miércoles, 17 de julio de 2019

Ex pluribus plures

El ideal era otro: e pluribus unum, a partir de muchos construir una unidad. Un nacionalismo integrador en un pueblo de inmigrantes (otra cosa eran los indígenas, los pueblos originarios). Pero era el totalmente opuesto al ideal del nacionalismo nazi: una raza, una nación.
Un tuit del presidente de los Estados Unidos (la política mediática se juega ahora en twitter) había sido considerado como racista. A cuatro congresistas demócratas les había dicho que se fueran a su país de origen y, añadió, que si no les gustaba, que se marcharan. Obviamente, se trata de mujeres inmigrantes o de segunda generación (el presidente, por cierto, es de tercera: fue su abuelo el inmigrante, pero de país "blanco"), con lo que el sexismo también planeaba sobre aquellos tuits. Bueno, cosas de este buen hombre dispuesto a sorprender.
Pero mucho más sorprende que en una rueda de prensa en la Casa Blanca, al preguntar el periodista sobre el asunto, la portavoz en ese momento sólo tuviera una contra-respuesta: "¿Cuál es su etnicidad?". El periodista resultaba ser judío y la discusión podría haber ido hacia terrenos complicados. Por ejemplo, ¿debía el periodista, caso de estar descontento, irse a Israel o a los territorios ocupados o a Palestina todavía libe -es un decir-?
Una de las atacadas, en la rueda de prensa del "escuadrón", se refirió a los tuits presidenciales como representativos del "nacionalismo blanco", de los que creen que hay una raza, la blanca, con derechos allí de luchar por un Estado blanco, sin contaminación de otras razas. Independencia, pues, para ellos. No hace falta mucho olfato para percibir la relación con ideas hitlerianas. Que se vayan los de otras "razas" (ya definiremos nosotros quién pertenece a la "nuestra") y creemos un Estado para nosotros solos, ciudadanos genuinos. Y si eso es imposible vista la realidad, pues peor para la realidad.
Impresionante esta proliferación de nacionalismos incapaces de enfrentarse a un hecho: que no hay ningún territorio homogéneo, que hay sexos, clases sociales, edades, orígenes geográficos, lenguas maternas y hasta, si me apuran, "razas", esa curiosa construcción humana con, a lo que parece, escasa base empírica, pero muy eficiente a la hora de encandilar incautos y llevarlos al huerto.

martes, 16 de julio de 2019

Más de dos

La lógica es aplastante: si la isla (Tuvalu, Kiribati) está muy poco por encima del nivel del mar, un aumento de dicho nivel (por calentamiento global episódico o por cambio climático permanente) podría llevar a la desaparición de dichas islas si, efectivamente, el nivel del mar (por descongelación de los Polos e icebergs) crece hasta cubrirlas totalmente (o en porcentajes significativos de su superficie).
La frase es demasiado larga, pero la lógica es corta: si A causa B y A se produce, entonces también se producirá B. Si el aumento de nivel del mar produce el anegamiento, si hay tal aumento habrá anegamiento. 
Pero, una vez más, conviene no dejarse deslumbrar por la sencillez de estos modelos con dos variables (en este caso, el nivel del mar y la altura de la isla). Y así se ha hecho: las islas ¡podrían reaccionar!, crecer y, por tanto, no desaparecer. Lo dejo para los biólogos que analizan la composición de tales islas y encuentran que tienen una fuerte presencia de corales y podrían ser objeto de intervenciones humanas para evitar tal anegamiento. Lo cuento porque, una vez más, hace ver que los modelos simples son fáciles de entender y por eso tienen el éxito que tienen. Pero que la "rugosa realidad" no es tan simple. Citaré a Rimbaud:
Moi ! moi qui me suis dit mage ou ange, dispensé de toute morale, je suis rendu au sol, avec un devoir à chercher, et la réalité rugueuse à étreindre ! Paysan !
Suis-je trompé ? la charité serait-elle soeur de la mort, pour moi ?
Enfin, je demanderai pardon pour m'être nourri de mensonge. Et allons. Mais pas une main amie ! et où puiser le secours ?

lunes, 15 de julio de 2019

Populocracia

Vino para quedarse, y aunque no aceptan ser clasificados como un "ismo" (como liberalismo, comunismo, socialismo), el caso es que tiene unas características que lo hacen distintivo. El populismo, por supuesto. 
Un artículo en el Financial Times
(https://www.ft.com/content/9b89b9be-a49b-11e9-a282-2df48f366f7d), después de la inevitable anécdota inicial, introduce el tema diciendo:
Populists are everywhere. They brought us Brexit, reshaped European politics, set globalisation into reverse and have begun to unpick the international rules-based order via the US president Donald Trump. They have spawned numerous academic studies and millions of column inches. But Fieschi writes: “It is a paradox that as populism has become more and more of a recognised political force in its own right, its boundaries have become hazier.”
Sus causas son económicas, culturales y sociales ("economic dislocation, cultural backlash, a feeling of “relegation”") . Dani Rodrik lo plantea aquí.
Y su característica más visible es su distinción entre el pueblo y la élite (en España, el Ibex-35, antes casta), élite que ha traicionado los intereses del pueblo, ocupada como está en sus propios intereses. La autora añade "autenticidad", pero en el sentido (para mi extraño) de darle más peso al instinto que al raciocinio. 
Efectivamente, sus fronteras son difusas. Por ejemplo, no solo los partidos etiquetados como populistas usan la "provocación calculada", yendo, por ejemplo, a una manifestación de la que saben que serán expulsados, como ha hecho recientemente en Madrid el partido Ciudadanos.
La conclusión es que si el enfrentamiento con el populismo (de derechas, de izquierdas, secesionista, unionista) se reduce al campo político y no se tienen en cuenta las raíces del mismo, el populismo seguirá aumentando, "infiltrándose" en partidos que no lo eran y generando un sistema menos democrático, por lo menos en el sentido de la democracia liberal. Pregunten al pueblo, se diría, y dejen de hablar en su nombre.

domingo, 14 de julio de 2019

Negacionistas

Rechazan la versión dominante o la oficial de determinados hechos. Por un lado, muestran que la realidad no es unívoca, sino que permite diversas interpretaciones. Por otro lado, hacen ver que la credulidad puede ir en cualquier dirección y que encontrará argumentos para fundamentar la propia versión. Dos ejemplos ahora que se cumplen 50 años de la llegada de los humanos a la Luna, cuya realidad se niega todavía tomándola como una conspiración más de las que el poder dispone para tenernos engañados. 
La de la Luna me pilló en Tiraque, Cochabamba, Bolivia. Recogía datos para mi tesis doctoral. Mucha gente de la ciudad se reía de la ignorancia de algunos campesinos que negaban aquel suceso. El argumento negacionista era claro: "todo el mundo" sabe que en la Luna vive el Señor Santiago; es así que los astronautas no vieron nada de eso; luego es evidente que no pudieron estar donde dicen que habían estado ya que, de haber estado, habrían visto al Señor Santiago (una adaptación popular de la figura, supongamos histórica, del apóstol de Jesús de Nazaret). En su contra estaba la autoridad del gobierno de los Estados Unidos y lo que se podía haber visto en la televisión. A su favor, sus creencias que explicaban que no se hubiera encontrado nada, luego no habían ido. Inútil argumentar.
El otro ejemplo, entre el siglo XVI y el XVII, es Galileo Galilei, que negaba la evidencia de que el Sol sale por Oriente y se pone por Occidente, es decir, que no daba por hecho que la Tierra está quieta y es el Sol el que se mueve. En su contra estaba la experiencia cotidiana (todo el mundo ve que es el Sol el que se mueve) y la autoridad de la Iglesia Romana, que no es poco.  ¿Cómo, si no, podría Josué haber detenido el Sol ante Gabaón? Tuvo, sí, sus problemas con la Inquisición (Galileo, no Josué) que le hizo retractarse, aunque todavía resuena su dicho entre dientes "eppur si muove". Y hay quien recurre ahora a la NASA para mantener la autoridad de la Biblia.
La mecánica del asunto es parecida. Como los que defienden que la Tierra es plana (opinión creciente, por cierto) o los que tienen teorías alternativas sobre el 11-S. Fe inamovible, uso selectivo (cosa, por otro lado, inevitable) de datos (nadie puede usarlos todos), recurso explicativo a una conspiración, anclaje de su visión en grupos militantes de dicho planteamiento. Claro, en el caso de Galileo los que mejor encajan en esta tipología eran los que negaban el heliocentrismo.
Queda un grupo del que conozco participantes: el negacionismo medioambiental, los que dicen que eso del cambio climático es falso o fruto de una conspiración ecologista o antiamericana (anti-estadounidense). No hace falta que sean expertos en la materia (que haberlos, haylos). Basta que su fe sea profunda. Como la de sus contrarios que insisten "con ocasión y sin ella".
Y después están los negacionistas económicos que convierten en programa su negación de la eficacia de determinadas políticas. El problema aquí es que también hay negacionistas de lo contrario. Problema de los datos y el método científico (que tampoco es mágico)

sábado, 13 de julio de 2019

Las culturas cambian; las tradicionales también

Para los que tienen la tentación de creer que las culturas no cambian ("mi nación es eterna", por ejemplo), sobre todo cuando piensan (o escriben) sobre culturas no-occidentales (a las que antes llamaban "primitivas"), este artículo sobre el Inti Raymi (fiesta del Sol) andino puede resultar interesante, sobre todo si se comparan sus inicios con su sentido actual en algunas de las variantes de esa cultura que no solo cambia, sino que no es homogénea: como todas, y más si se piensa que "cultura" es una palabra utilizada (originariamente como opuesta a Naturaleza -que se lo digan a Lévi-Strauss-) para describir comportamientos, costumbres, actitudes, valores y símbolos compartidos... por comunidades no siempre homogéneas y, por tanto, con "cultura" difícilmente homogénea.

Optimistas y pesimistas

No sé si ha habido una lucha mundial real, no retórica, contra la pobreza. Sí sé que los optimistas tienen razón al hablar de una reducción de tal lacra. Pero que todavía existe. Ahí nos podemos dividir entre los que reconocen la reducción y los que reconocen que todavía existe y en millones.
El asunto me recuerda lo que se va diciendo sobre la globalización digital, la nueva frontera hacia la que avanzamos con pasos muy seguros. Con peleas entre unos y otros, los que quieren controlar desde arriba o desde abajo. Pero sí parece claro que hay algo que se puede llamar "geopolítica digital" que llevará a que mande uno o mande otro. Pero, de nuevo, por seguir con el vocabulario de Umberto Eco, están por un lado los apocalípticos, los que dicen que nos controlarán todavía más de lo que nos controlan y no necesariamente para nuestro bien y los integrados que dicen que avanzamos hacia el mejor de los mundos posibles, en plan Pangloss, y que el 5G resolverá no solo los problemas que tenemos ahora, sino los que se podrían plantear en el futuro. No es paranoide pensar que, en estos últimos, hay un elemento de marketing, de intento de vender la burra.
Pero voy al paralelismo. Cierto que hay una globalización digital (no solo una geopolítica), cosa que podemos dejar para los optimistas. A los pesimistas les vendrá bien, porque les confirmará en su fe, dar un vistazo a este informe en el que se ve la diferencia entre países en lo que llaman internet inclusivo. 
Acabar con la pobreza (si era mediante un aumento del consumo) podía ser algo menos deseable de lo que se cuenta. Podría suceder algo parecido con el incremento mundial de la esperanza de vida generando dependientes. La globalización digital puede ser, igualmente, deseable: todos tengan el acceso a la información, la comunicación y el internet de las cosas. Pero, como dirán los pesimistas, podría significar un mundo orwelliano sometido al Gran Hermano de turno (se puede decir que las grandes empresas informáticas pelean por serlo y que quien mande sea facebook o twitter o google etc.).
Lo verá quien llegue. De momento, hay quien no tiene acceso, hay quien es manipulado y hay quien quiere/puede controlar. No me extrañaría que se tratara de la geopolítica de siempre pero por otros medios. Si se quiere debilitar a la Unión Europea, qué mejor que apoyar a los secesionistas catalanes o a los eurófobos italianos, como dicen que habría hecho Rusia y/o USA a través de Bannon. La digitalización es un medio que, como todo medio, puede usarse para dar la razón a los optimistas o a los pesimistas, para satisfacer los intereses de unos o de otros, asunto este último más relevante que el de ser optimista (aunque sea de la voluntad) frente al pesimista (aunque sea de la razón). Ya se sabe: Gramsci.

viernes, 12 de julio de 2019

Rumores

Los rumores nacen de las fuentes más diversas, incluyendo los rumores que son implantados conscientemente para orientar las opiniones en una dirección u otra. En todo caso, suelen tener efectos, aunque no sean más que los de colaborar en la difusión de una determinada versión de los hechos. Dos ejemplos personales.
A poco de haber tomado posesión de su cargo, un presidente de la diputación provincial (gobierno provincial) me nombró miembro de su gabinete. Joven sociólogo entonces (las dos cosas las he dejado con la jubilación) tenía que hacer cosas más bien sencillas. Banales diría yo entonces y mantengo ahora. Pero, poco a poco comencé a recibir invitaciones a "tomar café" por parte de periodistas (medios públicos), gestores de empresas igualmente públicas y alguna privada y los que podrían llamarse "líderes de opinión". No entendía su interés por hablar conmigo y la verdad es que las conversaciones eran sobre hechos y opiniones sin que, en ningún momento, se cruzara la línea entre lo que las cosas son y lo que se debería hacer... por mi parte. Con el tiempo entendí: se había extendido el rumor de que yo era como el Fouché de la diputación, el decididor en la sombra, y era cosa buena estar a buenas con esa autoridad subterránea que, erróneamente, se suponía que yo era. No tardó mucho en que el rumor se deshizo al chocar con la "rugosa realidad". Yo era un simple currito. Y las invitaciones cesaron, con gran alegría por mi parte.
El segundo caso es más complicado. Eran los tiempos de la violencia de ETA en España y de los intentos, por ambas partes o, mejor, por partes de ambas partes, de encontrar una salida airosa de una situación que no llevaba a ningún lado. Los medios que aplicaba ETA no llevaban a sus fines y eso se veía cada vez con más claridad y los medios que aplicaba el gobierno, policiales básicamente (incluyendo la infiltración) tampoco. Publiqué algunas cosas al respecto que no gustaron a todo el mundo ya que no tomaba partido por unos o por otros sino por ambos. O contra ambos. Es lo que los partidistas llamaban "equidistancia", denostada como lo sigue siendo. Un colega, y sin embargo buen amigo, publicó en un periódico de entonces un artículo titulado "Los que defienden a los terroristas" que comenzaba diciendo "José María Tortosa ha escrito" etc.. 
La situación mejoró y ahí entra el rumor: que yo había hecho de mediador entre ambas partes. El haber publicado con Gesto por la Paz o con el PNV daba pábulo a tal fantasía. No había nada de nada. Y sin embargo, he encontrado, todavía hace un par de años, quien estaba convencido de que ese había sido mi papel. 

Como se ve, son pequeños detalles reales que son percibidos "según el color del cristal con que se mira" o interpretados con mejor o peor voluntad, pero es la interpretación la que cuenta llegando a hacer irrelevantes los hechos mismos. 
Ninguno de los dos casos me ha afectado particularmente, aunque el segundo sí me generó algunos problemas personales, comenzando por enemistades (los no-equidistantes tienen dificultades para entender a los "equidistantes"). De todos modos, son ejemplos poco importantes, pero muestran cómo casos que yo sé que son falsos se convierten en verdaderos para otras personas que toman decisiones en función de su juicio, no de la "rugosa realidad" que yo no puedo menos que conocer.
No sé de dónde salieron. Alguien, considerado "líder de opinión" y basado en algún detalle que interpretó erróneamente, lo difundió, se lo aceptaron, lo compartieron con más personas que, al aumentar en número, se convirtieron en un argumento de la veracidad del rumor (vox populi, vox Dei, "manque pierda"). En el primer caso, la evidencia fue suficiente para que desapareciera. En el segundo, todavía hay quien lo cree. Pocos, menos mal. Era un asunto menos visible.