domingo, 8 de enero de 2017

Peligrosos economistas

Lo reconocen ahora sin mucho pudor y desde puestos relevantes: sus predicciones económicas fueron un desastre, en particular en lo que respecta al Brexit. Se trata de una mezcla de factores que pretendían ocultarse bajo capa de cientifismo, matemática, modelización y distanciamiento, partiendo de supuestos más parecidos a la física que a las modestas ciencias sociales convencionales. 
Partían de un modelo de comportamiento humano que no acaba de encontrarse en la realidad, a saber, la de la "elección racional", la del "homo oeconomicus" que toma sus decisiones con frialdad calculada y en búsqueda de maximizar sus intereses (como si sus intereses fuesen uno solo). Cuando el presupuesto del que parte un modelo es radicalmente falso, sus resultados pueden ser correctos o incorrectos, pero eso nadie lo sabe hasta que la "rugosa realidad" se impone e imparte su veredicto de "culpable" o "inocente".
Su economicismo era un segundo obstáculo: la realidad realmente existente no es únicamente económica sino que tiene la manía de unirse a otros elementos que tienen muy poco que ver con dicho economicismo. Y de dicha unión nacen hijos de lo más variopinto según quién domine, cómo lo haga o, incluso, si ha llegado a haber "intercourse" o "ayuntamiento carnal".
El poder es mal consejero. El creerse con el vocabulario (lo que llaman "teoría") correcto (y algo esotérico, todo hay que decirlo) que divide al mundo entre los iniciados (ellos) y el resto (los ignorantes que somos los demás) no es una buena fuente de conocimiento de cómo son las cosas. No es eso de que "el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente". Es, más bien, que "el creerse con el poder intelectual engaña y el creerlo absolutamente engaña -muchas veces- de manera absoluta".
Conocimiento e intereses, si no recuerdo mal, fue un trabajo de Habermas en el que planteaba, en mi opinión, la cuestión de fondo: el conocimiento nunca es desinteresado de manera absoluta y los intereses que mueven la investigación (los modelos, las propuestas, las recetas) pueden tener más importancia y fuerza que los mismos datos a los que se pretende acceder. Weber creo que también tuvo cosas parecidas. No son, por tanto, asuntos de la prensa del día sino que ya tienen edad suficiente como para aportar algo de modestia a la arrogancia de estos peligrosos economi(ci)stas. De derechas o de izquierda (que, de nuevo, puede ser cuestión de intereses). Tanto da. Eso sí: los nuestros nunca se equivocan... hasta que la realidad los desmiente y dedicamos un cierto esfuerzo en explicar por qué la realidad fue tan ignorante como para no adecuarse a nuestros modelos.

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