miércoles, 1 de marzo de 2017

Preppers

“Hay gente pa’ to’”, como dicen que dijo el Guerra (el torero, no confundamos) cuando le presentaron a Ortega y Gasset con un “el señor es filósofo”. Pues algo así me ha pasado por la cabeza cuando he leído el largo reportaje de Evan Osnos en el New Yorker sobre los que se preparan (de ahí lo de “preppers”) para el fin del mundo o del mundo USA.
Las frases de los entrevistados oscilan entre los que solo esperan “un colapso temporal del gobierno y las estructuras” o “un inminente colapso de la sociedad” a los que temen un “colapso de la civilización”. Este último caso no me impresiona ya que no acabo de saber a qué civilización se refiere el entrevistado, pero eso es culpa mía. Otros, en cambio, concretan (es un decir) algo más: “Cuando la sociedad pierde un saludable mito que la fundamenta, se aboca al caos” o “Cualquiera en este entorno conoce a gente que está preocupada por el hecho de que Estados Unidos se dirige hacia algo parecido a la Revolución Rusa” o “Creo que la gente que está particularmente en sintonía con los mecanismos con los que funciona actualmente la sociedad entienden que estamos patinando ahora sobre un hielo cultural particularmente delgado”. Algo hay que hacer, piensan, y aquí viene lo que más me fascina del reportaje: “Conozco a gestores de fondos de cobertura (hedge fund) en todo el mundo que están comprando pistas de aterrizaje y granjas en lugares como Nueva Zelanda porque creen que necesitan una escapatoria (para lo que se les viene encima)”.
En general, se trata de personas que hacen un pronóstico muy negativo de la situación en la que se encontrarían sobre todo en su país (los Estados Unidos) y, parcialmente, en el mundo y que tratan de buscar algún tipo de salida y protección. Puede ser una revolución, una bomba atómica norcoreana, un colapso o, sencillamente, caos generalizado. Pero lo que resulta fascinante es que se trata de gente con mucho dinero, tanto como para comprar por tres millones de dólares los lujosos bunkers en los que pueden protegerse durante meses aunque el caos dure más. Apartamentos como los del Survival Condo Project. Gente, además, que se mueve con facilidad en el mundo del Silicon Valley y la Wall Street neoyorquina, es decir, gente con trabajos técnicos, racionales, calculadores. Pero algo hace que emerja el otro lado de la moneda: el miedo.
No es la primera vez que sucede esta llamémosle epidemia, reducida pero epidémica o, si se prefiere, esta moda del “supervivencialismo”, el poner la supervivencia en el centro de las decisiones personales y familiares. De hecho, es una corriente que casi se puede llamar constante basada en elementos milenaristas de raíces cristianas en la cultura estadounidense aunque acelerada, según el reportaje, en momentos de inseguridad política y rápidos cambios tecnológicos. En efecto, con el acceso de Obama a la presidencia del país ya hubo un incremento de estos “preppers”. Ahora es el de Trump.
Lo de creer que el mundo se acaba pronto y hay que estar preparado para ello tiene, como ya he dicho, elementos cristianos. Allí, en los Estados Unidos, se han producido numerosas profecías sobre el fin de los tiempos aunque las que cometieron el error de añadirle fecha tuvieron que rebuscar explicaciones para intentar disimular su error de bulto. Hay libros sobre esos casos. When prophecy fails (cuando falla la profecía) es un clásico que ya leí cuando era estudiante. Para hacerse una idea, es el “efecto 2000” o la “profecía maya”, pero llevado a sus últimas consecuencias, las de buscar una salvación personal y familiar.
Algunos detalles para afinar. Primero, que esta ansiedad por lo que pueda pasar se da tanto entre los conservadores como entre los “liberals” (progresistas). Segundo, que los entrevistados son gente relativamente joven y, en todos los casos, ricos. Tercero, como consecuencia (y lo dice uno de ellos), “Los preppers del mundo de la tecnología no piensan necesariamente en la inminencia de colapso. Algunos lo consideran una eventualidad remota pero con consecuencias extremas; así que, dado que tienen mucho dinero, gastar una fracción de su riqueza neta es una apuesta contra ello, es decir, que es lógico que lo hagan”. Y, cuarto, que algunos llevan su análisis a reconocer que “cuando las instituciones públicas se deterioran, emerge la ansiedad de las élites” y el “sálvese quien pueda” sobre todo en contexto de creciente desigualdad. Pero ansiedad no solo de las élites, como bien sabemos en las Españas.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Si a eso se añade el Calexit, el proyecto californiano de separarse de los Estados (ya no) Unidos, el panorama es curioso. Lo de la bomba norcoreana va en serio. Tanto como para producir una declaración por parte del secretario de Defensa -hace falta subscripción-)

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