miércoles, 5 de abril de 2017

Ley Campoamor

Dos ejemplos de que no es tanto la realidad social cuanto el modo con que se mira lo que determina la reacción ante dicha realidad que, conviene recordarlo, es real como su mismo nombre indica. Lo que sucede es que el cristal a través del cual se mira hace que una misma realidad se vea de una forma u otra dependiendo más del cristal que de la realidad. Los ejemplos son de los Estados Unidos, pero no es difícil imaginar situaciones parecidas en las Españas (Cataluña incluida).
Vayamos al primer caso: ¿Hay que preocuparse por el flujo de inmigrantes, demandantes de asilo, desplazados y refugiados? Claro que el tal flujo existe, pero parece que el cristal ideológico con que se mira influye en que tal cosa preocupe más o menos. El ejemplo lo proporciona Gallup  y muestra que el porcentaje de muy preocupados por la inmigración ilegal en su país ha aumentado entre los que se declaran republicanos y, en cambio, ha disminuido entre los que se declaran demócratas o independientes partiendo de un momento en que los tres "cristales" llevaban a porcentajes semejantes. En el sexenio 2001-2005, los republicanos preocupados por tal tema eran un 58 por ciento que pasó al 78 por ciento en el sexenio 2006-2011 y aumentó aunque no significativamente hasta el 79 en el sexenio 2012-2017. Su contraparte demócrata, en cambio, había dado, respectivamente, un 55 por ciento, un 60 y un 48 por ciento. El tiempo (y el cristal) han hecho que las líneas sean divergentes, no el hecho de que haya habido más o menos inmigración ilegal o haya tenido más o menos efectos negativos sobre los encuestados. Eso parece.
En el segundo ejemplo me resultan todavía más fascinantes las diferencias entre republicanos y demócratas en este caso sobre la situación del medioambiente en los Estados Unidos. Antes de la toma de posesión de Donald Trump, los republicanos que la consideraban excelente o buena eran un 53 por ciento. En este marzo, las respuestas positivas subían hasta el 64 por ciento. Por su parte, los demócratas pasaban del 40 por ciento “antes de”, a un 37 por ciento “después de”. Los republicanos siempre han sido más optimistas (y más negacionistas del calentamiento global) que los demócratas, pero estos, si se toma una perspectiva temporal algo más amplia, llegaron a los mismos porcentajes de “evaluadores positivos” durante el gobierno de Obama, cayendo, como se ha dicho, en estos primeros meses de 2017.
No parece que sea cierto que las condiciones reales de los que se declaran una cosa u otra sean realmente diferentes. Sí se podría imaginar que esos respectivos sentimientos estuvieron detrás de sus respectivas decisiones electorales. Pero es que la que parece mejor explicación es la diferencia en la percepción: los republicanos "creen" que gracias a Trump las cosas irán mejor mientras que los demócratas "creen" que por culpa de Trump las cosas irán a peor. Cuesta creer que, por tal decisión electoral, la situación real de unos y otros haya cambiado tanto. En un mundo de “posverdad” y de “hechos alternativos”, cada cual ha escuchado la canción que se les dirigía. Como en el viejo romance, “yo no digo mi canción/ sino a quien conmigo va”. Cada cual ha recibido “su” mensaje, es decir, el mensaje que fomentaba unos sentimientos determinados con independencia de cuál fuese la situación real, en este caso, sobre los inmigrantes y sobre el medioambiente.
Los casos semejantes abundan y casi siempre, desde uno de los bandos, se dirá que el diagnóstico certero sobre la realidad es el propio mientras que los "otros" no ven la "realidad" de manera acertada y se dejan llevar por prejuicios.
Claro que no es correcto extremar, pero sí parece que los políticos, allí y en la Unión Europea, usan más el recurso de los sentimientos que no la vieja propuesta de hacer “análisis concretos de situaciones concretas” que recetaba Lenin y supongo que no siempre practicaba. Y lo que miden o pretenden medir estas encuestas es el sentimiento, no la situación concreta en la que se desenvuelven demócratas y republicanos, convencionales y “populistas”. De una forma u otra, cada cual recibe de la realidad los aspectos que encajan con sus pre-juicios. De ahí las diferencias entre unos y otros y los cambios a lo largo del tiempo.
“Y es que en el mundo traidor/ nada hay verdad ni mentira./ Todo es según el color/ del cristal con que se mira”.  Es la exageración del optimista Campoamor comparándose con el cenizo Diógenes.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Aquí un Campoamor contra los cenizos que, como Gallup, publican jeremiadas sobre/contra Venezuela)

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