jueves, 16 de marzo de 2017

Fuese ¿y no hubo nada?

Lo que decían las encuestas ante las elecciones holandesas de ayer era que Wilders ganaba, pero que no podría formar gobierno en un electorado atomizado por 28 partidos. Las profecías con fecha de caducidad tienen la ventaja de que pronto podemos saber si eran acertadas o no. No lo eran. Quedó en segundo puesto, aunque producía ternura ver cómo algunos periódicos maquillaban la realidad comparándolo con lo que habían dicho las encuestas y no con los escaños que tenía en la anterior legislatura. Si no me equivoco, ha aumentado su número, obviando el hecho de que el ganador perdía escaños. Claro, en política cuentan los resultados, no las tendencias, que las carga el diablo. 
No tengo ni idea de qué gobierno podrá salir de estas elecciones y cuándo (situación cada vez más frecuente en la Unión Europea), pero sí parece que los electores han tomado nota de qué pasa cuando gana alguien con tupé y propuestas ultra-xenófobas y a dónde llevan los euroescepticismos. Me refiero, obviamente, a los Estados Unidos y al Brexit. Es posible. Como es posible un abandono del vocinglero en plena crisis con Turquía.
Los defensores de la Unión Europea, aunque algo remisos a reformarla para que estas cosas no pasen, respiran tranquilos y se preparan para contener la respiración con respecto a Francia y, en menor medida, Alemania. No acaban ahí las elecciones europeas posibles: Italia podría ser la primera en salir del armario (y Renzi sigue preparando su retorno) y no es de excluir que España vaya en la lista si las dificultades para aprobar los presupuestos generales del Estado se mantienen. 

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