miércoles, 8 de marzo de 2017

Manipulaciones variadas

Recibo uno de esos apestosos correos que incluyen un "pásalo" o "esto debe conocerlo todo el mundo" o "compártelo". Se supone que es una farmacéutica española que protesta por el acceso que los inmigrantes (extranjeros obviamente, no aborígenes) tienen a los medicamentos. 
Algunos detalles son sospechosos, como el tratarlos literalmente de UnterMenschen (infrahumanos) que es como los nazis etiquetaban a los judíos, gitanos y homosexuales para explicar por qué los podían llevar a campos de concentración y, eventualmente, a cámaras de gas: se trataba de purificar el ambiente social, dejando solo las razas y comportamientos puros (la homosexualidad entre algunos nazis no entra en la discusión).
También es sospechoso que confunda inmigrante reciente, nacionalizado, residente, gente rica invernando en la cálida España o gente pobre intentando salir adelante en la vida. Supongo que los noruegos de Alfaz del Pi (Alicante, primera colonia noruega fuera de Noruega y donde tengo muy buenos amigos) no están incluidos, ni los clubes británicos en Denia. Y el recién llegado con una mano delante y otra detrás (por seguir con su tono) se confunde con la chica colombiana que ayuda en casa, dada de alta en la Seguridad Social y, por tanto, con los mismos derechos que yo para acceder a los servicios sanitarios públicos.
Finalmente, es sospechoso que una farmacéutica se queje de vender su mercancía. Se le puede suponer un inmenso amor a las arcas públicas, pero es fácil suponer que esas arcas ya han hecho sus cálculos todo menos suicidas. Pero business is business, supongo, y si su farmacia no está en una zona "bien" de Madrid (todo ello en el caso de que la farmacéutica sea real y no sea un personaje de ficción) y su clientela es de UnterMenschen, no creo que haga gran diferencia en el dinero que entre en su caja: el dinero no tiene color ni raza.
Si ahora se lee esa carta (que obviamente, ya he borrado, no vaya a contaminarme el escritorio) desde la perspectiva de este artículo que George Monbiot publica en The Guardian, la cosa puede adquirir otros tintes, a saber, el uso artero del sentimiento para generar determinadas actitudes en la población. El artículo se refiere al uso de "big data" para construir perfiles emocionales a los que se pueda manipular y convencer. Algunos ejemplos son obvios para un sociólogo: según plantees la pregunta, puedes obtener resultados opuestos sobre un mismo asunto, si los planteamientos suscitan sentimientos diferentes e incluso opuestos en cada caso. Se me ocurren varias formas alternativas de plantear los hechos de la "farmacéutica" supuestamente madrileña sobre sus clientes.
Que se nos puede manipular es ya algo poco discutible: así es. Que defenderse de la manipulación no es fácil, tampoco es muy discutible. Lo último que se puede hacer si uno quiere seguir siendo "animal racional" y no qudarse en solo "animal", es estar atento. Sin paranoias, pero sin ingenuidades de "to' er mundo e' güeno". Y así me preparo para el engaño de hoy en día que espero que sea solo uno y que no se me acumulen como ayer, que fue un derroche. Salud.

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