viernes, 23 de junio de 2017

Irán en las noticias (y España también)

1. Hay problemas políticos internos, sobre todo cuando se constata, también allí, la existencia de un "estado profundo".
2. Sus relaciones con los vecinos con complicadas. De hecho, los gobiernos de países de Oriente Medio están dispuestos a revisar su posición frente a Qatar si estos cierran Al Yazira ¡y cambian su postura frente a Irán! Algo habrá tenido que ver el Departamento de Estado.
3. El conflicto USA-Irán parece seguir planeando por encima de todo ello y el apoyo USA a la democrática Arabia Saudita puede acelerarlo.
Creo que es un buen ejemplo de cómo es inevitable abordar estos temas desde las TRES perspectivas, desde lo local a lo mundial. Así termina un artículo en The Economist
Certainly Spain deserves much credit for the reforms it has undertaken, and its outlook is much sunnier. But if the global economy becomes less favourable, Spaniards may come to lament that Mr Rajoy did not tackle more of the country’s problems when he had the chance.
Es obvio que le falta el punto 2: la Unión Europea.

jueves, 22 de junio de 2017

Remesas de inmigrantes

Un mapa a estudiar con detalle (si no se ve bien, ir al original):
No da los datos de emigrantes desde países enriquecidos. Pero sin tener en cuenta por ejemplo los casi veinte millones de emigrantes dentro de la Unión Europea, las remesas alcanzaron los 400 millardos de dólares en 2016. Ah, y el 85 por ciento de su renta permanece en el país de acogida.
Para el caso de América Latina obsérvese (página 24) y comparando 2007 y 2016, el aumento de las remesas que llegan a Haití, Nicaragua, Guatemala, Paraguay y República Dominicana y la reducción en el caso de Venezuela, Argentina, Ecuador y Brasil. Chile y Uruguay no aparecen en la lista.
No hay nada eterno: las remesas desde países productores de petróleo de Oriente Medio han caído, creando problemas en países que las recibían, como la India.

miércoles, 21 de junio de 2017

Democracia con problemas

Antes de especular, veamos algunos datos. Por ejemplo, los que proporciona el “barómetro de la confianza” que publica la empresa Edelman a partir de encuestas en 28 países. Se ha preguntado la confianza que merecen gobiernos, medios de comunicación, empresas y ONG. Pues bien, ese es el orden de menos a más confianza, con la particularidad de que, para los cuatro, ha disminuido en 2017 respecto a 2016.
Todo un éxito para los gobiernos que no mejora si tomamos los de Gallup para 2016 y referidos a la Unión Europea y los Estados Unidos. El tema es el de la mayor o menor confianza de los ciudadanos en sus respectivos gobiernos. La mayor desconfianza la muestran los griegos (81 por ciento de las respuestas van en esa dirección), seguida por Italia (75 por ciento), Francia (70), Estados Unidos y España (empatados a 69). Para completar, Bélgica, Reino Unido, Austria, Portugal y Dinamarca proporcionan respuestas de más del 50 por ciento.
Para algunos de estos países, la desconfianza hacia sus gobiernos puede haber aumentado. Pienso en el gobierno de izquierdas (“populistas”, dicen) de Grecia enfrentándose a huelgas generales gracias a sus duras políticas de austeridad más propias de las “derechas”. O en el gobierno de los Estados Unidos, incumpliendo promesas y enzarzándose en escándalos que llegan hasta al yernísimo (no Villaverde, que lo fue de Franco, sino Kushner que lo es de Trump).
Sobre estos datos, y otros igualmente constatables, se pueden alzar voces diferentes intentando explicarlos, junto a las que levantan acta de los riesgos importantes que corre el sistema democrático o, por lo menos, la democracia tal como se entiende habitualmente.
Un primer grupo lo forman los que lo achacan al “neoliberalismo” o, como dicen otros, al fundamentalismo del mercado. “Menos Estado, más mercado” queda bien hasta que el mercado, propuesto como criterio absoluto, muestra su rostro desigualitario. Y es que la democracia, para funcionar decentemente, presupone un cierto grado de igualdad. O, para ponerlo en modo menos problemático, la democracia entra en crisis cuando la desigualdad aumenta y los ciudadanos perciben ese aumento resumido en un “ricos más ricos, pobres más pobres” y se dan cuenta de que las zarandajas sobre el PIB son eso: zarandajas, sobre todo cuando el dicho se traduce en “los poderosos más poderosos, los vulnerables más vulnerables”. No hay voto que valga.
Para desdicha de la democracia, los medios puestos en práctica para suavizar los efectos de tal proceso de desigualdad suelen producir un “efecto bumerán”, volviéndose contra los que los lanzaron. Por supuesto están las teorías de la conspiración, la atribución a una supuesta “trama”de todos los males que nos aquejan. Si eso es así, se piensa, la respuesta democrática es inútil y lo que hace falta es una buena dictadura. Pero los procesos de desigualdad también pueden ponerse en sordina mediante la creación de sucesos espectaculares, más propios de televisión que de prensa escrita, con los que la atención queda convenientemente desviada… hasta que el truco deja de funcionar y un niño grita “el rey está desnudo” y el “suceso” es puesto en su justa medida, apareciendo, en cambio, los problemas de fondo.
La clase política (que algunos llamaron “casta” hasta que formaron parte de ella) también tiene algo que ver con este descrédito al que me estoy refiriendo. Están, faltaría más, los egos hinchados de políticos como los que ingresan en grupo en los parlamentos. No hace falta ir a Washington y encontrarse al que algunos tachan de “narcisista patológico”. Basta con dar un vistazo a ayuntamientos, diputaciones, gobiernos autónomos y central para encontrar especímenes de tales egolatrías que, encima, empeoran cuando confunden la acción política con teatro político. No es solo cuestión de todo eso de las narrativas y relatos: es la producción de hechos espectaculares para “interesar” al ciudadano al que solo interesan mientras dura el “show”. Después, viene sucesión de distracciones hasta que el ciudadano se da cuenta de que le están tomando el pelo y contesta a las encuestas como se ha visto. Y no entro en maniobras subterráneas, amenazas, compra de voluntades de los medios (o intento), sobornos y, sí, corruptelas.
Mientras el descrédito por la democracia crece en una dirección, en la otra se produce el auge de los extremismos (de derecha, de izquierda, musulmanes, cristianos, defensores de una sola causa) convencidos de tener toda la razón y todo el derecho a actuar en consecuencia. Hiperdemocráticos frecuentemente en su vocabulario, olvidan que democracia es reconocer que quizá otros puedan tener algo de razón.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Por todo ello, la inestabilidad electoral es la regla: los electores no se casan sino que coquetean. Las recientes elecciones legislativas francesas se presentan aquí como un caso más de “crisis de régimen”. Aquí, la de los Estados Unidos. O la del Reino Unido. Y aquí, algo más programático, para las Españas. Y se añade la incertidumbre económica mundial y sus altibajos dentro de la tendencia reciente al alza, gráfico tomado del Banco Mundial.)

Algo más que masacres

Los autores de matanzas, atentados o ataques más o menos frustrados con aparente motivación ideológica o religiosa suelen tener algunos rasgos en común que conviene tener en cuenta antes de achacar el problema a la ideología (de ultra-derecha o de ultra-izquierda normalmente o, si se prefiere, racista, xenófoba, libertaria, anarquista, fascista) o a la religión (generalmente el Islam pero últimamente también el budismo tan religión de paz como el Islam o el cristianismo de Francisco de Asís, no el de las cruzadas). 
Los procesos que llevan a que determinados individuos lleven a cabo una masacre o a intentarlo son complicados y es ahí donde hay que poner la atención sin por ello olvidar las medidas de seguridad que, por supuesto, no tendrían que caer precisamente en aquello que critican. 
Como con los incendios forestales, la solución no es aumentar las penas de los pirómanos o el simple aumento del número de bomberos: sin por qué rechazarlo, la solución pasa por la prevención.
Uno de los rasgos que aparece con relativa frecuencia en este tipo de asesinos es el de tener antecedentes delictivos. Generalmente, pequeños delitos (hurtos, tráfico, adicción, peleas) que se han cometido antes de  producirse la "radicalización" y el empeño por matar a cuantos más mejor (infieles, musulmanes, burgueses, homosexuales, sin-techo etcétera).
Y ahora me aparece un dato con su correspondiente comentario que me hace pensar: muchos de los autores de estas matanzas tienen antecedentes de violencia doméstica. Cultura de la violencia (no cultura de paz) que se expresa en contextos diferentes, pero violencia al fin y al cabo. Frustración, agresividad, descarga de la agresividad en un objeto (familiar, ideológico, religioso, social) asequible y significativo para el agresor  mediante un instrumento, la violencia, exaltado por todos los medios, sobre todo los visuales, pero también los videojuegos.
Conocer dónde se origina la frustración, cómo esta se trasforma en agresividad y cómo esta busca objetos sobre los que descargarse con mayor o menor aprobación del pequeño grupo al que se pertenece. Llamar "loco" al asesino o asesinos no ayuda mucho, sobre todo si la "locura" se reserva para un tipo de atacante y se niega para otros.
No se olvide: la islamofobia produce ese tipo de reacción en algunos musulmanes (practicantes del "islamismo sociológico", es decir, nada devotos y, las más de las veces, poco practicantes, por ejemplo bebiendo alcohol o asesinando a otros musulmanes) y esa reacción produce más islamofobia, atribuyendo a todos los musulmanes lo que es propio de algunos de ellos (¿por qué  en el reciente atropello de Londres se piensa más en los musulmanes que intentaron linchar al asesino aplicando la ley del Talión que en el imam que lo evitó enfrentándose a la turba?).

martes, 20 de junio de 2017

Plurinacional nación de naciones

La socialista española Adriana Lastra se ha referido al Estado Plurinacional de Bolivia en su intento de justificar la propuesta de su secretario general hablando de plurinacionalidad de España. Copio y pego lo que me ha escrito un amigo desde Bolivia:
Mal hacen los socialistas hispanos en poner a Bolivia como ejemplo de estado plurinacional. La Constitución lo  recoge así en sus primeros enunciados, pero después queda en agua de borrajas de iure y de facto.Sólo tienen poder electo los Gobernadores de las Autonomías, que coinciden con los Departamentos  que existían en la República y de alguna forma son herencia de la Colonia.La nación aymara está repartida entre 2 departamentos, la quechua entre 3 y  lo mismo con la tupi guaraní. La idea de estado plurinacional es excelente pero después no han respetado las nacionalidades al repartir el poder político. No existe una autonomía aymara ni una quechua ni una tupi guaraní. Es decir los plurinacionales no pueden elegir a sus respectivos dirigentes.
He encontrado también comentarios sobre lo de "nación de naciones". Tampoco la confederal suiza lo es. ¿Dónde está mi problema?
Sigo pensando que no existen las naciones. La prueba inmediata es que no hay acuerdo sobre qué significa exactamente tal palabra. Tampoco existen los dioses (bueno, el mío sí, que es el verdadero, pero lo mismo puedo decir de mi nación verdadera frente a la supuesta nación de los que me lo niegan, por ejemplo nación catalana y nación española que niega a Cataluña el ser una nación mientras desde Cataluña se reduce a Estado lo que los nacionalistas españolistas llaman España).
Lo que existe son los nacionalismos y las religiones, cada cual con sus peculiaridades. O, para ser menos abstractos, lo que existe son los nacionalistas (los que creen pertenecer a una nación) y los creyentes (los que creen en una religión).
Los nacionalistas, dicen, se dividen en dos grupos: los que practican el nacionalismo político según el principio de que toda nación debe tener un Estado (lo de que todo Estado deba ser una nación -Estado nacional- es algo más complicado) y los que practican el nacionalismo cultural, es decir, los que creen que pertenecen a una nación cuyas señas de identidad deben ser protegidas aunque sin necesidad de tener un Estado que cumpla con tal cometido. Dichas señas son, generalmente, imaginadas, inventadas o supuestas y quedan en el mundo de los sentimientos y la nebulosa de la indefinición.
La dependencia o independencia de un determinado grupo de personas respecto a otro sí que es observable. Que algunos de esos grupos planteen su independencia recurriendo al nacionalismo, también. Que los nacionalistas (algunos, sobre todo si no son cargos públicos) estén dispuestos a dar la vida por su nación, también es constatable, como son constatables los mártires en algunas religiones.
Pero, volviendo al tema, ¿puede darse una "nación de naciones"? ¿Puede darse un Estado plurinacional? Pues depende de cómo se defina nación, evidentemente. ¿Son una nación los aymaras bolivianos -junto a los peruanos-, los quechua-hablantes en Bolivia, Perú, Ecuador , los guaraníes de Bolivia y Paraguay? Si es la lengua la que define la nación, tenemos problemas en las Españas (catalán en Cataluña -excepto en el Valle de Arán-, parte de Valencia, Baleares y Franja de Aragón amén de problemas internacionales con la Catalunya Nord, como los vascos lo tienen en parte de Euzkadi y parte de Navarra, amén del problema con Iparralde, el País Vasco francés). Bueno, dejemos la lengua. ¿Qué nos queda entonces? ¿La historia del Reino de Aragón -que incluía la actual Cataluña-? ¿Al-Andalus? ¿La provincia Tarraconense? 
Nominalismos, excepto para los creyentes. Se puede discutir lo que se relaciona con el poder (quién manda aquí y cómo), pero recurrir a nombres de vaporoso contenido solo sirve para ocultar que lo que cuenta es el poder.

lunes, 19 de junio de 2017

Lo que importa es ganar

Interesante cómo se ven los mismos resultados desde un lado y otro.
Primero, el triunfo de Macron ayer en la segunda vuelta... pero con una abstención muy preocupante.
Segundo, el triunfo de Sánchez en el congreso del Partido Socialista en España... pero con un porcentaje menor que el que obtuvieron sus antecesores.
Sería un ejercicio apropiado para una facultad de Ciencias de la Información. Los que se quedan en el triunfo (y cómo y por qué) y los que subrayan el lado problemático de dicho triunfo. Además, se podría comparar el estilo periodístico de los que han subrayado este último aspecto: de manera casi aséptica el primero (Le Monde) y con abundancia de adjetivos y palabrejas (e insultos) el segundo (un conocido escribidor/opinador desde Madrid).

Desprecio por la vida de algunos

Grenfell Tower, Finsbury Park, Pedrógâo Grande (más completo aquí) son casos muy diferentes entre sí: un incendio de un bloque de viviendas, un atentado terrorista y un incendio en el bosque con víctimas. Solo el primero y el tercero se semejan en la estimación de víctimas. Pero hay cosas que hacen pensar.
Grenfell Tower parece que tiene que ver con el nuevo revestimiento exterior que se añadió al bloque. Revestimiento ilegal y peligroso por inflamable, como se ha visto. Y desdén hacia sus habitantes.
Finsbury Park, tildado ya de terrorismo, tiene que ver con la islamofobia del atacante que, probablemente, pone en práctica esa fea costumbre europea (importada, pero ya imbuida entre los "valores europeos") de la Ley del Talión: "Ojo por ojo, diente por diente". Y, como buen prejuicio, atribuyendo a todo el colectivo (musulmán) los desmanes de una parte de ellos (yihadistas) si es que los asesinos yihadistas son realmente musulmanes o solo es una etiqueta como la del catolicismo para muchísimos españoles. 
Pedrógrâo Grande y aledaños parece haber sido el efecto del calor, la sequía, una tormenta seca y un rayo en medio del bosque. ¿Sin responsables? Y no me digan lo del cambio climático. Son bosques privados no muy bien conservados.
Es lo que tienen en común: el de determinados principios (el beneficio, la venganza, la propiedad privada) ante los cuales se sacrifica todo, vidas humanas incluidas. Claro que solo el segundo es un caso de acción directa para conseguir muerte. Los otros dos no son acciones sino irresponsabilidades y omisiones. La vida de los demás no vale nada, sobre todo sin es de gente de segunda categoría o segundo nivel: habitantes de pisos protegidos, musulmanes que salen de su mezquita durante el Ramadán y aldeanos (y turistas, todo hay que decirlo). 
Contra este tipo de gente se puede tomar una decisión empresarial que podría tener consecuencias catastróficas y las ha tenido. Se puede decidir atropellarlos (los jeques petroleros no estaban allí y eso que algunos de ellos financian y promueven el yihadismo). O se puede descuidar la limpieza y prevención de incendios en bosques privados (no es que los públicos tengan que estar mejor cuidados por definición) en lugares donde viven "los de abajo". Algo así como los muertos producidos por un ataque saudita a un mercado yemení. Pero, claro, también hay muertos en centros comerciales, hoteles de primera categoría y "resorts" de gran lujo. El mismo desprecio, pero otro clasismo.
(Añadido el 21: Encuentro aquí esta cita de Engels de 1845 sobre las condiciones de la clase obrera en Inglaterra:
“When society places hundreds of proletarians in such a position that they inevitably meet a too early and an unnatural death, one which is quite as much a death by violence as that by the sword or bullet; its deed is murder just as surely as the deed of the single individual”.