lunes, 6 de julio de 2020

Homenaje a Morricone

Las publica El Mundo.  Me cuesta decidir cuál me gusta más. ¿Novecento, La misión, Cinema Paradiso. Por un puñado de dólares, El bueno, el feo y el malo? Me cuesta, sí. Tal vez ese sea el orden de más a menos. Las otras no las recuerdo.

Las cosas claras

Este es el resumen de The Economist, menos contaminado por la utilización política que se hace de la tema:
Authorities in Spain, one of the countries worst affected by covid-19, have reimposed restrictions in two regions after ending a total lockdown on June 21st. Catalonia introduced a lockdown in El Segriá on Saturday, affecting about 200,000 people, after a surge in cases. Galicia followed suit on Sunday, preventing 70,000 people from leaving their homes. As Europe reopens for the holiday season, governments worry that there could be more such local spikes.
Primero, como mostraban ayer las tablas con fallecidos en términos absolutos y en porcentaje, se trata de uno de los países más afectados por la pandemia.
Segundo, los brotes afectan a varias regiones (de momento, no a la mía, pero si a Aragón y otras que la revista no cita). Cataluña, que tendrá que gestionar con el gobierno central "algunos detalles" y, en particular, Galicia que, con gran sentido de la previsión, tenía/tiene convocadas elecciones locales para el domingo próximo. Podrían haber añadido los de The Econmist al País Vasco que también pone urnas con distanciamiento y mascarilla/barbijo ese mismo día.
Detalles. Para mí, lo fundamental es que no preocupan los enfermos y su riesgo de muerte. Preocupa la gran "industria" mundial y, en particular, española: el turismo. Eso dice que preocupa al gobierno español, sobre todo si tiene que extender el confinamiento que ya hay en esos lugares con rebrotes. Igual se deciden por el modelo Trump: la economía tiene prioridad absoluta. O, si se prefiere, es determinante en última instancia.
Lo tienen claro en el Financial Times: mal irán las cosas para la democracia si no pensamos como ciudadanos.
Con razón se comenta en La Vanguardia
El rebrote en Lleida ya es un ejemplo ‘micro’ de un problema ‘macro’: el virus obliga a un nuevo confinamiento, destapa la fragilidad de la ‘nueva normalidad’ y, es más, pone sobre la mesa una emergencia social y tambalea la política. El caso leridano, un todo en uno, es un aviso para navegantes.

domingo, 5 de julio de 2020

Absolutos y relativos

Es curioso comparar estas dos tablas.
La primera da los países con mayor número de fallecidos por coronavirus
La segunda da los países con mayor porcentaje de fallecidos respecto a su población. Números relativos
Los medios suelen subrayar las cifras absolutas, pero el porcentaje sobre el total de la población parece mucho más interesante. Se ve en qué queda el modelo sueco. Pero, hay que insistir, son datos que hay que tomar con cautela, como puede ser el caso belga. 
(Los datos completos y algunos más para todos los países a día de hoy, aquí).

El pasado no se borra

Da la impresión de que, ya que no sabemos lo que nos va a deparar el futuro, nos dedicamos a saldar cuentas con el pasado. Por supuesto, están las estatuas que, en medio mundo, se están derribando. En ese caso, mi problema no es el personaje, sino los que las erigieron, con qué mentalidad y con qué propósito. De ser así, el derribo no soluciona nada más allá de la satisfacción de la propia agresividad que ha encontrado un objeto sin importancia, pero visible: tiene foto. Los esclavistas estadounidenses han sido noticia.
Otra cosa es pedir disculpas, como el gobierno argelino pide que haga Francia. El pasado colonial no se borra así como así. Tampoco para España. Tampoco el pasado colonial belga personificado por Leopoldo II en el Congo (belga, por supuesto) y cuya estatua en Amberes ha sido también derribada.
Por decirlo todo, me gustaría ver qué sucede con las estatuas, en América Latina, de libertadores que lucharon contra el ejército invasor (español, aunque no sólo) y encontraron formas de oprimir con más fuerza a los indígenas, algunos de los cuales lucharon con los españoles mientras otros lo hacían con los libertadores. Los vencedores (independentistas) no solo oprimieron a los indígenas sino, en algún caso (Argentina, Uruguay), acabaron con ellos mediante la violencia directa. 
Nada en contra de los acto simbólicos. Pero mejor si vienen acompañados de decisiones como la decisión MABO australiana. Reconocimiento del mal hecho, intento de reparación. En el polo opuesto, celebrar el "día nacional" (4 de julio) de un país en un territorio que fue de los indígenas y que ya se "ocupó" mediante esculturas megalíticas de los conquistadores y no hacer la mínima referencia al hecho.

viernes, 3 de julio de 2020

Enemigo que unifica

Una de las funciones que tiene el conflicto social es la de unificar a las partes. Algún presidente ecuatoriano fue un genio en el uso de tal principio: si tenía un problema interno, buscaba a un enemigo externo y el pueblo se unía bajo su mando. También son un posible ejemplo las guerras con el Perú (1858, 1941, 1981 y 1995, que esa sí que me lo pareció y por parte de los dos presidentes). Hay quien dice que la invasión de Grenada por parte de Reagan fue un caso parecido: hacer olvidar asuntillos domésticos.
Un caso reciente: el proyecto de Netanyahu de anexionarse todavía más territorio palestino ha conseguido que Fatah y Hamas (que en el pasado incluso llegaron a las armas) se pongan ahora de acuerdo. Un enemigo con ese comportamiento exige que nos pongamos de acuerdo, por lo menos contra él.
Toda regla tiene su excepción: la multiplicación de partidos, organizaciones y grupos independentistas en Cataluña al margen del "enemigo común" (llámese Madrid, España, el Estado, incluso los españoles) enemigo que, en teoría, tendría que unirlos.
(Nota: Obsérvese en estos dos últimos casos lo problemático que resulta decir "los" palestinos o "los" catalanes. Los palestinos, además de los no afiliados, incluyen a los que tienen la ciudadanía israelí, pero no la nacionalidad judía y pueden presentarse a las elecciones al Knesset, parlamento israelí, generalmente en grupos diferentes, aunque esta vez habían conseguido aliarse algo más. Ocupan sus 17  escaños y los hay suníes, cristianos, drusos y beduinos. Si los catalanes son, según diría Jordi Pujol, el problemático ex-presidente, "los que trabajan y viven en Catalunya", la heterogeneidad no es tan alta, pero no menos real. Resulta difícil entender en nombre de quiénes hablan los que dicen hablar en nombre del "pueblo palestino" o en nombre de "los catalanes", palabra que tendría que incluir hasta a los que promueven Tabarnia y, tal vez, a los que no viven en Cataluña).

Optimista informado

Stiglitz publica un artículo (traducido al castellano) que vale la pena leer para hacerse una idea de los múltiples factores que explican las diferencias en la tasa de mortalidad por coronavirus entre los países. Su resumen es este:
Varios factores determinan la tasa de mortalidad por COVID-19 de un país: la calidad del liderazgo político, la coherencia de la respuesta del gobierno, la disponibilidad de camas en hospitales, el alcance de los viajes internacionales y la estructura etaria de la población. Sin embargo, una característica estructural profunda parece estar dándole forma al papel de estos factores: la distribución de ingresos y de riqueza de los países.
Su trabajo consiste en hacer ver las interrelaciones entre estos factores y cómo la desigualdad juega un papel importante. Hay que repetirlo: no único, como tampoco lo es la situación del sistema sanitario (privatizado, recortado, reducido). Pero insiste en lo que parece ser una tendencia generalizada: la tasa de mortalidad se explica, entre otros factores, por el nivel de desigualdad. Pero la pandemia ha agudizado esos niveles de desigualdad. Su párrafo final:
Pero se acerca el día del ajuste de cuentas. A falta de gobiernos coherentes, capaces y confiables que puedan implementar una respuesta equitativa y sostenible a la pandemia y una estrategia para la recuperación económica, el mundo sucumbirá a mayores olas de inestabilidad generadas por un conjunto creciente de crisis globales.
¿Es eso ser pesimista?

jueves, 2 de julio de 2020

Así hablaba el Virus

Hemos ganado y, sin embargo, hemos perdido. En nuestra lucha con/contra el bípedo implume hemos logrado desarmarlo y destruirlo. Pero justo por eso hemos perdido nuestro principal apoyo, el soporte de nuestra existencia. Ahí fallamos. No supimos verlo. Pero ellos habían fallado mucho antes.
La guerra del bípedo contra aquel planeta comenzó pronto: consumieron, agotando recursos desde sus inicios. Eran un cáncer para su planeta. En realidad, nada de su entorno podía llamarse “natural”: en todas partes se encontraba la huella del bípedo en el que mayoritariamente habitábamos. Porque si ellos habitaban el Planeta, nosotros, los virus, habitábamos en ellos.
Nuestra fortaleza vino de dos frentes. Por un lado, ellos, infectando la llamada Amazonía, lograron que nuestra especie se unificara hasta ser, literalmente, Uno: la Bacteria. Con muchas variantes, sí, pero dotados de una única conciencia, propósito y estrategia. Nuestra fuerza se demostró ya entonces con las muertes que aquel “choque bacteriano” supuso, para los industriosos y agresivos primeros habitantes de la selva, hasta dejarla oculta bajo la apariencia de una selva virgen. No lo había sido: el bípedo había cortado árboles, construido diques, montado plataformas y urbanizado de forma general. Pero el Virus, nosotros, no habíamos podido unificarnos completamente: sus bacterias, a las que estaban acostumbrados, no eran las bacterias de los bípedos “colombinos” que llegaron del otro lado del mar y aquel encuentro de nuestras especies supuso nuestro primer gran fortalecimiento. De la Unidad provino nuestra primera posibilidad de vencer.
Pasó el tiempo y el bípedo encontró que tal vez podríamos estar ganando la guerra e inventó nuevos productos bactericidas. No es que los descubrieran. El bípedo llevaba milenios atacándonos con las fuerzas de que podía disponer en cada momento. De hecho, los primeros bípedos ya usaban alguna forma de antibiótico, no químico e industrial como después hicieron, pero sí natural y no por ello menos antibiótico. Eso sí, abusó de tales productos hasta hacernos inmunes a los mismos y, a partir de ese momento, nuestra victoria estaba cantada. Su exceso de higiene también intervino.
Destruyeron su planeta y emigraron a otros diferentes, pero llevándonos consigo en sus viajes. Éramos millones en cada uno de sus cuerpos y no nos preocupaba si estaban mejor o peor alimentados, si se dedicaban a una cosa u otra. Cierto que lo que ellos llamaban sexo era una de las fuentes de nuestra fuerza. Nosotros nos fortalecíamos, y más al disponer ellos cada vez menos de lo que llamaban antibióticos eficientes. Había supuestos antibióticos, pero lo que conseguían era hacernos todavía más fuertes pues nos inmunizaban todavía más y permitían que nosotros explorásemos nuevas variedades y formas de atacarles en lo que ellos llamaron “nuevas enfermedades” y nosotros “hacia la victoria final”. Había habido, eso sí, aliados, a saber, el Hongo. Y el calentamiento global
Tuvimos un momento de pánico y fue cuando observamos que eran capaces de producir máquinas parecidas a ellos mismos, pero contra las que no podíamos hacer nada. Robots las llamaban. Creían, ingenuos, que habían llegado al estadio final. Y se volvían a equivocar. Con bípedos cada vez menos abundantes (nosotros los matábamos), los robots carecían de mantenimiento y, también ellos, morían.
Pero no nos dimos cuenta de que nuestro triunfo era nuestro fracaso: al ser cada vez más escasos, nos íbamos quedando faltos de habitación y alimento con lo que también nuestro número comenzó a disminuir ya que concentrarnos en otras especies vivas no compensaba lo que estábamos perdiendo.
Había algo más. Algo estaba sucediendo en el universo, no solo en los planetas en los que habíamos convivido en los bípedos. Comenzamos a sentir que el espacio se reducía. Algo así como si los planetas se estuvieran acercando y las agrupaciones de planetas también. El proceso se ha ido acelerando y empezamos a temer que no solo nos hemos quedado sin nuestra alimentación principal y tengamos que malvivir de sucedáneos, sino que es posible que el universo se esté contrayendo a marchas forzadas hasta el punto de que su concentración haga imposible del todo la existencia de la vida. Podría pasar en cualquier momento.

(Publicado, con algunas modificaciones, el 24 de abril del año pasado en el diario Información -Alicante-, última colaboración de una cadena que comenzó en 1979, aunque hubo algunas pausas, y estuvo inalterada todos los miércoles desde hace 20 años. Ripushaniña, que, en quechua boliviano, significa "ya me estoy yendo")