miércoles, 8 de febrero de 2017

Himnos nacionalistas

He cantado seis de ellos en mi vida. Himnos nacionales que, casi por definición, se convierten en himnos nacionalistas. Vayan algunas de las características del nacionalismo que manifiestan.
La primera es la utilidad que encuentran en la existencia de un enemigo real o imaginario. Enemigo al que hay que vencer, todos unidos. Y enemigo descrito en términos negativos, por supuesto. Els Segadors es un ejemplo cuando, desde 1899 (aunque su origen se remonta al siglo XVII), nos invita a echar “endarrera aquesta gent/ tan ufana i tan superba”, así “que tremoli l’enemic/ en veient la nostra ensenya”. Es la misma línea que La Marsellesa (1792) cuando habla del “étendard sanglant” de esos “féroces soldats” que vienen dispuestos a degollar a “vos fils, vos compagnes”. Pues lo mismo: a por ellos y “qu’un sang impur abreuve nos sillons” (inunde nuestros surcos).
Es un “jour de gloire” que puede ser en el futuro de cuando se escriben las respectivas letras aunque cuando se cantan se conviertan en una exaltación del pasado. Pero es que el día de gloria puede estar en el pasado cuando se supera “la injusta y horrenda desgracia, que pesaba fatal sobre ti”, es decir, la presencia colonial española. Es el himno ecuatoriano (1870) que comienza con un “salve mis veces, oh Patria/ Gloria a ti”. Va un poco en la línea del himno peruano (1821) que habla del “largo tiempo el peruano oprimido la ominosa cadena arrastró”, rota de modo que “somos libres” “seámoslo siempre”. O en la del boliviano (1845) que se enorgullece de que “es ya libre este suelo, ya cesó su servil condición” y que acaba formulando el deseo de “morir antes que esclavos vivir”.
Total: un enemigo externo ya vencido o por vencer y una exaltación de lo nuestro con tintes incluso religiosos con menciones a la divinidad a la que se le hace partícipe del conflicto y aras o altares en los que se ofrendan los triunfos o se juran fidelidades eternas a la Patria, una especie de divinidad.
No hace falta subrayar el carácter fantasioso de algunas de estas letras. Pienso, por ejemplo, en la libertad, cadenas rotas y el “morir antes que esclavos vivir” que han tenido que cantar (en castellano, claro) indígenas cuya situación no solo no mejoró con el fin de la injusta y horrenda desgracia sino que en muchos casos empeoró. Los “libertadores” no fueron particularmente “indigenistas”. Algo han cambiado las cosas en los Andes, pero eso no quita el largo tiempo que han sufrido sus pueblos originarios. El catalán y el francés por lo menos no mienten tanto ya que se quedan en la conmemoración de un hecho fundacional pero que puede tener lecturas contemporáneas. Piénsese en quién es ahora esa gente tan ufana y tan soberbia que se opone al “Catalunya, triomfant, tornarà a ser rica i plena”.
He dicho muchas veces que las naciones, como los dioses, solo existen en la mente de sus respectivos creyentes que, faltaría más, niegan la existencia de los otros dioses o la nacionalidad de los que les niegan la nacionalidad. Si España es una nación, Cataluña no podría serlo según el creyente españolista del mismo modo que el creyente catalanista negará que España sea una nación. Existirá solo en las mentes, pero hay que ver los efectos visibles que tienen tales creencias, sobre todo cuando se vuelven yihadistas o terroristas de Estado.
¿Y el himno español? Pues no tiene letra aunque se ha intentado que la tuviese para que los adscritos a tal creencia puedan cantarlo en público (en unas olimpiadas, por ejemplo). En mi infancia se cantaba. Se trataba de la letra de Pemán, pero no la de 1928, sino la de antes de la última guerra civil en la Península. “Arriba España. Alzad los brazos hijos del pueblo español que vuelve a resurgir”. Lo primero que llama la atención es lo del “saludo ibero” de los falangistas, común con los fascistas italianos y los nazis alemanes, no tan iberos. Después, lo de “volver a resurgir”, cosa necesaria si se piensa en el “Gloria a la Patria que supo seguir sobre el azul del mar el caminar del sol”. Primero, nuevamente, la gloria. Después, la versión desde el otro lado de los himnos andinos: la conquista y colonización como motivo de gloria. Cosa de creyentes, sí. Con esa peculiaridad de los nacionalismos que ponen el pasado como modelo del futuro. Algo así como la Gloria Celestial como recuperación del Paraíso Perdido.
Nada que objetar excepto cuando pretenden engañarme.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Para la búsqueda de enemigo por parte del gobierno estadounidense, un buen artículo en el Tomgram. Wkipedia proporciona varias traducciones del himno nacional estadounidense, adoptado en 1931 pero cuya letra es muy anterior)

1 comentario:

  1. Yo creo que también habrás cantado eso de:

    "Rosa d'abril, Morena de la serra,
    de Montserrat estel:
    il·lumineu la catalana terra,
    guieu-nos cap al Cel"

    Yo sí, y lo chistoso es que me lo enseñaron en Lima...

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