión "gladiatorial" de la política internacional) incluso en página editorial o se tildaba a Trump como demasiado "débil", aunque otros pensaran, tal vez con razón, que se trataba de un "espectáculo" más de dos políticos pensando en sus intereses inmediatos incluso electorales. El caso es que se dio más peso, en las informaciones sobre la rueda de prensa final, al asunto de la posible intervención rusa en las pasadas elecciones estadounidenses, que a cuestiones como Siria, Irán, Crimea, el control de armas nucleares y demás menudencias incluida Israel (ver el segundo de los chistes que he copiado al principio). Y lo mismo con las reacciones que suscitó en la clase política estadounidense. Me cuesta creer que se trató de una versión puesta al día del soneto de Cervantes "Al túmulo del rey Felipe II" (no VI) y su final: "fuese y no hubo nada", que es lo que algunos se temían o esperaban.
8. Sitglitz sigue pensando que, para salvar el euro (y con él, tal vez la Unión), Alemania tendría que cambiar sus políticas. La Unión no se hundirá en un mes, pero sí se dan pasos en esa dirección.
9. ¿Auge de los fascismos? Madeleine Albright avisa. Por lo menos, riesgos de retroceso de la democracia y de las democracias. Pero no parece que sea una cosa para mañana... como pensaban muchos como Stefan Zweig. El esquema parece claro: globalización, inseguridad, autoritarismo.
Otros temas
- Las redes parecen tener un doble efecto. Por un lado, aumentan la posibilidad de expresar desagrado e incluso agresividad. Es decir, fomentan las oposiciones. Pero, por otro, permiten, precisamente por esa posibilidad, descargar la agresividad de una manera  incruenta. En condiciones de polarización social, como pueden ser las de la Italia (y más con el nuevo gobierno), las redes cumplen con este segundo cometido: en lugar de incrementar los enfrentamientos, permiten suavizarlos en un mar de palabras. La sangre de una pelea de palabras no suele llegar al río. De momento, porque siempre queda la posibilidad de una espiral imparable.
- Pocas novedades con el Catalexit (ver Brexit, ya que "conocer es comparar", aunque con cautelas, claro). Pero, primero, es preciso saber de qué hablamos cuando se habla de "derecho de autodeterminación". Después, saber si las políticas de identidad son de derechas en todas partes. Y, como en el caso del Brexit, con nuevas divisiones internas entre los brexiters (aquí más) y las habituales de los remainers. Como para hablar en nombre de la "nación" o, en ambos extremos, del "pueblo".
- Las novedades sobre Palestina no existen: Se podrán segregar palestinos y judíos en Israel y seguirán aumentando los asentamientos judíos en territorios palestinos hasta que no quede huella de estos, cosa que se justifica desde la religión eterna -la propia, claro, es decir, la verdadera-. Y a eso va la nueva ley del Estado judío (mapa tomado de The New Yorker). 
A State Department map shows Palestinian population centers in the West Bank. Obama was surprised to see how “systematic” the Israelis had been at cutting them off from one another.
- Otras previsiones son menores. Se sabe ahora que el rancho del ex-presidente colombiano Uribe fue también base de grupos paramilitares (los Doce Apóstoles, por ejemplo) y ha sido público y notorio el rechazo de los "uribistas" al proceso de paz que ha llevado a las FARC a una nueva situación que podría haberse repetido con el ELN. Pero el actual presidente es un declarado "uribista", así que...
- Hay, de todos modos, casos locales que pueden tener efectos mundiales como mundiales son sus participantes: Yemen.
- Punto final provisional:
Nadie sabe cuándo estallará la próxima recesión. Ni con qué fuerza golpeará a Europa. Pero los ciclos económicos siguen existiendo, y los auditores europeos creen que los Estados miembros no se están preparando como deben para cuando lleguen las vacas flacas.
“Everything is horrible—worse than we ever imagined—and there’s not a damn thing we can do about any of it. But whatever happens, we can’t give in to despair.”

miércoles, 18 de julio de 2018

Epidemia de desconfianza

Parece que sí hay epidemia. Así, por ejemplo, para Colombia, México, Venezuela y Brasil, los cuatro en año electoral, la tendencia en estos diez años parece clara según Gallup: disminuye la confianza en el gobierno del respectivo país. Los que confían oscilan entre un 17 (Brasil) y un 26 (México) por ciento. Los motivos, mirando a otros datos de la misma encuesta, son visibles: aumenta el porcentaje de los que creen que la corrupción está muy extendida mientras disminuyen los que creen que las elecciones son limpias (el peor porcentaje, Brasil, con solo un 14 por ciento que piensa tal cosa).
También sucede en los Estados Unidos: el nivel de confianza en el gobierno central es el más bajo desde 1958, también según Gallup: solo un 18 por ciento confía en él. Siempre se podrá decir que el gobierno de Donald Trump lo provoca, vistos sus asuntos financieros familiares recientes o su recurrente tema con Rusia. Pero la duda sobre la limpieza de las elecciones no es de ahora, aunque ahora, en algunos casos, se vaya a poner coto por fin al caprichoso e interesado diseño de distritos electorales, que llaman “gerrymandering”.
Sin irse tan lejos, la confianza en el gobierno que muestran los ciudadanos de la OCDE alcanza al 43 por ciento en un estudio del que se hacía eco el Foro Económico de Davos, pero, nuevamente, en tendencia a la baja y, como puede suponerse, con notables diferencias de país a país: los suizos, los que más confían (un 80 por ciento dice eso) frente al 13 por ciento de griegos que confían, pero que tienen buenas razones para no hacerlo: demasiadas diferencias entre campañas electorales y políticas reales (eso sí, gracias al super-gobierno de la Unión Europea que no entra en esas campañas, pero sí en las decisiones de gobiernos como el griego… y como el español).
Y ya que hablamos de España, en la encuesta de la OCDE, los encuestados españoles, en un 30 por ciento, decían confiar en el gobierno (estamos hablando de 2016) siendo, eso sí, uno de los países en los que más había disminuido esa confianza. Algo debe de haber cuando el Eurobarómetro para el 2017 daba un 22 por ciento de españoles que confiaba en su gobierno frente a un 75 por ciento que decía desconfiar, bien lejos de la media de la Unión: un 36 por ciento confía y un 59 por ciento desconfía. Pero también la desconfianza aumenta.
A pesar de esto, no me convence el atribuir todo el peso de esta desconfianza a la proliferación de casos de corrupción que han saltado a los medios y a los juzgados. Y eso que, según el Índice de Percepción de la Corrupción que publica anualmente Transparencia Internacional, la mayoría de países analizados en 2017 no progresan o progresan muy poco en su lucha contra tales comportamientos. Sin embargo, no me parece que ese argumento sea el que más pese en esta crisis de la democracia. La corrupción realmente existente (no solo la mediática y/o judicial) afectaría tangencialmente a la actitud que el ciudadano tiene respecto a su gobierno, sobre todo si piensa que, de estar en su lugar, también cometería tales delitos.
Los gobiernos no son celestiales. Quiero decir que son humanos y, por definición, son imperfectos. Peleas internas, incompetencias (lo que hace falta para llegar al cargo no siempre coincide con lo que hace falta para desempeñarlo), desprecio al electorado (los ciudadanos no se sienten escuchados por su distante gobierno), sometimiento a reglas de gobierno superiores al gobierno mismo, como sucede con la Unión Europea, y cosas parecidas son parte de esas imperfecciones. Claro que se pueden corregir, aunque sabiendo que nunca llegaremos a la perfección. Pero también se pueden negar y ocultar bajo capas y capas de asuntos más chocantes, aunque menos importantes. Y llega un momento en que el ciudadano se da cuenta de que le están engañando, que hoy le han dicho “sí” y mañana le dicen (o hacen) “no”, que le ocultan lo que no es tan difícil conocer al margen de las “fuentes generalmente bien informadas…por los gobiernos”.
No me parece un asunto grave. Doy por supuesto que los gobiernos siempre han sido imperfectos, pero ahora su pretensión de parecer perfectos choca demasiado con lo que se puede observar sin demasiado esfuerzo. Lo que sería grave es que esta desconfianza se tradujera en una demanda de “cirujanos de hierro” que pusiera fin a tales despropósitos… y los sustituyera por los propios del 18 de julio.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Este es el Democracy Perception Index en lo que respecta a NO sentirse escuchados por su gobierno -obsérvese que se incluyen tanto las democracias como las clasificadas como no-democracias como Arabia Saudita, China, Vietnam, Venezuela, Rusia etc:

Obsérvese una de las preocupantes conclusiones del estudio que cito:
Public disillusionment is greater in democracies than in non-democracies: In democracies, a majority of the population (64%) believes that their government “rarely” or “never” acts in the interest of the public. In non-democracies, people are less pessimistic, with only 41% saying the same.

miércoles, 11 de julio de 2018

CDR

No me refiero a esos, pero también. Me refiero a los Cargados De Razón (CDR) aunque incluyen a los Comités en Defensa de la República, pero no solo. Desconozco el peso que los CDR tienen en el conjunto de la sociedad, pero los reconozco cuando converso con alguno de ellos o me topo con sus certezas publicadas.
Digo que no sé qué peso puedan tener en la sociedad porque no he encontrado encuesta que aborde tal tema. Mi impresión es que son minoritarios, pero no voy a cargarme de razón (CDR) y aferrarme a esa impresión como si fuese un hecho incontrovertible. Conozco gente que no se aferra a sus opiniones, sino que es capaz de escuchar lo que dicen otros y encontrar lo que pueda haber de verdad en lo que, aparentemente, es contrario a lo que uno pensaba. No son CDR, evidentemente. Otros están demasiado ocupados en las tareas cotidianas como para aferrarse a esta o aquella teoría. A lo más repetirán lo que han oído, pero sin CDR. Y, finalmente, están los que practican la “duda metódica” que Descartes proponía como medio de conocer el verdadero funcionamiento de las cosas. Vayan algunos ejemplos.
El cambio climático. Un buen CDR, que de las ciencias que tratan de tal asunto no sabe absolutamente nada, será taxativo: “no hay tal cosa; el cambio climático es una invención; son cosas de una ONG”. Estos CDR negacionistas suelen encontrarse en los sectores más a la derecha del espectro político y tienen sus fuentes que les confirman en su pre-juicio convirtiéndolo en un juicio taxativo y definitivo. Por su parte, los científicos que afirman que tal cosa sí que puede producirse son mucho más cautos: muestran sus hipótesis, sus técnicas de investigación, sus datos y construyen interpretaciones siempre provisionales, nunca definitivas si es que practican la “duda metódica” que se espera de un científico. Pero, claro, también hay CDR que creen en lo inexorable del proceso y se aferran a cualquier dato anecdótico como el calor que está haciendo (los CDR negacionistas se aferran al frío de un determinado momento) para quedar convencidos de que su creencia es la correcta. No ven las “dudas” de los científicos y se quedan muy contentos con la disminución de la capa de hielo en la Antártida como quedaron cuando lo de la capa de ozono, mirando hacia otro lado cuando tales cosas no se han comportado como su creencia pedía. Los científicos siguieron estudiando y produciendo resultados por definición provisionales.
Lopetegui, Hierro, Florentino, Rubiales y compañeros mártires. No suelo escuchar las tertulias radiofónicas sobre el fútbol (las otras sí, y tienen muchos elementos en común con estas), pero los días de autos (anuncio, dimisión, inicio, nombramiento, derrota) había CDR para todas las opciones, indicando con ello su debilidad cuando es imposible que sean todas ciertas. Quién había comenzado el asunto, quién debió callarse, quién puso sus h… encima de la mesa, quién pretendía qué etcétera producían encendidas respuestas del más puro estilo CDR, es decir, de personas dispuestas a atender a los datos que encajaban con su pre-juicio, rechazar los que podrían contradecirle y aportar las interpretaciones que mejor sirvieran para fundamentar su Razón, entre las cuales las más sugestivas eran las suposiciones de posibles intenciones (benévolas, malévolas, interesadas, desinteresadas) en los distintos actores de aquel teatro. Ya se sabe que un buen juicio de intenciones (“eso lo hizo porque quería mostrar tal cosa”, “eso lo calló para conseguir tal otra”) es ideal para ir por la vida CDR. Alguien interesado, vaya usted a saber por qué, en saber qué había sucedido realmente, no excluiría la posibilidad de que cada uno de los CDR tuviera algo de razón, mientras ningún CDR estaría dispuesto a reconocer que pudiera haber algo que se correspondiera con la realidad en las soflamas de alguno o algunos de los demás CDR: un buen CDR tiene la razón en exclusiva.
Y, sí, están los CDR específicos para el proceso independentista catalán. Ahí la razón es poseída de manera monopolista con mucha más fuerza. Hay más cosas en juego que la derrota en el mundial. En general, compréndase por qué no suelo leer las entrevistas a políticos en activo (CDR por definición, aunque provisionalmente, hasta el siguiente CDR) ni tampoco los artículos de sus intelectuales orgánicos: no me ayudan a entender lo que está sucediendo, a no ser que lo que está sucediendo sea una explosión de CDR. Un vistazo sí les doy, no vaya a ser que tengan algo de verdad.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Nota: CDR puede significar muchas más cosas
Sea como sea, la tema del cambio climático no tiene por qué ser, necesariamente, una cuestión de tener razón o no tenerla. Puede ser, sencillamente, un problema de esperanza matemática, resultado de multiplicar la probabilidad de que tal cosa suceda por los males que, de producirse, acarrearía. Con probabilidad muy baja pero con consecuencias muy, pero que muy catastróficas, tal vez sería cosa de dedicar algo más de esfuerzos a su prevención. Más que a las directivas de la UE, el terrorismo o una posible invasión extranjera, como se dice en lo que acabo de citar.
Pero la tema también puede ser una fuente de beneficios económicos para quienes se ocupen de "mitigarlo". The Economist Intelligence Unit es un caso interesante: dan por supuesto que el cambo climático es un hecho, así que proporcionan un índice muy expresivo:
Climate Change Mitigation Opportunities Index 2017. Navigating In-Country Opportunities for Technology-Enabled Sustainable Investing
Lenguaje apropiado: mitigación, oportunidades, inversión)

viernes, 6 de julio de 2018

Blanda lex

Se suele decir lo contrario: dura lex, sed lex. Será dura, pero es que es ley. Pero leídas las cosas que se dicen estos días sobre el nuevo miembro del Tribunal Supremo estadounidense que tiene que nombrar el presidente Trump, uno se da cuenta de que la ideología del juez cuenta más de lo que debería. Si la ley fuese tan dura, no importaría que el juez fuese conservador o muy conservador. Bastaría con que fuera juez. Pero no. Sus opiniones previas sobre el aborto, sobre la privacidad, sobre las relaciones laborales y hasta sobre el medio ambiente "reblandecen" suficientemente la ley como para que su dictamen vaya en una dirección u otra. En el caso que ahora me ocupa, el nombramiento rompería el empate entre uno y otro bando, haciendo que los fallos sean diferentes a lo que serían si el empate se rompiera en la dirección contraria. 
No hace falta decir que algo parecido sucede en esos tribunales que nombra el gobierno de turno "a su imagen y semejanza". La ley será dura, pero parece que es maleable.
(Añadido el 9: en la misma dirección el caso del Ecuador con el ex-presidente Correa y el del Brasil con el ex-presidente Lula)

jueves, 5 de julio de 2018

Llegó el lobo

El pastor que mentía al gritar "que viene el lobo" acertó una vez: la última. No sé si pasa algo parecido con el fin de la hegemonía estadounidense de la que los pastorcillos (comenzando por Jimmy Carter) vienen hablando hace años. Pero es del Financial Times y encaja con lo que reproduje ayer y titulé "más claro, agua". El resumen del FT es muy sencillo:
Omito los argumentos que, como siempre, algunos tienen más fuerza que otros. Pero así es la vida. La certeza no cabe, a veces, ni en la Historia. No te digo en el futuro.