domingo, 17 de diciembre de 2017

Vacaciones hasta el 3 de enero

Publicaré el 20 y el 27, miércoles. Volveré el 3 de enero.

sábado, 16 de diciembre de 2017

Discuten la desigualdad

El informe de Piketty y otros sobre la desigualdad se cita y se critica aquí. La discusión me muestra una cosa: que es muy difícil escaparse de la propia ideología (y todos la tenemos: todos). 
El viejo Weber, que en gloria esté, hablaba de los juicios de valor, igualmente inevitables: indicaban lo que el autor juzgaba bueno o malo, deseable o indeseable. Una vez reconocidos, la cuestión era respetar lo más posible los datos disponibles y hacerlo de manera intersubjetiva (ahí subyace una cita a lo que Aristóteles consideraba "ciencia").
Son dos cosas distintas. Cierto que si uno, entre igualdad y crecimiento, prefiere (es ideología) una cosa u otra, los datos que buscará serán unos u otros, en cuyo caso lo que habrá que discutir no son las preferencias sino si los datos se corresponden con la realidad (adecuación del intelecto a la cosa). Y cierto también que si uno prefiere mercado irrestricto o intervención del Estado (de nuevo, ideología) como forma de conseguir aquellos objetivos ya elegidos, pues habrá datos que no le convendrán, pero lo que hay que exigirle es que los que presente cumplan con los criterios de intersubjetividad. 
Cuatro posibilidades políticas y vea cada cual lo que dan de sí:
1. Conseguir reducir la desigualdad mediante el mercado
2. Conseguir reducir la desigualdad mediante el Estado
3. Conseguir mayor crecimiento mediante el mercado
4. Conseguir mayor crecimiento mediante el Estado
Y ahora piénsese en estas otras dos posibilidades:
1. Primero crecimiento y después reducción de la desigualdad (doy por supuesto que la igualdad es imposible). Son algunos socialdemócratas.
2. Primero reducción de la desigualdad y después crecimiento. Son algunos revolucionarios.
Y, finalmente, supóngase que estos planteamientos son excesivamente dicotómicos, cartesianos, "occidentales" y que se podría pensar en buscar ambos objetivos (crecimiento y reducción de la desigualdad) a la vez mediante ambos instrumentos (Estados y mercado). Tal vez entonces el caso de la China que se subraya en el artículo que cito adquiere todo su sentido.

viernes, 15 de diciembre de 2017

Narcisismo político

Dos artículos, separados por muchos motivos, acaban coincidiendo. El primero, publicado en El País, habla sobre el narcisismo individual y su relación con el narcisismo colectivo (nacionalismos varios). Vale la pena leerlo. El segundo, publicado en Social Europe, describe una alternativa que el Brexit (a lo que hay que añadir los avatares, por lo menos, del alemán Alternative für Deutschland, el francés Front National y la italiana Lega Nord entre otros) representa: por un lado, la afirmación de las propias identidades diluidas en la Unión Europea y, por otro, la afirmación de las ventajas que la Unión representa para sus ciudadanos y más si se dan pasos en el marco de una política social común, hasta ahora mínima y muy cargada de buenos deseos y pocas prácticas.
Este último planteamiento hace ver las dificultades que puede tener un intento de unir todavía más a la renqueante Unión: hay fuerzas "narcisistas" a la contra. Pero también los riesgos de mantener la actual tendencia a la disgregación. Ambas fuerzas son constatables, aunque el narcisismo parece dominante.
El nacionalismo europeista tiene, pues, algunas dificultades.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Democracias en el mundo

El Pew Research Center proporciona estos mapas sobre la difusión del sistema democrático en el mundo:

Si es por número de países, esta es la evolución:
Nearly six-in-ten governments are democracies
Como siempre, el problema son los indicadores que se utilizan para clasificar a los países y el criterio utilizado para, una vez situados en un continuo de +10 a -10, cortar por los extremos (autoritarios y democráticos) y dejar algo entre ellos (los semi-democráticos/semi-autoritarios, la "anocracia" como la llaman en la base de datos en que el PRC se basa).
Se puede ser crítico con las democracias realmente existentes (y reconocer, por ejemplo, que los Estados Unidos han bajado dos puntos en ese continuo) y levantar acta de la mala calidad de algunas supuestas democracias y su "estado de bienestar para ricos" (Nanny State) por ejemplo. Son evidentemente mejorables. Pero, como sistema, parece que la "tercera ola" de democratizaciones  de las que hablaba Huntington -y discutía en 1991- se ha cumplido.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Raíces confusas

Son dos cosas muy diferentes. Por un lado, la violencia contra las mujeres (maltrato, violación, asesinato) que a veces se acaba llamando terrorismo machista. Por otro, lo que también se llama terrorismo, pero islamista. Básicamente, atentados y masacres. Sin embargo, tienen algunos elementos en común que permiten hacerse preguntas sobre uno mientras se piensa en el otro. Uno de esos elementos que encuentro en las cosas que leo y escucho, es la tendencia, de frecuencia variable, a atribuir a una ideología, respectivamente la del machismo y la religión del Islam, la causa de tales violencias. Y no lo tengo claro.
Si el machismo fuera “la” causa, tendría que estar mucho más difundida esa violencia ya que, como ideología, afecta a capas muy numerosas de la sociedad, incluidas algunas mujeres que pueden trasmitirla (y lo digo sabiendo que tal afirmación es considerada ya como machismo, pero los hechos son tozudos). Y lo mismo se puede decir del Islam: si es “la” causa, el terrorismo así clasificado tendría que ser mucho más frecuente. Pero es que ni todos los machistas practican la violencia contra las mujeres ni todos los musulmanes practican la violencia contra… ¿contra quién?
Ahí entraría una de las posibles diferencias entre las dos lacras. En el afán simplificador, se supone que el terrorismo islamista es “contra Occidente”, contra “nuestros valores” y contra “nuestro modo de vida”. Se pasa por alto un pequeño detalle: los ataques terroristas contra “Occidente” son minoritarios si se los compara en frecuencia y letalidad con los producidos contra el resto del mundo y, sobre todo, los practicados en países de mayoría musulmana. Si la religión es la causa, tendría que saberse que esa religión prohíbe explícitamente el asesinado de correligionarios, aunque ya se sabe lo acomodaticias que suelen ser estas ideologías: los practicantes de la variable sunita pueden considerar no-musulmanes a los sufíes de la península del Sinaí, aunque estos se declaren seguidores del Profeta y celebren sus aniversarios como los demás musulmanes.
Pero es que el recurso al texto sagrado siempre es problemático ya que, en él, que no es un código de derecho civil sino una fuente de inspiración, se pueden encontrar legitimaciones tanto de una cosa (la violencia) como de su contrario (la no-violencia o, si se prefiere, la paz). Igual que en el cristianismo no solo en su Antiguo Testamento con escenas de exaltación de la violencia más bien extremas (la escena del futuro rey David presentando al rey Saúl los doscientos prepucios de filisteos para así conseguir la mano de la hija de este, es un buen ejemplo -1 Samuel 18:27-). También en el Nuevo Testamento se puede seguir a quien dice “No he venido a traer la paz, sino la espada” (Mateo 10:34) o al Jesús que dice a Pedro “Mete la espada en su vaina” (Juan 18:11) que, evidentemente, iba armado. Pero, a lo que voy, no sirve de mucho instalarse en la pregunta sobre “contra” quién ni tampoco afirmar que todo se debe a una creencia. Hay que preguntarse algo más: por qué se produce.
La violencia contra las mujeres, como su mismo nombre indica, sí se practica contra alguien: las mujeres. Pero igual que sucede con el terrorismo islamista, que toma una luz diferente cuando se ve contra quién se dirige, ya que, sin suprimir los objetivos “anti-occidentales”, hace ver que hay otros problemas, objetivos y motivaciones diferentes, con la violencia contra las mujeres podría suceder algo semejante (no idéntico, claro). Quiero decir que instalarse en el anti-machismo, como en el anti-islamismo, no proporciona buenas indicaciones sobre cómo terminar con tales comportamientos. Si situamos la violencia contra las mujeres en el contexto de la violencia contra los considerados como vulnerables (niños, ancianos, vagabundos), el papel de la ideología se reduce notablemente, aunque no desaparece.
Tampoco desaparece la ideología de los que se instalan en proclamar y reducir la cuestión a “terrorismo islamista contra nosotros” o a “terrorismo machista contra las mujeres”. También son ideologías más o menos elaboradas y con enlaces con otras ideologías más o menos en alza. Planteadas así, no proporcionan, que yo sepa, buenos instrumentos para evitar esas violencias. La xenofobia y el control del diferente y el etiquetado y el aumento de penas, si no se va a las causas no-ideológicas, probablemente solo hacen aumentar el problema, aunque proporcione satisfacciones intelectuales como las que presta cualquier visión simplista en un mundo complicado, que lo ha sido siempre y siempre ha producido respuestas fáciles que dejen “corazones y mentes” en sosiego y quietud.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Añadido el 14: me estoy refiriendo a las violencias directas. Si introducimos las violencias estructurales -como se hace aquí en Le Monde a propósito del racismo- la discusión cambia notablemente. Y lo mismo sucedería si introdujésemos las violencias culturales. Pero ya se sabe que es imposible producir un mapa de la realidad a escala 1:1. Es más fácil hacerlo siguiendo los dictados de una determinada ideología, como sería el caso de la xenofobia)

Conspiranoides del mundo entero, uníos

Porque igual tenéis razón. Por lo menos, eso, y la fuerza que podéis tener, es lo que termina documentando el conjunto de documentos que dieron a conocer ayer el The Guardian y el Bureau of Investigative Journalism. Tratan del dinero que invierten grandes empresas para infiltrarse e intentar "orientar" diversos movimientos sociales que no encajan con los intereses de aquellas. Hay de todo y, como era de esperar, entre los "investigados" están los que niegan el cambio climático y los que critican la ocupación israelí de Palestina (esto último no sé cómo encaja con lo de las empresas, pero sí encaja con movimientos sociales, centros de poder y alarmas varias)
Es un mundillo del que es difícil, por definición, tener información fiable: es subterráneo aunque el dinero venga de "muy arriba" y, en algunos casos, incluso aparezca en los limpios estados de cuentas y balances de dichas empresas. Pero tiene sentido: defienden sus intereses y el de sus accionistas, que es el fin primordial de toda empresa. Como los gobiernos: pueden predicar contra el cambio climático y firmar todos los tratados internacionales que haga falta mientras no mueven un dedo en el campo en el que sus intereses están. Y están donde sus financiadores (que viven en el corto plazo de su próxima junta de accionistas, aunque con excepciones), pero también donde sus electores, que están dispuestos a predicar la importancia de un tema... siempre que no les afecte en su quehacer diario. Hace poco leí (y ahora no encuentro la cita) la producción de CO2 que suponían los viajes en avión de los contrarios a las emisiones de CO2.
Reconozco que en los medios españoles que veo, escucho o leo, más que estos temas, han preocupado otros, en particular los referidos a la campaña electoral en Cataluña, el tamaño del esfínter de un candidato o el carácter de puta de otra candidata, otras descalificaciones más o menos barriobajeras entre candidatos, evidentes contradicciones entre candidatos del mismo partido, recursos leguleyos fantasiosos sobre excepciones a la aplicación de la ley (que será ilegítima, pero es la que hay), despejes a córner, sentimentalismos y demás asuntos que no tienen nada que ver con lo que se está discutiendo: quién va a gobernar para hacer qué (y en el caso que se diga esto último, aplicación contradictoria de fantasías adicionales). Esto sí que son noticias (cercanas, impactantes, dramáticas, entretenidas, personales, teatrales) y no lo que cuentan los de Bureau que a quién le importa. Demasiado abstractas, lejanas, invisibles -sin imagen posible-, constantes -no puntuales- y, por lo visto, sin importancia. Pues paciencia.

martes, 12 de diciembre de 2017

Facilidad para matar

Este gráfico lo he reproducido muchas veces (incluso en las diapositivas que he preparado sobre "Violencia y paz" y que están a la derecha de este blog). Está tomado del libro On Killing en el que el teniente coronel Grossman intenta hacer entender las semejanzas por un lado entre el entrenamiento militar para que los soldados cuyo temperamento no se lo permita aprendan a matar a semejantes, cosa que los "normales" suelen rechazar con repugnancia y, por otro, el pandillismo estadounidense.

Hay un punto que me lo ha hecho recordar: la distancia entre el victimario y la víctima, que lleva a los experimentos de Milgram que mostraron y han mostrado que a menor distancia entre ambos, mayor dificultad para matar. Por el contrario, a más distancia, más facilidad para matar. Y me lo han hecho recordar los enlaces y las reflexiones de este Tomgram del Tomdispatch en dos cosas: por un lado, la adicción a la guerra por parte de los Estados Unidos y, por otro, el papel que juegan los drones, con el máximo de distancia pensable entre victimario y víctimas, en esta escalada de muertes.
I’m talking about America’s robotic killers, the drones that long ago were grimly named Predators (retired this year) and their more advanced cousins, the Reapers (as in Grim...), who have taken a once-illegal American activity, political assassination, and made it the well-respected law of the land and increasingly of huge swaths of the globe.
Por encima, está el hecho de que la autoridad que ordena matar  está todavía más alejado de los previsibles muertos (porcentaje de civiles creciente). No en vano a los pobres diablos que dejaron caer las bombas sobre Hiroshima ("Little Boy" que causó entre 80.000 y 100.000 muertos) y Nagasaki ("Fat Man", entre 39.000 y 80.000) se les ordenó no mirar abajo. Ojos que no ven...