martes, 7 de febrero de 2017

Encuestas falsas

Los francófonos se podrán entretener con este jugoso artículo de Le Monde, con múltiples enlaces y varios videos sobre las originalidades del gobierno Trump (me resulta raro eso de llamarlo "administración Trump", sobre todo viniendo el personaje del mundo empresarial con o sin consejo de administración). Al margen de recoger el rechazo de los grandes de Silicon Valley al decreto sobre la inmigración y discutir si Trump tiene albornoz y lo usa cuando se sienta ante el televisor, lo más entretenido es encontrar una nueva definición de encuestas falsas: son aquellas que muestran que la gente no está de acuerdo con lo que hace el gobierno. Tienen que ser falsas y son usadas por la perfidia de unos medios que ocultan los datos sobre el terrorismo (otra cosa es que desde ese gobierno se inventen masacres que nunca existieron, la de Bowling Green en concreto).
A lo que parece, las encuestas muestran una vez más una división casi al cincuenta por ciento entre los que apoyan el decreto anti-inmigración y los que lo rechazan. Las encuestas (margen de error sin considerar) muestran un cierto predominio de los que lo rechazan, aunque los que lo apoyan sean muy numerosos. Fifty-Fifty, como digo. La cuestión, entonces, no es saber si el dichoso decreto tiene apoyo o no, sino percatarse, una vez más, de la profunda división que se puede constatar en el pueblo estadounidense. Si es así, nadie tiene derecho a hablar en nombre de "la gente" o "el pueblo" ni, mucho menos, "la nación". En el mejor de los casos, se hablará de una mitad de la gente, pueblo o nación. 
No es un caso tan raro. Las encuestas en Cataluña (todavía España), dan un fifty-fifty respecto a la independencia o secesión. Nadie puede decir que habla en nombre de la totalidad. Lo que puede decir es que las encuestas que dicen lo contrario de lo que uno predica son encuestas falsas o manipuladas. Eso sí: el modo de presentarlas los diversos medios de comunicación, más o menos militantes al respecto, sí puede ser parcial, resaltando en titulares lo que tantas veces he constatado: arrimar el ascua a su sardina, subrayar los datos que mejor encaja con el pre-juicio (anterior al juicio). Los creyentes de una u otra opción se acogerán a los titulares o, en casos extremos, a las encuestas para encontrar un fundamento adicional a su fe (sobre la religión nacionalista -nacionalista se es también desde los gobiernos centrales- se puede ver mi viejo librito que aparece aquí, a la derecha, en pdf).

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