sábado, 25 de marzo de 2017

Efectos del Brexit y otros "exits"

Sabiendo lo dóciles que son los modelos econométricos para decir lo que sus creadores desean que diga, es decir, que sabiendo que intereses y sentimientos van muy por delante del análisis empírico. conviene guardar distancias hacia los efectos beneficiosos de estas salidas como el Brexit (de la Unión Europea) o el Catalexit (del Estado Español y, por tanto, de la Unión Europea). 
Conviene, primero, levantar acta de que sus respectivas sociedades están divididas casi al 50 por ciento sobre la oportunidad de tales rupturas. Las consultas referendarias las carga el diablo si es suficiente (sin contar la abstención)  un 51 por ciento de respuestas en una dirección para que tal dirección sea la que se imponga en aras de la soberanía, la nación y, no digamos, los intereses generales.
En el caso británico, se conocen los augurios de lo mal que iba a resultar el mero anuncio de la salida. No fue así. De momento. Normal. Pero ahora que se acerca el 29 de marzo y ya se sabe que la cosa va en serio (cosa que no siempre se sabe en el terreno de la política contemporánea), comienzan a verse efectos constatables a través de empresas que anuncian "exportación" de empleos mientras otras mantienen su apuesta por Londres y la City. Difícil saber qué compensa a qué.
Insisto: es inútil hacer este tipo de reflexiones "racionales" cuando el nivel de emotividad alcanza los niveles igualmente constatables. Cuando ya queda poco que hacer, excepto negociar para reducir los daños, hay antiguos entusiastas del "exit" que han hecho cuentas y ven que se equivocaron. Se dejaron llevar por los sentimientos a los que llamaron "sentido común". Por eso me cuesta apelar, a mi vez, por "otro" sentido común. Lo siento por mis queridos amigos catalanes. Que los tengo y los mantendré.

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