domingo, 18 de noviembre de 2018

Polémica medieval

Fue la de los universales, con Abelardo, Ockham y todos aquellos que discutían si las palabras que se referían a cosas generales (los conceptos) eran meros "flatus vocis" o eran "ens rationis cum fundamento in re" o eran cosas en sí mismos. A eso me suena la polémica sobre nacionalismo y patriotismo que ha levantado Macron y que ha sido seguida o ninguneada por unos u otros. 
No voy a repetirme, pero resulta curioso el aroma medieval que tienen discusiones sobre qué "ES" el nacionalismo y qué "ES" el patriotismo. Porque la respuesta, en mi opinión, es "depende". 
Hay, en efecto, doctrinas y comportamientos constatables y observables. Cómo les llamemos será cuestión de discutirlo y lo habitual es o recurrir a una escuela de pensamiento que tiene "su" definición o, muchas veces, utilizar la definición que mejor se adapta a los intereses de quien define.
Hay, cierto, personas que creen que el mundo se divide en naciones, aunque no, como he visto citado hoy, del mismo modo con que los entomólogos clasifican a los insectos. Otros creen que las personas pueden clasificarse en "razas". Efectivamente, hay quienes creen que las naciones y las razas existen con independencia de quien observa la realidad y quienes creemos que son construcciones mentales ("cum fundamento in re", eso sí) para clasificar a las personas. 
Lo observable es que no solo se trata de herramientas para ver la manía clasificatoria de los humanos, sino que incluye algunos elementos más. Creer en la existencia de las razas suele incluir el creer que se pueden jerarquizar en razas superiores e inferiores, teniendo las primeras algo así como derechos para sojuzgar a las inferiores o, por lo menos, "civilizarlas", es decir, someterlas al modo de ver las cosas de los supuestos "superiores". 
Creer en la existencia de naciones (no se discute la existencia de los nacionalistas, que eso sí que es observable, como los religiosos son observables aunque su dios no lo sea) también suele incluir la creencia en la obligación de defender la propia frente a las demás, llegando a la inmolación ya que "morir por la Patria no es morir, es vivir" como decía el himno colombiano.
¿Patria, has dicho? Se puede definir igual que nación o se lo puede distinguir de nación por un mayor énfasis en el patriotismo hasta dar la vida por la Patria, es decir, muy cerca de la definición de nación.
En general, parece que hay definiciones buenas y definiciones malas. A las buenas se les puede exigir claridad, adecuación con alguna realidad observable y capacidad de satisfacer los intereses políticos de quien las elabora o simplemente enuncia. Puede, en efecto, suceder que uno se refiera a Patria para tratar de la lealtad a la propia, a su "grandeur", y Nación como algo que excluye a los demás, cosa que, según estos, no sucede con los patriotas. Patria para el propio país y no-nacionalismos excluyentes en la Unión Europea, siguiendo a Macron.
Por mi parte, hace ya años exploré la posibilidad de nacionalismos sub-estatales (por ejemplo, el catalán o el corso o el escocés), estatales (por ejemplo, el español, el francés, el británico) y supra-estatales (el, por ahora fallido, de la Unión Europea, pero también el de Nuestra América). No es cuestión de nombres o de palabras, sino de cosas a las que aplicamos etiquetas.

sábado, 17 de noviembre de 2018

Democracia insatisfactoria

Me llegó ayer a su debido retraso The Economist del 10-16 de noviembre. Gracias a google, copio de ese ejemplar estos tres gráficos que ellos toman del Latinobarómetro, que ponen en su contexto las preocupaciones sobre el futuro del Brasil después del triunfo de Bolsonaro.
El primero es claro: la satisfacción con la democracia cae de forma visible en estos últimos años. Los que se declaran satisfechos con tal forma de gobierno no llega el 30 por ciento de los encuestados. Que lo prefieran como forma de gobierno ya no llega a la mitad de los encuestados.



El segundo también es claro, país por país: en todos los casos los satisfechos con la democracia caen notablemente por debajo del porcentaje de los que la prefieren como forma de gobierno. El caso de Venezuela, pero también el de Honduras y Guatemala, son curiosos. Pero obsérvese el puesto que ocupa el Brasil en el conjunto.



Con el típico humor de The Economist, este último gráfico muestra dos cosas. La primera, que cae la confianza en todas las instituciones sobre las que se pregunta y, segunda, que los partidos políticos ocupan el lugar más bajo en la confianza, a mucha distancia de la Iglesia, aunque ahí tal vez habría que haber especificado si se trata de la Católica o de las Evangélicas. No hay nada perfecto.



viernes, 16 de noviembre de 2018

Caveat canis

Es una vieja historia romana. Los perros fueron sacrificados por lo que sus antepasados no habían hecho o habían hecho mal. No pasará con los diversos "exit" que pueblan los medios estos días, empezando por el Brexit, pero, como suelo hacer, sin quedarme en él.
Este artículo plantea los, de momento, efectos de un proceso que ha partido en dos a la sociedad británica comenzando por los dos partidos mayoritarios y que comenzó con las exageraciones y mentiras del "process". Reducirlo todo a un "take back control", recupera el control, es, dice, una manipulación. Queda muy bien y es pegadizo, pero no responde a algunas preguntas concretas sobre el contenido de dicho control y la personería de quienes lo recuperan. Mentiras al margen.
Tal vez ahora los partidarios de quedarse sean algo más numerosos que los brexiters, pero la sociedad sigue dividida por sentimientos encontrados que tienen su propia lógica. Conviene, a este respecto, volver a la vieja idea de que hay que ver en qué condiciones materiales y demográficas se producen esos sentimientos para entenderlos de manera algo menos sesgada.
Se ha llegado a un punto en el que, hagan lo que hagan los políticos, los efectos son negativos para el conjunto de la sociedad (no para grupos concretos, como suele suceder siempre: siempre hay ganadores). Están atrapados en el juego que ellos mismos comenzaron, aunque alguno de aquellos iniciadores hayan escurrido el bulto y acaben yéndose de rositas: no serán sacrificados, ya se han encargado ellos de quedarse al margen de esta situación en la que tanto la secesión unilateral (Brexit duro) o la de las quinientas páginas de acuerdo llevan a una agudización "positiva" de las contradicciones. Encima en incremento de incertidumbre adicional en un mundo en el que economía, geopolítica (guerra incluida) y medioambiente se alían para generar una incertidumbre de base, con riesgos más que evidentes. Encima "Brexit cannot be properly articulated because it has made a sacred cause of fighting for the very thing that Brexit’s voters don’t care about". Lo de "sagrado" es muy significativo.
Los perros que no hicieron lo que debían no serán sacrificados. Tampoco sus sucesores, excepto, tal vez, la sra. May. Ya se encontrará a quién echarle las culpas como chivo expiatorio. Los judíos, tal vez, de nuevo. O los musulmanes. O vaya usted a saber.

Predicciones

Tengo un amigo que se dedica a algo parecido a la logística. Con una formación científica muy completa (investigación operativa, pero también biología y física nuclear) se dedica a modelizar empresas complejas. Dice que es lo mismo que modelizar una molécula en la que los inputs y los outputs pueden predecirse según el funcionamiento de la molécula en cuestión. Una gran empresa sería como una molécula: se sabe dónde están las necesidades de materia prima, dónde está la mano de obra, dónde están los almacenes y, más o menos, qué demanda se puede suponer para los productos de la empresa. La predicción (normativa) puede ser muy específica, incluyendo cuándo deben abrirse determinados almacenes y qué ritmo debe tener la producción para que, al final, el producto llegue en tiempo y forma al consumidor. Vale, pero no tiene en cuenta que el portero-vigilante del almacén, cuando le digan que tiene que abrir a las 7:30, reaccione con un "qué me van a decir a mí estos listillos de Madrid cuando yo llevo abriendo el almacén, los últimos 20 años, a las 8. Qué sabrán ellos".
Inventado, por supuesto, pero con una finalidad: entender que en estos modelos muy elaborados hay siempre una variable de difícil control: la libertad humana que, en muchos casos, hace impredecible su reacción.
Claro que este cuento inventado lo traigo a colación a propósito de las "predicciones" electorales que tanto entretienen a los medios de comunicación y, en silencio, a los partidos políticos que las encargan. El modelo puede ser de lo más elaborado: muestreo, tratamiento de los datos y presentación de resultados. Pero difícil resulta controlar las mentiras, olvidos, despistes y lagunas mentales de todos los entrevistados si es que la predicción se ha hecho con encuestas y no con big data. Los modelos pueden ser casi tan elaborados como los de mi amigo en la logística, pero al margen de que hay quien dice que los algoritmos son, entre otras cosas, ideología representada matemáticamente, sí parece que hay que tomar esos resultados cum mica salis, con cuidadito, y sin necesidad de entrar en interesadas disputas sobre "mi algoritmo lava más blanco" o "tu algoritmo no acierta ni una". Mejor tomarlo todo a beneficio de inventario. Con menos riesgo que la logística, por cierto.
Y un tercer caso. Anteayer tuve que ir a la ciudad con mi habitual autobús nº 23. Asuntos personales desde la boca al bolsillo. Pero tenía que ver si iba en autobús como siempre o llamaba un taxi, ya que no conduzco. La razón era la predicción de lloviznas, lluvias y chubascos justo para las horas en que tenía las dos citas, la dental y la bancaria. Como gato escaldado que del agua fría huye, recurrí a tres webs diferentes que hacen predicciones sobre el tiempo que puede hacer de inmediato. Lo de recurrir a tres era por ver los posibles acuerdos entre ellas, habiendo quedado escaldado con los fallos garrafales de una única web que seguía a este respecto: sol esplendoroso cuando debería haber habido, según la predicción, lluvia o chubasco cuando de eso nada según la predicción. Recurrir a tres aumentaba la incertidumbre, pero me podía dar una mejor información si coincidían aunque solo fueran dos de ellas. Pues caos total: escuchaba los truenos cuando la predicción había sido de cielo nuboso en las tres. Todo un éxito. Y ahí no había un vigilante-portero que, en su libertad, echaba por tierra los elaborados algoritmos del SAP. Ahí había la dificultad de predecir para la localidad lo que, tal vez, se pueda predecir para ámbitos geográficos más amplios. 
Probabilismo. Una amiga está terminando su tesis doctoral sobre unas dichosas moléculas en el laboratorio de su lejana universidad. Me dice lo mismo que diría un sociólogo (campo que están ocupando los politólogos, pero esa es otra  que tiene que ver más con departamentos universitarios que marcan terreno meando como los perros que con diferencias reales entre disciplinas). Me dice que ella puede saber, con cierto margen de error por supuesto, qué porcentaje de sus moléculas se van a comportar de una manera o de otra, pero que, a efectos de su tesis, es incapaz de predecir qué va a hacer esa molécula individual y concreta. 
Por lo que veo, los meteorólogos pueden predecir sobre grandes superficies, pero tienen gran des dificultades para hacerlo sobre territorios pequeños.
Y los de las encuestas... Ni te digo. Pero las predicciones son inevitables. Lo único es no tomárselas con fanatismo.

jueves, 15 de noviembre de 2018

Fuerza militar

Una comisión en la que participan demócratas y republicanos que se acaba de publicar en el Congreso de los Estados Unidos llega a la conclusión, evaluando la política militar del presidente Trump, que el poder militar estadounidense ha decaído y que podría perder una guerra con Rusia o con la China.
Curioso que, siendo potencias nucleares las tres, la comisión no se haya planteado la posibilidad que ya se planteó durante la Guerra Fría, a saber, la MAD (loco en inglés, pero también acrónimo de Destrucción Mutua Asegurada, según se avanzó en un informe que dirigió Carl Sagan y publicó en 1984 al hablar del invierno nuclear que se produciría por un intercambio entre aquellas dos super-potencias, ahora tres).
Esta tabla con la respectiva posición en un Índice de Potencia Militar, sitúa a los tres en sus respectivos tres primeros puestos y no creo que hayan cambiado mucho desde 2017, año de la mayoría de los datos, a la actualidad:
España ocuparía el puesto 19 que, en buena parte, solo serviría para mejorar el puesto que ocupan los Estados Unidos, tal y como se calcula el índice. Pero lo que es preciso subrayar es que, a pesar de las numerosas guerras que hay en este momento en el mundo, la que tendría que preocupar de manera más general es precisamente cualquiera de esas dos que preocupan a los miembros de la comisión parlamentaria.
Estas son las otras guerras según recoge el informe Alerta 2018! de la Escola de Cultura de Pau:
Rusia aparece como conflicto interno. En general, no se trata de fuerza militar sino de intensidad de un conflicto que ha llevado a la violencia armada con más o menos participación de los tres peligrosos aunque la India y Turquía también estén en las dos listas.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Democracia maltrecha

Ya se propuso en abril y se ha vuelto a proponer en octubre. En el Congreso de los Diputados español son muchos los que quieren que su gobierno tome cartas en el asunto de la democracia en Venezuela. Se habla de falta libertades, de elecciones desarrolladas según criterios poco democráticos y hasta se habla de régimen dictatorial. Pongámoslo en perspectiva utilizando el Democracy Index 2017 publicado hace pocos meses por la Ecoonomist Intelligence Unit.
Primero, las cantidades. El informe habla de “democracias completas” (hay 19 y suponen un 4,5% de la población mundial), usa la frase “democracias defectuosas”, que no llegan a tal nivel (57, casi la mitad de la población mundial), “regímenes híbridos” (39 y 16,7%) y “regímenes autoritarios” (52 países, 34% de la población mundial).
Después, el orden. Los primeros puestos los ocupan los “sospechosos habituales”: Noruega, Islandia, Suecia, Nueva Zelanda, Dinamarca y así hasta llegar a España, que ocupa el puesto 19, casi ya en el grupo de las “democracias defectuosas” en las que está Estados Unidos, empatada a puntos en el puesto 21 con Italia. Pero, a lo que voy, en los “estados autoritarios”, ¡sí! está Venezuela, empatada con Jordania en este índice de democracia, puesto 117. Vale, de acuerdo, aceptemos que los “buenos” y los “casi buenos” se preocupen por la pureza democrática de los “malos”. Porque ya se puede imaginar quiénes están en ese grupo. Pero lo que valdría la pena considerar es el puesto que ocupa Arabia Saudí: el 159, casi ya al final de la cola. Sin embargo, incluyendo el feo asunto de Khashoggi y el todavía más feo de la guerra en el Yemen, las críticas a los sauditas son mucho menores que las que reciben los chavistas, lo cual hace pensar que la situación interna de otros países ocupa a sus señorías según y cómo. Les interesa por cuestiones locales partidistas, no por defensa de unos u otros.
Y ahí viene el tercer punto: las tendencias. El informe que estoy siguiendo constata “el peor retroceso de la democracia mundial en años. Ninguna región registra una mejora en su índice desde 2016, en la medida en que los países muestran electorados polarizados. En particular, la libertad de expresión se enfrenta a nuevos desafíos tanto desde actores estatales como no-estatales”. ¿Qué ha pasado?
Pues, en primer lugar, siempre según el informe de The Economist, está el descenso de la participación no solo en las elecciones, sino también en la política. Después, la debilidad que muestra el funcionamiento de los gobiernos acompañada de una disminución de la confianza en las instituciones que tiene, como “guinda”, la falta de atractivo de los partidos convencionales (aquí antes eran los del “régimen del 78” o del “bipartidismo”, ahora son todos). La tendencia también incluye una cada vez mayor separación entre las élites de los partidos y los electores, separación real, no la retórica que esa sigue por otros caminos ya que esas élites dicen hablar en nombre de la ciudadanía, la gente, la nación, el interés general, el pueblo y hasta el electorado. Y esa tendencia se ve agravada por la irrupción ahora desmedida de instituciones que no han sido objeto de voto y que están pobladas de expertos que no tienen que rendir cuentas a nadie más allá de su campo y, a veces, ni ahí (en economía se dan casos muy curiosos a este respecto; y en lo jucidial). Para acabar, una reducción en la libertad de expresión.
Hasta ahí el informe al que yo añadiría la política del tuit no solo por el predominio de ocurrencias y retórica, sino también por la impresión engañosa de estar participando que produce.
“Dime de qué presumes y te diré de qué careces” podría ser el tuit a propósito de este interés selectivo por la democracia de los demás. Basta escuchar a Maduro para constatar que es el Congreso español el que no funciona como debería mientras que las instituciones políticas venezolanas gozan de buena salud democrática. Recurrir a “son de los míos” o “son los contrarios” para dirimir entre unos y otros no parece que sea el mejor medio de mejorar la situación de la democracia a escala mundial.
Porque lo que late en el fondo, y preocupa a los demócratas, es el auge de respuestas autoritarias dentro de sistemas clasificados como “democracias plenas” o “defectuosas”. Mejor no reducir el problema a Bolsonaro, Trump, Orban o Salvini y sus avatares. Es que, en efecto, y más allá de estas cuantificaciones algo complicadas, hay una epidemia mundial antidemocrática.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Por lo que respecta al Positive Peace Index 2018, los extremos del “ranking” no cambian mucho, pero sí hay algunas modificaciones para lo que aquí se presenta: Los Estados Unidos ocupan el puesto 18 -mucho mejor que en el “ranking” de democracias-, España el 23, pero la gran diferencia es Arabia Saudita en el 60 y Venezuela en el 137. Tal vez el gobierno de esta última ya no tenga dinero para comprar corbetas y bombas “inteligentes” como los sauditas, a los que el gobierno español parece apoyar especialmente.
Item más: puede leerse esta breve descripción de los defectos de la democracia estadounidense. Recuérdese que Clinton tuvo más votos que Trump y que, en las recientes elecciones para el Senado, los demócratas tuvieron más votos que los republicanos, pero ganaron los republicanos. Todo ello sin ponerse conspiranoide con el "gerrymandering", los trucos para evitar que voten los posibles contrarios y las sospechas sobre algunos sistemas informáticos para el recuento no verificable de los votos)

Calentamiento global: por fin

Es constatable dicho calentamiento. Lo del cambio climático hay que dejarlo a los modelos matemáticos que lo anuncian para pronto si no se hace nada para evitarlo o lo que se hace es firmar acuerdos internacionales que no se cumplen o, incluso, que son objeto de retirada de firmas (el caso de Trump con los acuerdos de París). Retórica o brindis al sol.
Por eso es importante reconocer las decisiones que se han tomado ahora, por ejemplo en España, y que se reconocen desde fuera, aunque todavía esté en borrador de una futura Ley de Cambio Climático y Transición Energética. No es el único gobierno que anuncia tales decisiones, lo cual hace generar algunas expectativas optimistas al respecto. Pero ahora llego con las rebajas.
Primero. Con independencia de lo bienintencionada que pueda ser esta ley, de poco sirve si otros países altamente contaminantes y productores de elementos que aceleran el calentamiento no hacen nada. En particular, los mayores productores, los Estados Unidos y la China (se discute cuál de los dos contamina más).
Segundo. Con independencia de la rapidez con que los coches no-contaminantes lleguen al mercado a precios asequibles, lo de los coches es un porcentaje pequeño respecto a otros factores mucho más agresivos que tienen que ver con el carbón. Leí, pero no encuentro ahora, que una central térmica basada en el carbón era mucho más agresiva que un considerable número de coches convencionales emitiendo contaminantes. Habrá que ver si en las diversas leyes de "cambio climático" que se están produciendo se ataca a los más fuertes o a los más débiles: no es lo mismo exigir (más o menos) a la industria automovilística y su lobby internacional que cambie de modelos que cerrar centrales eléctricas.
Tercero. La política, a lo que parece, es cortoplacista. Una ley como la española tiene efectos electorales y solo electorales. No va a imponer medidas que pongan nerviosos a los electores, todavía más cortoplacistas que sus representantes. Electores que son tanto "de los que no nos enteramos de lo que se cuece en las alturas" (entre los cuales me incluyo, visto lo que está saliendo sobre enjuagues y conjuras "en las alturas", que supongo son la punta del iceberg) como de los dispuestos a financiar partidos, medios de comunicación y grupos de presión en función de sus intereses inmediatos que suelen tener que ver con el beneficio y no con el medio ambiente. También hay partidos políticos que pagan a periodistas "afines" y es de suponer que las grandes empresas, también las petroleras, además de su accionariado, también lo hagan. Cortoplacistas todos, poco dispuestos a pensar en ese mítico aumento fatal de la temperatura media del Planeta para 2020 que ha intentado documentar el IPCC. Lo que nos digan, como esta ley a propósito de los coches, para 2040 o 2050 y que habrá que ver si se aprueba, afectará, tal vez, a mis nietas. A mí, ciertamente, no. Así que "el que venga detrás, que arree", parecemos decir.
(Añadido el 18: la propuesta española parece estar en línea con el moribundo Acuerdo de París del que ya se han dado de baja países altamente contaminantes como los Estados Unidos)
(Del New Yorker