viernes, 17 de marzo de 2017

Petróleo es política

Nada de cherchez la femme como se decía en los viejos tiempos. Si ahora alguien quiere aclararse en determinados aspectos del mundo, el dicho tiene que ser cherchez le pétrole, pregúntese por el petróleo.
Escuché la otra noche, por la radio de los obispos españoles, a un entrevistador que intentaba desesperadamente que su entrevistado dijera que toda (toda) la culpa de lo que sucedía en Venezuela se debía a las políticas del chavismo (original y copia). El entrevistado, desesperadamente, intentaba explicar que el rentismo, el clientelismo y la baja ética del trabajo no se podían poner como únicos factores. Que el precio del petróleo "tal vez" podía tener algo que ver. Obviamente, ante un caso tan simplón, mi tendencia era ponerme de parte del menos simplista.
Que el petróleo, como dice en su libro el ecuatoriano Alberto Acosta (ex-ministro de energía, no se vaya usted a creer), se trata de "La maldición de la abundancia". Pero esa maldición se puede afrontar por lo menos de tres maneras: la primera es la de dejarse llevar por la ola propicia. Es lo que ha hecho el chavismo y también sus antecesores no-chavistas. La segunda es la de saber que todo se acaba y obrar en consecuencia dejando en un fondo soberano los beneficios de la extracción del petróleo público (porque es mejor que sea público a que sea privado, si hemos de hacer caso a lo que se puede observar y si por "mejor" se entiende el bien público y no el beneficio privado). Es el modelo noruego. Tiene sus problemas, como todo lo humano, pero parece que aunque no proporciona las alegrías inmediatas del modo anterior, sí puede sonreírse y decir que "al freír será el reír", que vamos a esperar a que el petróleo se acabe, incluso, que llegue al famoso "pico", para ver quién ha hecho mejor las cosas. Un modelo y otro presuponen sociedades bien diferentes. El caso noruego, de larga tradición socialdemócrata (otra cosa es cómo haya evolucionado recientemente) permitía políticas como la que acabo de resumir. La tradición terrateniente venezolana, las dificultaba.
Queda una tercera manera de enfrentarse a esa maldición: cambio de rumbo antes de que sea tarde y mientras se pueda. Parece que es el caso de la Arabia Saudita, diversificando su economía y preparándose por un lado al "pico" y, por otro, al crecimiento extractivista estadounidense (ese extractivismo del que aborrecen en América Latina. Véase lo que dice Eduardo Gudynas). Si en ese camino hay que repetir lo que otros, colonialistas, hicieron antes, pues qué se le va a hacer: esas son las reglas del juego global llamado capitalismo.
Que, como he dicho, muchas cosas se han podido explicar por el cherchez le pétrole, aunque nunca totalmente, me parece claro. Irak sin ir más lejos. Libia acercándonos. Y hasta algunos movimientos israelíes en Gaza de cara a la extracción de petróleo off-shore.
Claro que se puede hacer una economía del petróleo, pero, según lo dicho, parece claro que en el asunto intervienen políticas que tienen que ver con la sociedad en que se aplican, la ideología de los que la aplican, el estado de las reservas en ese momento y la política internacional, muchas veces excesivamente cortoplacista "y el que venga detrás, que arree".

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