miércoles, 31 de agosto de 2016

Disculpe si simplifico

1. Es conocida la manía del nacionalismo, sea unionista o secesionista, de poner al pasado propio como modelo de su futuro. Ejemplos los hay de lo más variado como es el caso de esos nacionalistas peninsulares con sus ideas sobre los Fueros y de esos unionistas igualmente peninsulares con sus ideas sobre lo bien que ha ido la etapa anterior. Lo que ha sucedido después de aquel pasado brillante y paradisíaco solo es relevante si muestra la necesidad de volver a aquel paraíso ya que la historia lo que ha hecho ha sido estropearlo. Hechos tras hechos muestran hasta qué punto aquella situación idílica se ha deteriorado en gran parte debido a factores externos e internos. Los externos se llaman “situación económica internacional” y los internos “la irresponsable oposición” y el error de los electores no votando “correctamente”, es decir, a favor del pasado glorioso.
2. Estos planteamientos contrastan con los que quieren conocer ese pasado para no estar obligados a repetirlo. De glorioso, nada. Miserable, feroz, violento, con élites explotadoras y marginadoras, política populista (todo para el pueblo pero sin el pueblo gracias a la mayoría absoluta) que llevaría a la eclosión de líderes responsables ante Dios y ante la Historia... o no. Memoria Histórica también de algunos españoles contemporáneos que se horrorizan pensando en los austericidios, rescates bancarios, corrupción, desahucios, deuda externa, déficit público y otras minucias.
1 y 2. Entre los adoradores del pasado imaginado al que hay que regresar y los que constatan un pasado nada agradable que habría que evitar como fuese,  hay, evidentemente, una diferencia temporal: los primeros se remontan a tiempos muy antiguos, tan antiguos que son imaginarios y quedan soterrados bajo un supuesto aumento del PIB y otros artilugios estadísticos (estadística viene de Estado), aunque no hablen nada de lo sucedido con la desigualdad, pre-condición para tal mítico aumento. Los segundos se quedan en la historia muy reciente, la más o menos constatable (nadie es perfecto y el sesgo siempre entra de una manera u otra) con una desigualdad que dificulta al crecimiento que genera empleo. Pero la gran diferencia es ideológica si a lo que nos atenemos es a las consecuencias de sus proyectos. Aunque se presenten como progresistas defendiendo el “interés general” (ahora todos son progresistas, de decir, oteadores del futuro), volver al pasado puede ser enormemente conservador, sobre todo si deja inalteradas las poco presentables condiciones del presente. Evitar el pasado, en cambio, puede ser algo menos conservador porque se trata, en el fondo, de evitar el reflejo de aquello malo, sea lo que sea, en el presente. Pero sin exagerar: olvidando la historia se corre el riesgo de repetirla. En otras palabras, progresistas de pacotilla y a efectos puramente de manipulación electorera.
3. Pero hay algo peor: los que cometen crímenes contra el futuro. No les preocupa el pasado ni para volver a él ni para evitarlo. Sencillamente, sacrifican el futuro en aras del presente (de “su” presente) y el que venga detrás que arree o, si se quiere poner en fino, "après moi le déluge", después de mí el diluvio, como dicen que decía aquella  madame (y tan madama) francesa. Curiosamente pueden parecerse mucho al grupo 1. Aquí entraría Theresa May, primera ministra británica, cuando afirmó con desparpajo en su Parlamento estar dispuesta a utilizar las armas nucleares contra centenares de miles de personas (obviamente, incluyendo mujeres y niños, pero eso no lo dijo), es decir, afirmación de no descartar el terrorismo aunque no sea yihadista sino cristiano, que también lo hay. O entraría Donald Trump, candidato a la presidencia estadounidense, y su idea de entablar una cruenta "guerra mundial" (sic) o utilizar las armas nucleares, que su país posee abundantemente, para responder al otro terrorismo, el del EI. Pero no. En este grupo está todo político que se precie de serlo y que, en función de su presente (cada caso es cada caso, pero suele incluir el deseo de mantenerse en el poder o de lograrlo al precio que sea) decide sobre el futuro o, peor, no decide sobre el futuro. Claro que me refiero a cuestiones mediambientales (calentamiento global), sociales (aumento de la desigualdad poniendo el sistema al borde de la ruptura), económicas (todo el poder para el 1%, armamentismo), culturales (fomento del consumismo, insolidaridad y violencia) y cosas por el estilo. Sigan 1 y 2 discutiendo sus cosas mientras en 3 se están jugando cuestiones más importantes que incluyen a todos los humanos.
Disculpe si simplifico, pero más lo están haciendo ahora en Madrid.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Vestido femenino

La historia de la intromisión en el vestido de las mujeres es larga. Pueden verse aquí normas desde la antigüedad clásica europea a nuestros días.
En mi lejana infancia había carteles que decían:"Mujer: si no quieres sufrir la vergüenza de que te expulsen del templo, mira siempre cómo vas. Manga larga, medias, traje honesto". Los recuerdo en la puerta de algunas iglesias (católicas, por supuesto) aunque el texto no coincida exactamente con lo que otros recuerdan de aquellos tenebrosos años 40 y 50 españoles (con los 60 llegó el turismo y el bikini y los tales carteles desaparecieron).
Pero es que con el burkini hay algo más: rechazo de manifestaciones públicas de religión, ya que se supone que las mujeres que tal cosa visten en las playas lo hacen por religión (musulmana, por supuesto) y eso está muy feo. Parece que las cosas se han serenado en Francia y la policía ya no tiene que sacar de la playa a mujeres vistiendo tal prenda, supongo que no para obligarlas al bikini o al topless.
No consigo recordar la nacionalidad de la señora que mostraba un crucifijo dorado en su "canalito" puesto en valor por su sostén. La vi en televisión. A nadie le producía el mayor rechazo tal acto religioso aunque la visión beatífica fuera por otros derroteros y se le pudiera aplicar, con mucha más razón, el aviso en la puerta de los templos católicos de otro tiempo.
¿Pueden los varones entrar con tanga en una iglesia? ¿Pantalones cortos? ¿Con tatuajes obscenos? ¿"Marcar paquete", como muestra de la religión machista, ha de ser perseguido por la justicia? También en mi infancia, en la llamada "playa del obispo" (Benimar) en Valencia, España, estaba prohibido a los varones ir a pecho descubierto por la playa, razón por la que el uso de camiseta era obligatorio y, por supuesto, ropa de baño tipo pantalón, nada de cosas ajustadas y cripto-exhibicionistas. Y las mujeres, con ropa de baño con un mínimo de faldillas que impidiesen la "puesta en valor" de protuberancias inferiores, lo cual las hacía mucho más interesantes para nosotros adolescentes pecadores.
La verdad, como si no hubiera problemas más urgentes e importantes. Y los hay. Una excelente lista aquí que incluye las buenas relaciones del gobierno francés con el gobierno de Arabia Saudí, tan defensor de los derechos de la mujer como todo el mundo sabe. O el francés mismo.
Que hay un problema con los yihadistas en Europa es obvio. Algunos están entre los refugiados, que sufren un shock post-traumático que les inclina hacia la violencia, pero poner más muros y barreras no es garantía de que el problema termine: muchos yihadistas son europeos. Poner barreras a cuestiones secundarias como el vestido puede ser incluso contraproducente siendo, como es, un asunto baladí. Tengo mi propia lista (aquí, al final de todo), pero aquí hay otra a no despreciar: lucha ideológica, como, dice el artículo que cito, la que hubo en su momento con el comunismo y que ahora tiene que ver con los exportadores de esta ideología, Arabia Saudí y Qatar sin ir más lejos. No es despreciar al Islam o criticarlo desde la ignorancia (cosa frecuente, por cierto). Sino hacer ver las limitaciones y contradicciones de esta variante muy particular del Islam que es el yihadismo. Si todo se reduce a prohibir el hiyab o incluso el burka (no digamos el burkini), el remedio es peor que la enfermedad: el grupo se sentirá agredido sin motivo y algunos encontrarán nuevas razones o añadirán a las ya existentes para cambiar de versión del Islam. Y un último punto: cierto que en el Islam se encuentran tradiciones muy parecidas a las de los fanáticos cristianos incapaces de gestionar situaciones ambiguas y que tienden a visiones de la realidad en "blanco o negro", con ideas cartesianas "claras y distintas". Sin embargo, en esas dos religiones, como probablemente en todas, hay espacio para gestionar algo que es la vida misma: los matices, el gris entre el blanco y el negro, la comprensión de una cosa y de su contraria. En el caso del Islam, esa tradición menos extremista tiene orígenes antiguos. Un ejemplo, aquí, en esta recensión del libro de Shihab al-Din al-Nuwayri The Ultimate Ambition in the Arts of Erudition, que se publicará ahora por Penguin Random House a partir del original del siglo XIV. Las citas contra "desórdenes" sexuales van acompañadas de sus alabanzas y disfrutes. Referencias al vestido o al no-vestido incluidas.
(Añadido el 1º de septiembre: interesante comentario de Noam Chomsky sobre el vestido masculino de los judíos hasidíes -pantalón y chaqueta negros, camisa blanca, sombrero negro, pelo con trenzas -a veces con filacterias- al final de esta entrevista. A nadie se le ocurre desnudarlos y vestirlos con vaqueros habiéndoles cortado el pelo ya que no se debe exponer en público un vestido religioso. Ya puesto, añado, se podrían prohibir las sotanas, hábitos de monjas y monjes e incluso el "clerman" de los sacerdotes cristianos)

martes, 30 de agosto de 2016

Excepcionalismo estadounidense

En muchos pueblos ha dominado la idea de estar por encima de las leyes, la de ser excepcionales, la de haber sido elegidos por dios (o, como el Japón, por la diosa Amaterasu). En sus momentos más imperiales, eso creían muchos españoles, como lo han creído los ingleses hasta hace poco. La ventaja de tal creencia es que su política exterior no tiene las molestas cortapisas del derecho internacional o el derecho de gentes. Entre el pueblo (es decir, sus élites gobernantes/dominantes) y Dios no había ninguna cortapisa, incluida, ahora, el Tribunal de La Haya o, sencillamente, las Naciones Unidas. El gobernante, como pretendía ridículamente el dictador español Francisco Franco, es "responsable ante Dios y ante la Historia". Pero para que tal pretensión tenga efectos (la de Franco no lo tenía, como sucedió cuando se le retiraron los embajadores o cuando tuvo que arrodillarse ante Eisenhower) hace falta un dato más: ser potencia hegemónica. El excepcionalismo viene después, como una hora de parra que cubre las vergüenzas del poder mundial.
Resulta esclarecedor este intento de desmontar la lógica del excepcionalismo estadounidense ("americano" en el texto): cómo se produce, cómo se fomenta, cómo se asienta y qué instrumentos se usan para convencer a propios y a extraños de tal situación excepcional que todo bienpensante debe aceptar como cierta e inamovible.
No hay nada eterno, como muestra este cuadro

Efectivamente, puede haber excepcionalismo estadounidense para rato y hasta podría renacer de sus cenizas como ya hizo su modelo, Inglaterra, ambos copiando del modelo del pueblo de Israel (Es Toynbee, creo, el que lo decía). Que el gobierno de Israel practica el excepcionalismo me parece fuera de duda.
(Añadido el 7 de septiembre: el que el presidente de Filipinas haya llamado "hijo de puta" al presidente de los Estados Unidos, es visto por algunos como un síntoma más de la decadencia de los Estados Unidos. Más insultos bien poco diplomáticos entre jefes de estado aquí. Mi favorito: cuando Reagan llamó a Gadafi "perro loco" -después resultó que era aliado de los "occidentales"  que después lo derrocaron violentamente, pero esa es otra historia)

lunes, 29 de agosto de 2016

No es neolengua

¿Qué diferencia hay entre lo que Turquía ha hecho en Siria y lo que Rusia ha hecho en Ucrania? Muy sencillo: Turquía ha llevado a cabo una "intervención" mientras que Rusia ha perpetrado una "invasión". Este artículo se concentra en el último caso, aunque hace referencia al anterior, y se dedica a ver cómo el New York Times ha caído en el "groupthink", palabrita que el psicólogo Janis inventó pensando en la "doublethink" del 1984 de Orwell. Ojo con lo que se lee en la prensa "de referencia",
Encima, ambos casos son suficientemente complicados como para que sea fácil sucumbir a la tentación de simplificarlos. Aquí un ejemplo de hasta qué punto se trata de asuntos complicados, en este caso respecto a la participación de Turquía. El caso llega a que los aliados de los Estados Unidos estén peleando entre sí.

La guerra llega a casa

Me preguntan si, como se dice en algún libro al que volveré en un par de semanas, la violencia está disminuyendo en el mundo, cosa constatable si se toman los datos con suficiente perspectiva temporal. Hemos hablado por teléfono al respecto el periodista y yo. Mi punto es que las series temporales se han roto. Si tomamos las definiciones habituales de "guerra" y "muertes causadas por la guerra", es posible que el descenso sea constatable. Ya no lo es tanto si lo que cuantificamos son ataques terroristas y muertos causados por tales ataques. Ahí es innegable que, en lo que va de siglo, la cosa ha empeorado. Como digo, volveré con los datos en un par de semanas. Tiempo al tiempo.
Hay, de todos modos, un asunto que me da que pensar y es que los actos violentos "clásicos" han sido sustituidos por otros, no necesariamente letales. Pienso, por ejemplo, en el bloqueo del Parlamento Catalán que se produjo en 2011. No son casos aislados y es cierto que a dicho descontento, frustración y agresividad se le han dado posteriormente nuevos cauces para expresarse de forma no-violenta. Electoralmente, por ejemplo (la alcaldesa de Barcelona es un ejemplo) y se han encontrado medios distractivos como el independentismo en el que "todos somos una nación" y no hay enfrentamientos dentro de una entidad tan fraternal como es la nación en la que "Ya no hay judío ni gentil, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos sois uno en Cristo Jesús", es decir, sois uno en la nación (Gálatas 3:20-29).
El truco nacionalista no es el más preocupante a pesar del riesgo violento que siempre ha tenido el choque entre nacionalismos, ambos convencidos de ser los "verdaderos". El más preocupante, en mi opinión, es el de la "guerra" civil actual dentro de los Estados Unidos. No se le puede llamar "guerra" en sentido estricto, aunque ya se habla del "enemigo", pero los "grupos de odio" han entrado en una dinámica de acción-reacción (tú matas a un negro, yo mato a un policía que mata a un negro que matan a un policía) que no encaja con la "lucha de clases" ni con la palabra "guerra" (y menos de "clases" en el sentido clásico de la palabra). Algo está cambiando y habría que prestar la atención que merece a estos movimientos por la justicia social (palabrita que, por cierto, encuentro después de los muchos años que me separan de mi adolescencia). Esta guera es, sí, un arma cargada de futuro y no es precisamente poesía.
(Añadido el 11 de septiembre nada menos: la barbarie, según cuenta Juan Torres en su blog, también está presente, y tanto, en las redes sociales)

domingo, 28 de agosto de 2016

Gaza en contexto

Los que hayan olvidado que Gaza existe y que allí hay algún que otro problema y quieran refrescar la memoria, por muy depresiva que sea, aquí hay material. Inocentes los muertos. Inocentes los niños muertos. Pero grados de culpabilidad desde el sionismo fundamentalista a los fundamentalistas de Hamás. 

Pensamiento positivo

Me he tenido que acordar de Sergio Endrigo, cantante italiano, que en los 60 cantaba aquello de "se tutte le ragazze e i ragazzi del mondo si dessero la mano... allora si farebbe un girotondo in torno al mondo". El problema residía en el condicional ("se" y el tiempo del verbo "dessero", "si los jóvenes se diesen la mano" tendríamos un mayo del 68, añado yo). El acompañamiento de YouTube es de aquel tiempo, incluyendo a Pau Casals interpretando, si no me equivoco, "el cant dels ocells".
Y me he acordado al leer esta serie de respuestas a Le Monde por parte de filósofos, psicanalistas, sociólogos, educadores a la sencilla pregunta de qué hacer ante el pesimismo dominante en esta época. Los 60 no eran tiempos de pesimismo. Al contrario: "seamos optimistas, pidamos lo imposible". Sin embargo las respuestas se parecen mucho en uso y abuso del condicional: claro que todo iría mejor "si" todos nos pusiéramos de acuerdo en afrontar la cuestión mediambiental (los que ganan dinero con ella no parece que estén por el acuerdo), la pobreza y el hambre en el mundo (que es archisabido que se podría solucionar "si" los que ganan con ello cambiasen de política) o la incertidumbre política, económica y social dominante. Pruebe a leer las opiniones de estos expertos mientras ve las imágenes de la canción de Endrigo.
Por supuesto, se puede acceder al pensamiento positivo: basta con estar en la parte apropiada del Globo (el centro, no la periferia, país rico, no país pobre), pertenecer al grupo social apropiado (arriba, no abajo), tener la impresión de que algo está haciendo (aunque no tenga maldito efecto perceptible) y disponer de una clase política competente, imparcial, con principios y objetivos que van más allá del disfrute del poder (habrá que buscarla como Diógenes, ciertamente no en España, los Estados Unidos, Italia, Francia o Inglaterra, por poner algún ejemplo). 
Si de eso nada, el pensamiento positivo consiste en plantearse solo aquello a lo que uno individualísticamente puede enfrentarse. Lo demás, ande yo caliente, ríase la gente. Hay gente que se gana la vida predicando eso. Nada que objetar, pero que no digan que yo soy un pesimista sin causa.
Uno de mis gurus (tengo varios suficientemente heterogéneos como para así conservar mi libertad) me da una opción: recorre el mundo desde lo planetario a la individual y va encontrando lo malo, incluso pésimo, que se le va presentando a cada paso (planteario, regional, estatal, subestatal, municipal, local) y llega a lo individual: allí encuentra, en todas las localidades, municipios, zonas y países gente encantadora de los que vale la pena ser amigo. Tiene razón: tengo en todo el Planeta o, para ser más específico, Américas, Europas y Asias -conozco a muy poca gente en África- a muy buenos amigos. Me escribo con varios de ellos, compartimos ideas e ideales y no se me ocurre identificarlos con las barbaridades que practican sus líderes o los míos. No quita en nada lo desagradable que se encuentra en su contexto y en el mío, pero permite compartir por lo menos la esperanza de que redes como las nuestras sean un grano de arena o aquello de que todo largo camino comienza por un pequeño paso, aunque sea frase citada por Rajoy. Sea com sea, mejor algo que gratifica a mortificarse pensando en que no hay modo de solucinarlo).

sábado, 27 de agosto de 2016

Afganistán e Irak: todo un éxito

15 años después, y 70 millardos de dólares gastados, hace pocos días el gobierno de los Estados Unidos envió otro centenar de soldados a la zona a pesar de haber anunciado la retirada y en franca señal de recuperación de actividades. Los militares con cargo público son mejores que los politicos con (in)competencia en lo militar en el arte de la neolengua. En el presente caso, el militar al cargo afirmó que se iba en una misión "temporal" (como todas: no las hay eternas, creo), pero no indicó cuán "temporal" era la cosa por "motivos de seguridad".
Otro éxito, esta vez en Irak, Abu Ghraib para ser exactos, donde estuvo encarcelado el preso US9IZ-157911CI, de nombre Abu Bakr al-Baghdadi... líder del Estado Islámico en la actualidad, según cuentan aquí citando fuentes militares.
Conociendo la trayectoria de estos desaguisados, me pregunto quién está haciendo caja gracias a todo esto. ¿Muertos? ¿Quién se preocupa por los muertos? Los tales seguro que no, muertos y bien muertos.

jueves, 25 de agosto de 2016

Desconfían de sus líderes

Les achacan falta de competencia, imparcialidad y objetivos (excepto el del poder por el poder y el de su carrera personal). Incompetentes, van a la suya y no se sabe qué quieren exactamente. 
He recibido hace un momento una convocatoria por whatsapp para una manifestación en España contra los políticos incompetentes, incapaces de formar gobierno, marrulleros y que no se preocupan de los problemas ni siquiera de sus propios votantes. Eso sí,  esos políticos recurren al mito de interpretar los votos individuales como un "lo que los españoles nos han dicho con su voto es...". Desastroso.
Sin  embargo, esos defectos de los politicos no los encuentro referidos a los españoles (o a los catalanes). Se habla aquí de los políticos de los países "desarrollados" en general y del Reino Unido y los Estados Unidos en particular.
Cuando se encuentran varios casos, ya no vale recurrir a la ideosincrasia de los diversos países. Algo está pasando en el mundo para que se produzca este efecto de manera casi simultánea. 
Y no vendrá mal plantearse a qué puede llevar este rechazo a los políticos. Dicen que el dictador Franco le decía a uno de sus ministros: "Tú haz como yo: a trabajar y a no meterte en política". El rechazo a la partidocracia era evidente. Ganada a pulso por los partidos, pero irresponsable por ambas partes. Excepto para los que salieron ganando. Economía incluída.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Esto es un artículo... o no

Voy a decirle lo que pienso... o no. Curiosa manera de iniciar una conversación en la que el interlocutor no va a saber de qué va el que tal cosa profiere. Pero no tema, no añadiría mucho si después de todos estos dimes y diretes, escribiera que voy a decir lo que pienso... y punto. En efecto, no es lo mismo “podemos aceptar muchas cosas... o no” que “aceptaremos muchas cosas... y punto”.
Creo que, piense lo que piense, el párrafo que antecede resume en qué ha quedado la política entre nosotros. Los españolitos (y españolistas, todo sea dicho por mor de la redundancia) sabemos que lo que nos dicen “ellos” no es necesariamente lo que piensan, así que es inútil que añadan el “... o no” o el “... y punto”. Es irrelevante. La prueba más evidente es cómo aplican la doctrina de Marx (Groucho, por supuesto) con aquello de “estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros” y que se trasforma en un “estas son mis propuestas. Si no me conviene, tengo otras”.
Dos consecuencias. La primera es que no se va a poder votar atendiendo a las propuestas, tan irrelevantes como la presunta sinceridad de “ellos”. La segunda, más grave en mi opinión, es que muestra hasta qué punto “ellos” viven en un mundo con sus propias reglas y casi independiente de lo que puedan querer o gustar el resto de habitantes de este territorio (observe cómo evito cuidadosamente decir “este país”, “ciudadanía”, “nación”, “pueblo”, “gente” y, obvio, “España” y sus variantes de Estado Español y Reino de España).
No hace falta que insista en que “ellos” mismos niegan sistemáticamente este último punto (el del mundo de “ellos” ajeno al resto, no el del nombre de la cosa). Si les hiciéramos caso, sabríamos que trabajan por el “bien común” o los “intereses generales” o, si cojean del otro pié, por “los de abajo” o “los trabajadores” o “las clases medias”, y, si no se sabe de qué pié cojean, dirán que trabajan por la “gente”, algo tan concreto y comprensible como lo que dicen los otros y que no vendría mal que lo explicasen con peras y manzanas, no con blablabla. Lo malo es que, volviendo al principio de esta colaboración, es posible que sea realmente lo que piensan y desean... o no.
La primera vez que visité los Estados Unidos estaba en auge el movimiento “hippy” (años 60, que uno ya peina canas desde hace tiempo) y tuve ocasión de conversar con personas que compartían aquellos ideales y aquellas prácticas. La vez siguiente, habían sido fagocitados por las reglas del juego dominantes y sus productos se vendían siguiendo las presuntas leyes de la oferta y la demanda. Lo mismo me sucedió con algunos “verdes” muy alternativos alemanes que afirmaban enfáticamente que había que salirse del sistema: terminaron dentro y muy dentro del mismo, es decir, haciendo gala de su adhesión a los principios que habían denostado años antes.
Volvamos a aterrizar: los “indignados” y las “marchas por la dignidad” encontraron su cauce de representación política, lo cual les desmovilizó en esa línea para concentrar sus esfuerzos en la línea electoral mediante la cual podrían llevar a la práctica sus principios y conseguir la satisfacción de sus demandas... o no. La impresión de la que no puedo librarme es que las reglas del juego electoral(ista) han terminado fagocitando aquellos principios y demandas, con lo que lo que ha sucedido es que estos representantes hayan terminado formando parte del denostado “ellos” al que decían combatir. Ahora se trataría de ser realistas haciendo una política más “sexy”.
Lo peor del caso es que los trucos que han usado cada uno de “ellos” para demostrar que la culpa de todo la tienen los otros “ellos” son, en más de un caso, tan evidentemente arteros que se convierten en un insulto a la inteligencia de los que no somos “ellos”. Ahí se vuelve a ver lo poco que se fijan en lo que pensamos y hacemos los “otros” y en qué medida viven encerrados en su mundo, encuestas “ad usum delphini” incluidas. Claro, no pueden decir que los verdaderos culpables del desaguisado no son “ellos”: son el resto, los demás, los que votan o se abstienen, que no saben hacerlo como deberían y no aprenden a pesar de las ocasiones de votar que “ellos” graciosamente nos proporcionan, aunque parece que preferirían no tener que someterse a tan engorrosa circunstancia: se bastan y se sobran “ellos” solos... o no.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

UE camino a la desintegración

La Unión Europea, que no es lo mismo que Europa, estaría dirigiéndose hacia su desintegración. Aquí se recogen las posibilidades que los euroescépticos y eurófobos tienen en las próximas elecciones y cuál parece ser la tendencia general, por lo menos, nacionalista (y nacionalista no significa únicamente secesionista: puede ser unionista).  Populistas les llaman
Cierto que los federalistas están en pie de guerra (con perdón), pero no parece que los gobiernos "nacionales" les estén haciendo mucho caso cuando dicen que la solución es "más Europa, no menos". Y en las Españas discutiendo sobre si ha de haber diputaciones provinciales o no.
Los jefes nunca se equivocan, decían los fascistas españoles de hace un siglo. Si tal cosa se cree, se puede tomar "at ists face value" la declaración de Merkel, Hollande y Renzi en sentido contrario: la UE goza de buena salud. Como el médico: la operación ha sido un éxito; lástima que el paciente haya muerto. Su obligación no es la del "sangre, sudor y lágrimas", por lo visto, sino la de "no hay novedad, señora baronesa, todo va bien".
(Añadido el 28: un artículo de Stiglitz rechazando las razones convencionales sobre el mal funcionamiento de la UE (la culpa es de las víctimas, excesos burocráticos de Bruselas, mala calidad de sus líderes y cosas así) y repitiendo su argumento: la culpa la tiene la chapucería perpetrada con el euro. Añade lo que habría que hacer para superar este handicap).

martes, 23 de agosto de 2016

Criticar al contrario: de te fabula narratur

Un grupo de 50 políticos, representativos del aparato de la defensa estadounidense, ha publicado una carta en la que ponen a Donald Trump en su sitio, razón por la que desaconsejan a los estadounidenses que le voten:
- carece de conocimientos básicos sobre leyes, normas e instituciones estadounidenses
- debilitaría el liderazgo moral que los Estados Unidos ejercen sobre el mundo libre
- y es incapaz de diferenciar la verdad de la mentira.
Resultaría divertido, si no fuera trágico, aplicar tales características a los firmantes de tal carta. Si queda sentido del humor, se puede leer aquí, donde, después de poner en solfa esa idea del "mundo libre" heredada de la Guerra Fría y de escasa base empírica en lo de "libre", se pone en duda lo del liderazgo moral con suficientes casos en la historia reciente que ya lo han dejado maltrecho, asunto en el que algunos de los firmantes han tenido algo que ver. Sobre los conocimientos de estos últimos, hay razones para dudar. Pero en lo que no se puede dudar es de su capacidad para confundir la verdad con la mentira.
Lo del "liderazgo" y lo del "mundo libre" se puede dejar de lado. Pero la falta de conocimientos básicos y la manía de dar por verdad lo que se sabe que es falso (que eso es una mentira) parece ser una de las epidemias que traen consigo las etapas de "vacas flacas" en las que algunos ciudadanos se percatan de cómo les han estado engañando, cosa que, en tiempos de "vacas gordas", disminuye ya que no se le va a culpar al político de haberlo hecho bien. Se podría aplicar, como digo, a muchos otros países, entre ellos las Españas (incluyendo a Cataluña) o a Venezuela.
Pero volviendo a los Estados Unidos, no deja de ser irónico que se critique a Trump por cosas que los criticantes también han hecho y se olvide de que algunas de esas cosas también se podrían aplicar a la otra candidata a la presidencia. 
Elección entre candidatos competitivos sobre los que se dispone de información suficiente y fidedigna, al igual que sobre sus propuestas. Bonito ideal cuando lo que prima son los envoltorios, no los contenidos.

lunes, 22 de agosto de 2016

A quién sirven los gobiernos

Es conocida la simplificación, propia de todo manifiesto político, que aparece en el Manifiesto Comunista, a saber, que "el gobierno es el consejo de administración de los negocios de los burgueses". La realidad, después, resulta algo más complicada que eso. Pero vayan dos casos significativos al respecto, ambos relacionados con la invasión de Irak.
El primero, es esta intervención de Hillary Clinton en 2011 planteando (como dice al final de este corte) que habría que mirar a Irak como una oportunidad para hacer negocios. Obviamente, se está dirigiendo a una audiencia empresarial. 
El otro es un análisis del informe Chilcot precisamente desde ese punto de vista, el de la relación entre guerra y negocios.
The Iraq War, and the furious scramble for contracts which both preceded it and continued throughout, shows the confluence of private and public interests on a scale rarely seen. While the idea of Iraq as simply a war for oil may be reductive, the Chilcot Report and its accompanying documents show that money and financial interests lined many layers of the path to the Iraq War.
Aquello no fue solo una búsqueda de acceso al petróleo iraquí, que sería algo simplificador. Pero lo que precedió a la guerra fue un esfuerzo de los gobernantes de la "comunidad internacional", los de la coalición, por conseguir oportunidades para los negocios de las empresas de sus respectivos países. El caso británico es claro: el gobierno trabajaba para que las empresas británicas pudieran acceder al botín. Desgraciadamente, no se sabe mucho (o no sé mucho) sobre qué hizo el gobierno español al respecto. 
Pero sí queda claro, leyendo el análisis que cito, que el gobierno se preocupó por "sus" empresas, es decir, las que tenían sede en su país. Por mucho que se hable de multinacionales, al final las empresas resultan tener cuarteles generales que están localizados, aunque después no sean precisamente muy generosas a la hora de responder con impuestos y prefieran declarar los beneficios donde más les convenga fiscalmente y procuren utilizar todos los paraísos fiscales del mundo para lograr evadir impuestos.
Nadie es perfecto, A pesar de ello,  los gobiernos, por lo visto, tienen claro a quiénes tienen que defender. Lo cual también se ha visto en la etapa visibilizada a partir de lo de Lehman Brothers en la que la financiarización ha impuesto sus reglas por encima de los intereses de esas empresas extractivas, manufactureras y de servicios a las que se ayudaba en el caso de la invasión de Irak. Aunque, como dicen, "la economía no son las finanzas", cuando los gobiernos se han visto ante dilemas, por ejemplo, ante los préstamos hipotecarios fallidos, su opción ha sido clara: a favor de los Bancos.

Faced with a choice between saving the “real” economy by writing down its debt burden or reimbursing the banks (and ultimately their bondholders and counterparties) for losses and defaults on loans gone bad, the policy response of the US and European governments and their central banks was to save the banks and bondholders (who incidentally are the largest class of political campaign contributors). This policy choice preserved the remarkable gains that the “One Percent” had made, while keeping the debts in place for the “99 Percent.” This accelerated the polarization that already was gaining momentum between creditors and debtors. The political consequence was to subsidize the emerging financial oligarchy.
Este punto en el final de este último trabajo que cito (y que confieso que no he entendido del todo) muestra hasta qué punto lo del "consejo de administración" es un simplismo propio de la propaganda política. Cierto que, además, están las "puertas giratorias" y, en general, las conexiones entre políticos y empresas, en especial las financieras, asunto bien conocido en los Estados Unidos y extrapolable a otros contextos como el español. Pero la lógica parece ser la de defender los intereses de los que han financiado las respectivas campañas o hacia los que se han contraído deudas de diverso tipo o hacia aquellos con los que hay una cierta afinidad de "clase" o de "estrato social" si se prefiere. Los ciudadanos y sus votos son un mero medio, no un fin si se quiere exagerar o, por lo menos, si no se quiere quedar encandilardos por las prédicas sobre el "interés general" y el "bien común".
El Manifiesto hablaba de y para otra etapa. En la que estamos, con la creciente desigualdad dentro muchos países de los centrales o, si se prefiere, de los de la "comunidad internacional", los gobiernos parecen tener el modelo, una vez más, de Orwell y su 1984. Un "partido interior", un "partido exterior" y los "proles" en un mundo caracterizado por el enfrentamiento entre bloques. No estamos ahí, por supuesto. Pero el aumento de la desigualdad, la preocupación de los gobiernos por los "negocios de los burgueses", que diría el Manifiesto, que genera más desigualdad y la desafección política de los votantes ("proles" al fin y al cabo a los que se les puede engañar con relativa facilidad) hacen que resuenen las distopías orwellianas. El color ideológico de los gobiernos no sería tan importante aunque es obvio que, de cara a los "proles", las diversas ideología pueden proporcionar resultados diversos. Pero sin exagerar.
Lo que se puede hacer con un gobierno de otro color es tema debatido: unos exageran el peso de lo mundial, como pudo ser el caso de Andre Gunder Frank, ante lo cual reaccionaba James Petras y, ahora, unos exageran las constricciones de la globalización, ante lo cual reacciona Vicenç Navarro. Probablemente, ambos extremos estén acertados excepto cuando niegan al contrario. Por eso me resulta interesante el punto de vista de Dani Rodrik: hay muchos problemas que solo se resuelven globalmente, pero muchos otros siguen estando en manos de los gobiernos..
Distingamos, pues, lo que es constatación (siempre problemática) de las relaciones entre política (local) y economía (local por el lado de la economía "real", mundial por el de lo financiero) por un lado y, por otro,  de lo que es aventurarse en la extrapolación mirando al futuro distópico. Mirar hacia el pasado está muy bien, pero no viene mal mirar hacia modelos de futuro nada prometedores y procurar constatar en qué dirección parece ir moviéndose la cosa.

domingo, 21 de agosto de 2016

Crisis para ricos y pobres

Hablar del crecimiento sin añadir cómo está repartido es, ha dicho Johan Galtung en más de una ocasión, como el geógrafo que da la situación de un punto en el mapa solo con la longitud sin añadir la latitud.
Desde el punto de vista del crecimiento (que lo suelen medir con el crecimiento del PIB), hay países que habrían superado la crisis y son un modelo a seguir para los que ni siquiera han conseguido llegar a tasas de crecimiento "decentes", es decir, generadoras de empleo y sin entrar en el espinoso tema del crecimiento y el medioambiente, que es donde reside el problema central: es preciso crecer, bajo las actuales reglas del juego, si se quiere generar empleo, pero es preciso decrecer si se quiere ser medianamente respetuoso con el medio ambiente. En este último caso, hay cálculos sobre la "huella ecológica" que en nada animan al crecimiento bajo las actuales reglas del juego.
Pero a lo que ahora voy es a trasmitir un hecho adicional: se sabe que en algunos países, los ricos hace ya tiempo que superaron la crisis mientras que los pobres todavía no lo han hecho. Es otro defecto del PIB, que es una medida "nacional" o, cuando se calcula para el mundo, "territorial", pero no "social". Es posible que la lucha de clases haya terminado, pero clases haberlas haylas.

sábado, 20 de agosto de 2016

Oposición dividida

Supongamos un país en el que la división electoral básica sea "gobierno sí - gobierno no" y en el que las fuerzas políticas que mayores apoyos concitan estén en los que rechazan al gobierno de ese momento. Obvio que si la oposición está unida y se presenta en un solo paquete, el gobierno está perdido. Pero si la oferta de la oposición se hace en divisiones y subdivisiones irreconciliables, el gobierno está salvado. Piénsese en lo que hubo en Venezuela mientras la oposición estuvo dividida y lo sucedido una vez ha habido un acuerdo entre las distintas opciones. Y piénsese en lo que sucederá en el Ecuador de cara a las elecciones de febrero en las que al gobernante Alianza PAIS se enfrentan por lo menos seis grupos constatables, muchos de ellos formados, a su vez, por alianzas coyunturales entre fuerzas diversas (no he podido menos que sonreír cuando he visto que Juntos Podemos es el nombre de uno de los grupos que forman la Coalición Convergencia Democrática por la Unidad -el subrayado es mío y Juntos Podemos lo es de Paul Carrasco, prefecto del Azuay-).
Algo así estaría sucediendo en España, aunque no exactamente. Cierto que el "no al gobierno" podría convencer a la mayoría de españoles (60 por ciento) aunque el partido más votado sea, precisamente, el del gobierno (33 por ciento). Pero en este caso se trata de un sistema parlamentario: el gobierno se forma a partir de la composición del Parlamento, y aunque la mayoría de la población piense una cosa, la "endiablada aritmética" post-electoral lleva en dirección opuesta. Que en esa están en esta especie de versión celtibérica del mito de Sísifo: un electorado votando indefinidamente, consiguiendo siempre resultados que llevan a una nueva elección, aunque, como comenté ayer, el partido gobernante vea cómo aumenta su porcentaje de votos simplemente por aumento de la abstención entre los votantes contrarios a dicho gobierno.
Un sistema presidencial (como todos los americanos, con sus diferencias en cuanto a la segunda vuelta -en Bolivia se sitúa en el parlamento, en el Ecuador en las urnas-) puede producir presidentes de un determinado partido y mayorías parlamentarias en las coaliciones convergentes unitarias y peleadas entre sí pero opuestas al gobierno. El caso de Allende seguirá siendo el mejor ejemplo. 
En estos sistemas presidenciales suele existir la institución del impeachment, como el que se intentó con Clinton (Bill, no Hillary) cuando el asunto (que los latinos juzgarían banal) de Monica Lewinsky y nadie lo llamó "golpe de estado". Encima, fracasó. Sin embargo, Brasil y Venezuela, donde un parlamento anti-gobierno intenta desbancar a la presidenta o presidente, sí han tenido lo que se ha llamado "golpe de estado" o lo que otros llaman actuación normal en un sistema presidencial cuando el presidente aplica políticas que los anti-gobierno juzgan rechazables. 
El juego sucio se da por descontado. En política, bajo la fría aplicación de las normas, suele haber otro tipo de juegos más o menos subterráneos. El truco, en Venezuela, con un sistema judicial básicamente pro-gobierno, el truco, digo, ha consistido en retrasar al máximo el referéndum revocatorio previsto por su constitución (chavista, por supuesto, dirán algunos). Si el referéndum se convocase ahora, y en las condiciones económicas, sociales y políticas actuales, el gobierno podría perder con facilidad y la oposición, en el caso de que consiguiese un candidato único, podría acceder también a la presidencia, con lo que tendrían ejecutivo y legislativo. Pero si se convoca para el año entrante y, como sería probable, lo perdiese el gobierno, el presidente actual dejaría su cargo y sería sustituido por el actual vicepresidente, con lo que la oposición se quedaría como está. 
Todo esto en un contexto orwelliano de "neolengua" que afecta a estos casos. En el español, se dice que hace falta formar gobierno cuanto antes mientras ese gobierno en funciones retrasa todo lo posible su discusión en el parlamento y amenaza con que, si no se le aprueba allí, las nuevas elecciones, por imperativo legal, se producirían ¡el día de Navidad!. Todos quieren sacar tajada. Electoral, por supuesto. 
Lo de Venezuela me ha hecho recordar la diferencia de vocabulario que utilizaba el presidente Ronald Reagan para referirse a la hoy extinta URSS. Cuando hablaba "urbi et orbe", la URSS era el "imperio del mal" (evil empire). Cuando hablaba a los agricultores  hablaba de "nuestros clientes". Ya que EE.UU estaba exportando productos agrícolas a la maltrecha URSS por los problemas derivados allí de un campesinado alienado y "circunstancias climatológicas inusualmente adeversas" (lo de "inusual" no era del todo cierto). Ahora, en Venezuela, tenemos, por un lado, al "imperio" y, por otro, al incontestable hecho de que los Estados Unidos tienen en Venezuela a su cuarto proveedor de petróleo.
Petróleo, petróleo, Siempre petróleo (y en Bolivia, además, el litio). ¿A qué cínica empresa petrolera le interesaría que en España hubiese un gobierno débil pero sin control parlamentario mientras lleva a cabo prospecciones de dudoso impacto ambiental? Ya puestos, ¿qué impacto ambiental, contra la Pachamama, tiene la extracción del litio? ¿Y la del petróleo en el Yasuní, Ecuador?
La política, ¿retablo de las maravillas? Algo hay de eso.

viernes, 19 de agosto de 2016

El impasse español

En el Financial Times había una sucinta narración de los hechos (hace falta suscripción). Dos elecciones generales en lo que va de año y unas posibles terceras próximamente. Un detalle para los españoles masoquistas: los 240 y pico días que el gobierno está en funciones son muy pocos comparados con los 500 que estuvo Bélgica sin gobierno entre 2010 y 2011.
El periódico insinúa que la táctica del Partido Popular en el gobierno en funciones es la de provocar esas terceras elecciones de modo que no aparezcan como responsables de las mismas y con la esperanza de mejorar todavía más su 33 por ciento del voto obtenido en las últimas. No lo sé. Es posible, sobre todo si los votos obtenidos por el PP se repiten mientras aumenta la abstención. Pero creo que se volvería a plantear la dificultad de formar gobierno siendo los cuatro partidos "nacionales", más los "nacionalistas", los que son. Punto muerto de nuevo.
Cierto que, como ha dicho Johan Galtung, el problema no es la "endiablada aritmética" que dificulta la creación de gobiernos estables, sino la norma bajo la cual se decide tal creación. Es tarde para cambiar dicha regla (mayoría absoluta en el parlamento en la primera votación -sobre el total de escaños o curules- y mayoría relativa en la segunda -más síes que noes-) y dudo que, cuando haya gobierno y se legisle, se pretenda cambiarla. Pero el caso es que, bajo dicha regla, y dados los enfrentamientos incluso personales entre partidos y dentro de los partidos, la creación de un gobierno (inestable casi por definición) es problemática.
Hubo un tiempo del ahora denostado (y objeto de nostalgia) bipartidismo. Muy imperfecto, todo sea dicho, pero que permitía una cierta alternancia no sin situaciones límite como las del PSOE contra la UCD (Felipe González contra Adolfo Suárez) que llevarían a intentos de golpe de estado como el llamado "de Tejero". Las políticas de austeridad dinamitaron el bipartidismo.
El hecho es que situaciones de protesta contra el status quo (en Madrid y Barcelona, sobre todo), llevaron a la creación de nuevos partidos que recogieron el descontento creado por las políticas que venían de Bruselas para supuestamente enfrentarse a la crisis iniciada convencionalmente en 2008 con lo de Lehman Brothers. Encima, el enfrentamiento de la crisis por parte primero del PSOE y después del PP no fue lo que se dice exitoso. Estos nuevos partidos necesitaban de la legitimidad que los tradicionales no necesitaban ya que formaban parte del paisaje. Una fuente fue, precisamente, negarles la legitimidad a los ya existentes: la casta política, los líderes corruptos, la incompetencia económica, su alejamiento de lo que piensa la gente. Y el sistema se trasformó en cuatripartido (más los nacionalistas vascos, catalanes y canario). Y en esas están, por cierto repitiendo los nuevos los vicios de los anteriores.
No se trata de partidos asentados que, como en Alemania, pueden permitirse el lujo de una Gran Coalición. Se trata de partidos que miran con el rabillo del ojo a las siguientes elecciones (el máximo lapso de tiempo que permite el inmediatismo sistémico -lo comparten con las grandes empresas-) mientras que sus respectivos líderes miran con el rabillo del ojo a los competidores dentro se su partido que están planteando el "quítate tú, que me pongo yo" o que podrían plantearlo a la primera de cambio.
Hasta ahí, todo comprensible y aceptable. Pero resulta que esta "banda de los cuatro" ha entrado en una espiral de decir cosas contradictorias a lo largo del tiempo (hoy digo A, mañana digo no-A) y de practicar un tacticismo desagradable a ojos de muchos electores. No se puede decir, por ejemplo, que es urgente formar gobierno cuando se están tomando decisiones para retrasarlo ni decir que es la cúpula del partido la que tiene que decidir, reunirla y que la decisión sea la de designar al líder para que siga negociando sin que dicha cúpula tenga voz ni voto sobre los términos de la negociación. El teatrillo o sainete montado en las negociaciones que siguieron a las elecciones de diciembre fue menos desagradable que el montado después de las elecciones de junio. Total: más abstención por parte de unos y llamada a arrebato para movilizar a otros. 
Si después de enero, había españolitos que apagaban la televisión cuando salían "esos", después de junio lo viral ha sido precisamente eso: no mirar. Cansancio. Y se supone que es el electorado el soberano y quien decide con su voto quién va a gobernar en su nombre.

jueves, 18 de agosto de 2016

Cisjordania dividida

La noticia de EFE es esta: los Estados Unidos, es decir, su gobierno, está preocupado por los planes del gobierno israelí (no de Israel en su conjunto) de crear nuevos asentamientos en Cisjordania que podrían partir dicho territorio en dos. Bien es verdad que podría ser peor: el candidato Trump apoya tales asentamientos mientras que el Departamento de Estado los ha criticado repetidas veces.
Insistamos: no son los Estados Unidos por un lado y el Estado de Israel por otro. Por lo que a este último respecta, recuérdese que hay oposición por parte de los israelíes no-judíos y por parte de israelíes judíos, aunque ambos tengan la ciudadanía pero solo los segundos tengan la nacionalidad. Se trata de políticas apoyadas por el gobierno actual de Israel, claramente sionista.
Podemos remontarnos a Moisés y Aarón, o a la colonia romana, o al segundo templo, o al holocausto (shoah), pero es suficiente iniciar el discurso en la nakba, cuando el territorio era colonia británica que aceptó que se iniciaran colonias de judíos para lo cual expulsaron a contingentes nada despreciables de sus habitantes, los palestinos, antes pelistim, antes filisteos. De nuevo, la historia pesa, como pesa para los árabes y bereberes que piensan que Al Andalus fue suyo desde 711 a 1492 y en el que vivieron sus antepasados por lo menos hasta principios del siglo XVII. Pero aquí pesan los planes de futuro. El sionismo.
Hay judíos que discuten que los judíos sean una nación y que los actuales israelíes (judíos) sean los descendientes de los que fueron expulsados de la Tierra Prometida, la Eretz Israel. Pero el hecho es que un movimiento político importante ha conseguido convencer a los partidos en el gobierno israelí de que hay que recuperar la tierra que Dios les prometió y que iría desde el Nilo al Éufrates (Génesis, 15:18). Dicha recuperación se puede hacer por la fuerza, para lo cual son útiles las provocaciones de gobiernos vecinos (como las que llevaron a la Guerra de los Seis Días de 1967), o puede hacerse poco a poco, mediante los asentamientos. Argumentos no faltan: desde la shoah a las provocaciones de los guerrilleros de Hamás (etiquetados, obviamente, como terroristas) en ese enfrentamiento asimétrico entre misiles caseros y un ejército con fuerte apoyo estadounidense, todavía más asimétrico cuando se trata de la intifada. Hay un argumento adicional: la presión demográfica de la necesidad de espacio para los colonos judíos que llegan desde todo el mundo (si es por natalidad, la de los palestinos es mayor, pero eso no cuenta). En realidad, el argumento es ideológico: recuperar "nuestra" tierra. La tierra en la que Sansón luchó contra los filisteos (pelistim), Gaza, y la tierra de Judea y Samaria, hoy llamada Cisjordania (West Bank en inglés).
Hay judíos que rechazan ese proyecto y consideran los asentamientos una violación del derecho internacional. Noam Chomsky, desde los Estados Unidos, o Gush Shalom con Uri Avnery, desde el Israel actual. Cierto que Cisjordania no es un Estado en sentido estricto, pero sí un "territorio disputado" bajo una Autoridad Palestina y un gobierno de Fatah, como en Gaza lo es de Hamás. Efectivamente, no todos los judíos son israelíes ni todos los israelíes son sionistas, cuestión importante para saber de qué o contra qué se está hablando: no es lo mismo ser anti-sionista que ser anti-israelí que ser antijudío (el llamado antisemitismo). Cuando desde Naciones Unidas o desde la Unión Europea o desde los Estados Unidos se rechazan estas políticas de ocupación progresiva del territorio no se está haciendo antisemitismo (antijudaísmo) ni anti-israelismo, sino anti-sionismo... que hace todo lo posible para que se vean las tres cosas como una sola para así mejor criticar a los contrarios al sionismo y presentarlos como anti-judíos.
Difícilmente se va a poder llegar a una situación estable y pacífica de "dos Estados" cuando una de las partes sigue expandiéndose en la otra y, en la otra, se reacciona con pequeñas violencias que llaman a mayores (los misiles de Gaza no son nada comparados con lo que fue la Operación Plomo Fundido: la asimetría es total). Y con increíbles divisiones en el campo palestino, que todo hay que decirlo.
Es comprensible que el gobierno de Obama no vea con buenos ojos estos desarrollos: son, como se sabe, una de las excusas para el terrorismo islamista y se relacionan con complicados arreglos en la zona donde Arabia Saudita recompone relaciones con Israel (es decir, los respectivos gobiernos) ante el enemigo común, Irán, no-árabe.
Mucho dolor de personas concretas, niños que sufren. Sin comentarios.
(Añadido el 30: La destrucción de casas es vista aquí como una crisis de derechos humanos. El "truco" más frecuente, se nos dice, consiste en exigir un permiso del Estado de Israel para haber construido esa casa -algunas tienen más de un siglo, antes de la nakba pues- y cuando se solicita, no darlo)

miércoles, 17 de agosto de 2016

Populismos

La palabra se ha hecho, disculpándome por la redundancia, popular. Son populistas los xenófobos en la repetición de las problemáticas elecciones austriacas que habían perdido y son populistas los euroescépticos ingleses que han ganado el Brexit. Por lo menos, eso dicen los periódicos que utilizan dicha palabra. Pero hay más.
Son populistas el venezolano Maduro (faltaría más) como lo fue, con mucha más razón, su antecesor y protector Chávez. Evo Morales está en la lista. En España se ha tildado a Podemos de populista. Y si se googlea “populismo”, lo primero que sale es la larga sucesión de “populistas latinoamericanos” que podrían estar encabezados por los peronistas desde Perón a los Kirchner.
Pero Putin, también ha sido calificado como tal y, para colmo de mi perplejidad, he leído la atribución de dicha etiqueta tanto a Donald Trump como a Bernie Sanders, aunque no a Hillary Clinton ni a Barack Obama. Eso sí: ha habido discusiones sobre si este último lo es o no lo es. Que Trump y Sanders hayan recibido el rótulo de populista hace ver que no estamos hablando de una sola dirección ideológica en el casillero derecha-izquierda. Algo tienen que tener en común para que hayan entrado en el mismo... cajón de sastre.
El viejo diccionario de política que coordinó Norberto Bobbio define populistas como “aquellas fórmulas políticas por las cuales el pueblo, considerado como conjunto social homogéneo y como depositario exclusivo de valores positivos, específicos y permanentes, es fuente principal de inspiración y objeto constante de referencia”. Es, dice, más un “sindrome” que una doctrina precisa, siendo, más bien, ambigua. Como ambiguo es el término “pueblo” del que se nutre y en el que se legitima, recibiendo de él las indicaciones de por dónde ir al ser su representante legítimo, con independencia de lo que digan las elecciones, si es que su existencia política se basa en elecciones.
Pocos partidos o movimientos se declaran populistas. Hubo, sí, un Populist Party en los Estados Unidos de finales del siglo XIX. Aparecía después del movimiento que, probablemente, produjo el término, a saber los narodniki rusos (narod, en ruso, significa pueblo) opuestos desde 1860 a los internacionalistas zapadniki y, por supuesto, a los obreristas marxistas.
Mucho ha debido de llover entre aquellos Populist y los trumps y sanders de ahora y entre los narodniki de entonces y los putin de ahora. Probablemente, el término que los acompaña es el de pueblo... que no sabemos en qué consiste como resulta difícil saber qué son exactamente sus sustitutos como la “nación” para los nacionalistas (españolistas o separatistas, no importa), la “gente” (como decían en Podemos antes de descubrir “electorado” y pasar de movimiento a partido) y demás genéricos supuestamente homogéneos, fuente de valores para unos y otros.
Si proseguimos con los sustitutos (como puede ser “país”, “ciudadanía”, “multitud”, “raza”, “99%”) se podría llegar a la conclusión de que todos los partidos, en democracia o autocracia, son populistas. Todos, de una forma u otra, hacen referencia a entidades abstractas que se presentan como concretas y legitiman las acciones de quien las perpetra. Ya puestos, sería populista el que se cree legitimado por (su) Dios, objeto constante de referencia, por mantener las palabras que se usan en el diccionario que he citado.
Pues no. Populismo sirve para un roto y un descosido. En la actualidad, es una forma de descalificar al contrario: populistas suelen ser los otros. Tiene la misma función argumental que “facha” en nuestros contextos o “progre” también entre nosotros (“rojo” ya no se usa, vaya usted a saber por qué). Etiquetas con definiciones vaporosas que pretenden evitar discutir sobre contenidos. Claro, nadie se va a autoclasificar como “facha” o “fascista”. Queda mal. Pero como todavía “progresista” podría sonar bien, se pasa a lo de “progre” al que José María Aznar añadió el calificativo de “trasnochado” para completar la faena.
Con populista también hay una tendencia a acompañarlo con algún calificativo. Populista xenófobo, euroescéptico, bolivariano, extremista, conservador, cristiano y seguro que hay más. Pero, en general, lo que suele haber es una definición propia (típico de académicos) que permite hablar bien de él (y hasta de la “razón populista”) o mal según convenga.
Así que si se me escapa usar el término, procuraré hacerlo entre comillas subrayando el hecho de que es otro el que lo atribuye, para bien o para mal, a quien le ocupa o conviene. A mí no me sirve, aunque me sirven algunos análisis que se hacen a partir de las diversas definiciones de esa palabra.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

Autumno caldo

Otoño caliente. Así se llamó el italiano de 1969 (vivía yo entonces en Roma): huelgas, manifestaciones, inestabilidad, conflictos. En gran parte pasó. Eran, sobre todo, los "metalmeccanici", esos con los que ahora el parlamentario (ex-)comunista no quiere compararse, sobre todo en los ingresos. La lucha de clases ha terminado: hemos perdido.
Pero también este otoño puede ser caliente: más seco y más caluroso que la media de años pasados. No solo cuestión de los incendios y las sequías a escala mundial. Cuestión de temperaturas, sencillamente, mientras volcanes y terremotos tienen otra lógica. Pero caluroso no solo en Italia, claro. Incendios y sequías, efectos del calentamiento global, guste o no guste. Y todos, de una forma u otra, producto de la mano del hombre (y, como se ha visto en Galicia, también de la mujer). Directamente, como en este último caso de la pirómana, o indirectamente por el deterioro de las condiciones mediambientales producidas por la falta de actuación al respecto.
Hay un otoño caliente más: el que describe La Repubblica tomando como referencia lo que la "prensa internacional" ("de referencia") ha dicho a partir de este nuevo "enfermo de Europa", con sus problemas económicos propios (que se lo digan al banco Monte dei Paschi di Siena) aunque no nuevos, sus perspectivas políticas complicadas (el referéndum constitucional que puede ser peor el remedio que la enfermedad -tomen nota los que quieren cambiar en España algunas de las reglas constitucionales: puede ser peor el remedio que la enfermedad-) y con los efectos que tal situación puede tener sobre la ya renqueante Unión Europea y que podrían ser más determinante que el Brexit. Alarma, dicen.

martes, 16 de agosto de 2016

Todo por el beneficio

Robert Reich, que fue secretario (ministro) de Trabajo en los Estados Unidos, cuenta (y aparece en castellano) el curioso análisis de esperanza matemática que detectó en empresas de su país (y, supongo, extensible a otros países). En aras del beneficio, la empresa calculaba la probabilidad de que les pillaran saltándose la ley, relacionando tal probabilidad con el beneficio que obtenía cometiendo el delito y los daños que podría sufrir si les pillaban. Nada que ver con la ética y, mucho menos, con la katiana. Así que me salto la ley (por ejemplo, ambiental) con lo que obtengo un beneficio seguro que, si tengo que pagar algo porque me han pillado, siempre será menos que lo que he ganado. Conviene, pues. Esta es otra.
Ahora encuentro referencias al comportamiento de algunas empresas en el campo del tabaco y del petróleo: han mentido, consciente y voluntariamente, sobre temas que afectaban a la salud (¿y a la supervivencia?) de la especie humana. Mentir quiere decir que sabían que A era cierto (o, por lo menos, altamente probable, o, si se quiere, suficientemente probable como para tomar el asunto A en consideración) y se dedicaban a trabajar con todas sus fuerzas (no todas ellas legales en los términos de que habla Reich) a negar A. La cosa va desde efectos del fumar a efectos de quemar petróleo, evidentemente. De nuevo, el beneficio por delante. Lo que otros llamarían "acumulación incesante de capital" para lo cual todo vale y en cuyas aras se sacrifica todo lo que venga bien, incluyendo el futuro colectivo. 
Cortoplacismo del que participan también los políticos que miran a las siguientes elecciones y no mucho más allá. En su caso, el beneficio es, directamente, electoral, con todo lo que ello comporta. 
Tiendo a pensar que es la cultura capitalista, dominante, la que tiene que ver con estos comportamientos. Pero me temo que también se daban cosas parecidas en los sistemas pre-capitalistas. Andre Gunder Frank hablaba de 5.000 años atrás.
Sea como fuere, si esas son las reglas del juego, todo el que juega acaba cumpliéndolas: búsqueda del beneficio a corto plazo. Y aquí no vale el final de la película "Juegos de guerra", WarGames, a saber que la guerra nuclear es un "extraño juego, en el que la única forma de ganar es no jugar". Aquí no hay más remedio que jugar y, si pretendes hacerlo con otras reglas, las reglas dominantes acaban fagocitando a tus pretendidas alternativas, haciéndolas propias. Dramático sino de algunas empresas alternativas exitosas.

lunes, 15 de agosto de 2016

Derechos de la Naturaleza

Hace años asistí en la universidad de Alicante a un brillante debate entre dos buenos amigos. Él, ecuatoriano, economista, y ella, española, filósofo. Sus posiciones me atrevo a resumirlas en dos puntos. Ella, se oponía a tal propósito, que consideraba un desatino, ya que quedaba sin resolver un asunto nada intrascendente: quién era el sujeto de tales derechos. Él, que había intervenido en que tales derechos quedasen reconocidos en la nueva Constitución ecuatoriana, redargüía diciendo que tampoco los derechos de las mujeres que defendían las sufragistas habían sido recibidos con aceptación general. Más bien lo contrario. O la cuestión de la esclavitud. Se podría haber hecho una referencia a la controversia de Valladolid en 1549 entre Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de las Casas sobre si los indígenas americanos podían ser sometidos sin más (como los animales) o también tenían derechos como seres humanos que eran. Como ecléctico que sigo siendo, puedo estar de acuerdo con ambos, economista y filósofo, y más si se introduce la variable temporal (de cuándo estamos hablando) y no nos dejamos atrapar por las palabras y miramos a las cosas en la medida en que las palabras nos lo permiten.
He pensado en ellos cuando, como todos los días en lo que va de agosto, he llegado al punto en el que mi "agorafilia" (amor a los espacios abiertos, contrario a su rechazo, la agorafobia) se satisface en mi paseo matutino desde Malcocinado, Badajoz, en el camino a Guaditoca. Este es el lugar:


Evidente: me encuentro en medio de la Naturaleza ¿no?. Pues no. El lugar marca el punto en el que se termina el olivar (a la izquierda) y comienza la dehesa (detrás y al fondo), con el toque del trigal ya cosechado y con la paja ya agostada.
No hay nada de Naturaleza. Es (casi) todo Cultivo (Cultura que dirían otros). El olivar es obra del hombre (del varón, para ser exactos) y lo sigue siendo: en esta época se están quitando los chupones que crecen "naturalmente", al pie del árbol y que es preciso quitar para que siga dando las aceitunas que se cosecharán pronto. 
La dehesa, mucho más: ha sido desbrozada y las encinas o alcornoques (pido disculpas, pero no sé distinguirlos: los cerdos tienen más conocimientos que yo ya que saben distinguir la calidad de las bellotas y rechazan los árboles que las dan amargas) distanciados para que haya espacio abundante para los animales que, por supuesto, no están en su estado "natural" sino que están "amaestrados" y las ovejas siguen el camino de las cañadas y cordeles que rigen su movimiento a lo largo del año para mejor producir carne, leche y lana.
No hace falta insistir: los trigales no son Naturaleza sino, evidentemente, Cultura. 
Si hay Naturaleza es en la "geología yacente sin más huellas / que una nostalgia trémula de aquellas / manos de Dios palpando su relieve". Pero incluso ahí se percibe la mano del hombre, alisando cumbres e introduciendo caminos que suavizan cuestas y repechos. 
Y mucho más que interviene cuando aparece la propiedad de esa geología: los terrenos tienen propietario, algunos aceptando un "coto social de caza" y otros, como los dueños de la hacienda a la que da paso el camino de la derecha -conocidos banqueros, por cierto-, declarando en la puerta que se trata de "coto privado de caza". Formas de apropiación, claro.
Para ponerlo con peras y manzanas y no meterse en abstracciones: ¿dónde está aquí al Naturaleza sujeto de derechos?. Tiene razón mi amiga filósofo. 
Vayamos ahora a la espinosa cuestión del cambio climático y del riesgo que conlleva para la especie humana. Planteado en términos de esperanza matemática (que, por cierto, parece que algunas empresas también practican en otros ámbitos, al decir de quien fuera ministro de Trabajo en los Estados Unidos), es decir, comparando la probabilidad de tal evento (discutible como todo en ciencia) con los efectos que podría tener, es obvio que algo habría que hacer. Derechos de la Naturaleza puede ser un camino, es decir, rechazar las políticas irresponsables con el medioambiente que acrecientan la probabilidad de aquel cambio climático o, en todo caso, del calentamiento global ahora observable (y no por ello eterno). Tiene razón mi amigo economista... incluso cuando no entra el campo de mi amiga filósofo. 
Pesimista como soy, no creo que la propuesta ecuatoriana vaya a tener un largo recorrido. Ni siquiera en dicho país. Tendremos más cumbres y más papel mojado. Todo queda, no en la esperanza matemática, sino en la mera afirmación de la baja probabilidad de la catástrofe o en una encendida llamada a entablar una guerra contra el cambio climático.

domingo, 14 de agosto de 2016

Así es si así os parece

Así ven la situación económica de estos países los encuestados por el Pew Research Center. Falta Irlanda y Portugal para tener a los GIPSI+F.
En algunos de estos países, las rentas más altas tienen una visión mucho más positiva que las rentas más bajas. Lógico ¿no? Pues hasta ahí no más.
A destacar la situación de los dos norteamericanos. Pintan bastos. Y en el caso USA en periodo electoral. Mala barraca.
Y en qué ha quedado el Japón, al que hubo un momento en que se le suponía alternativa a los Estados Unidos.
Suecia, Alemania y Holanda por un lado y la China y la India por otro parecen, frente a los GIPSI+F, como si fueran de otro planeta. En todo caso, como si estuvieran en otra Unión Europea. Y esa sí que es digna de subrayar: dentro de la Unión, algunos son más iguales que otros.
No son buenos indicadores, pero habrá más de uno que los juzgue mejores que el PIB. Por lo menos, estos datos se retroalimentan y muestran mejor el futuro que el PIB y su posible evolución extrapolando desde el pasado, modelos econométricos mediantes.
Véase el gráfico de El País tomando datos de Eurostat


Pueden escogerse dos interpretaciones: una, que los hay que no se enteran de lo bien que están, y, dos, que los hay que están peor

sábado, 13 de agosto de 2016

Está pasando, lo estás viendo

Este es el mapa del origen de los yihadistas extranjeros en el Estado Islámico ("Iraq/Syria" en el mapa) que presenta CNN.

Los europeos, como se ven, son una minoría y los tunecinos son el grupo mayoritario (Túnez, el ejemplo para el mundo árabe) seguido de los saudíes, "nuestro" aliado en la zona (y más desde que tontea con Israel). El mapa tendría que añadirse a mi "El Islam, ¿enemigo de Occidente? (Sobre el terrorismo en Europa)" que aparece aquí, en la columna de la derecha, y que ayer se publicó, sin mi conocimiento y para mi sorpresa, en Rebelión. Nada que objetar a esto último, pero sí al mapa.
Resulta que forma parte de un largo reportaje sobre un reclutador yihadista en Francia. Tampoco nada que objetar. Pero es que llego a él a través de una noticia que cuenta lo siguiente:
Una familia de Michigan (USA, claro) está viendo la televisión y aparecen unas cortas imágenes sobre el tal reclutador. Entre esas imágenes aparece una mujer con hiyab, a la que se le supone musulmana, pero que, borrosa, tiene como fondo la bandera estadounidense. Resulta ser la esposa y madre de dicha familia. La imagen se ha tomado de un acto en el que, encima, la señora había estado cantando el himno nacional USA. No tiene nada que ver con la yihad. La familia protesta y la CNN reconoce su error y quita la imagen de la señora.
No todo lo que se ve coincide con la realidad. Ha habido casos más espectaculares: las mujeres palestinas demostrando su alegría por lo del 11-S y que resultó que demostraban su alegría en una boda. O la joven enfermera kuwaití que, llorosa, explicaba cómo el invasor ejército iraquí (el del malo-malísimo Sadam Husein) se había llevado las incubadoras del hospital en el que ella se encontraba en aquel momento y que resultó ser la hija de un embajador (creo recordar que saudí) en Washington hablando desde un estudio de televisión montado a propósito en Washington.
¿Tiene uno que fiarse del mapa, tan claro y rotundo? Me fío de sus fuentes, pero mantengo mi antídoto contra el entusiasmo por lo que veo: la duda. En todo caso, los datos son imperfectos: han sido redondeados.

Riesgo de fascismo

Hace diez años publiqué un librito sobre la democracia en los Estados Unidos. Incluía un capítulo sobre el riesgo de fascismo que aquejaba al país y puede verse aquí. Con la que está cayendo, lógico que me plantee hasta qué punto aquello tenía sentido, sobre todo viendo las perspectivas políticas de esta Europa democrática, culta, limpia, libre y feliz. Vuelvo, para ello, a la lista de indicadores que, mucho antes, publicó Umberto Eco y al que me referí hace un par de días. Reproduzco su lista con su numeración y añado a las  cursivas que tomo de su texto mis propios comentarios. 
1. Culto a la tradición. No parece que esté muy difundido, pero las exaltaciones de "nuestra identidad" y "nuestros valores" frente a la amenaza de inmigrantes y refugiados tiene que sonar a dicho culto. En ambos lados del Atlántico.
2. Rechazo del "modernismo" que se concreta en un relativo irracionalismo. El recurso a los sentimientos por encima del raciocinio entraría en este capítulo, sobre todo en su variante nacionalista reducida por sus adeptos a eso, a un sentimiento. El "Brexit" ha podido ser un caso de este punto: sentimientos que se han visto enfrentados a las consecuencias objetivas de seguirlos sin mayor reflexión.
3. Acción por la acción. No encuentro ejemplos.
4. Rechazo del desacuerdo, es decir, de someter las propias proposiciones a la crítica analítica o a la cultura científica que es, precisamente, eso: desacuerdo, ya que sus verdades son provisionales. El fascismo no lo contempla: todos estamos de acuerdo y debemos estarlo.
5. Miedo a la diferencia. Relacionado con el punto 1 y el 4, se rechaza al que tiene otra religión, otras costumbres, otra "tradición". Xenofobia sería una palabra más apropiada y son evidentes los movimientos y partidos xenófobos a ambos lados del Atlántico.
6. Recurso a la clase media frustrada. Es todavía más evidente. La frustración genera agresividad y el fascismo proporciona objetos sobre los que descargarla. Tiene que ver con el aumento de la desigualdad y con el miedo de esa clase media a caer en la pobreza.
7. Obsesión con las conspiraciones. A ser posible, internacionales, pero las domésticas también sirven. Sobre todo para despistar la atención cuando se es criticado por ejemplo por corruptelas, por pequeñas que sean. Complots, conjuras, campañas orquestadas forman parte de la retórica de casi todos los partidos. Trump comienza a pensar que hay una conspiración para quitarle la victoria electoral , por lo menos en Pensilvania.
8. Desasosiego con la riqueza y fuerza de sus enemigos. No es el caso de Trump ni tampoco se me ocurren otros ejemplos. A lo más, puede producir desasosiego su riqueza y la de Clinton, aunque solo de esta conozcamos su declaración de renta. De todas formas, algunos discursos sobre el "imperio" van en esa dirección.
9. Ya que la vida es guerra permanente, el pacifismo es visto como una forma de rendirse ante el enemigo. Muy frecuente. Por ejemplo, intentar entender el problema yihadista es visto como una forma de legitimarlo. Nada de componendas, negociaciones, resolución de conflictos: guerra.
10. "Elitismo popular", es decir, "somos los mejores" y podemos despreciar al débil, dada nuestra evidente fortaleza. Epidemia en los Estados Unidos, pero tentación subrepticia para muchos europeos.
11. Se educa para ser héroe. No lo tengo claro. Ni siquiera sé si se educa.
12. Machismo, es decir, desdén hacia las mujeres y rechazo de hábitos no convencionales como la castidad o la homosexualidad. Otra epidemia.
13. Populismo selectivo que considera al Pueblo como una entidad monolítica que expresa la Voluntad Común que es el que tiene derechos (colectivos), no los individuos. Algunos nacionalismos van en esta dirección, pero no suelen aplicar el corolario fascista, a saber, el rechazo a los gobiernos parlamentarios "podridos". ¿O sí?
14. Neolengua orwelliana. Nuevas palabras y expresiones para justificar las propias acciones. O prohibición de otras.
Hago explícito lo implícito: se ha hablado del posible rasgo fascista o neofascista de Trump, pero insisto en lo que parece estar en el ambiente europeo. No acaba de ser manifiesto, pero sí parece latente, por debajo de retóricas de derechas e izquierdas (no se olvide, y Eco lo recuerda, el origen izquierdista de los fascistas italianos clásicos, los de Mussolini, y la educación fascista que tuvieron los que después serían líderes de la izquierda italiana). Tiempos interesantes.

viernes, 12 de agosto de 2016

Los ricos contaminan

Encuentro, relacionados entre sí, varios textos que muestran el peso que la desigualdad tiene en el problema del cambio climático, por lo menos en los países en los que el tema ha podido ser cuantificado. Vuelve a aparecer Piketty (con Chancel hace un año) con respuestas y puestas al día
A lo que dicen, no solo se trata de la desigualdad entre países (los países ricos contaminan más y producen más emisiones que tienen que ver con el dicho cambio climático, siempre liderados, en franca competencia, por los Estados Unidos y la China) sino también de desigualdad dentro de los países.
Cierto que se podrían reducir esas emisiones (de Kyoto a París) y los ricos son los que mayores facilidades tienen para comprar un coche eléctrico, llenar su casa de paneles solares y cosas parecidas. Pero, si hemos de hacer caso a esos autores, la cuestión de fondo, una vez más, es la cuestión de la desigualdad, que es tema a discutir académicamente pero no a plantear políticamente y, mucho menos, resolver. Las élites han practicado con frecuencia el après moi le déluge, después de mí, el diluvio. Y lo siguen haciendo en los dos sentidos de la frase atribuida a una amante de Luis XV, a saber, que lo que venga detrás no me preocupa nada y que lo que vendrá detrás es la "revolución". En nuestro caso, la "revolución" ni está ni se la espera, así que ya me dirá usted. Lo que viene detrás podría ser muy grave, pero hay cosas inmediatas por lo visto más importantes (que se lo digan a la Exxon) o también material para la retórica. ¿A quién le va a preocupar la desigualdad?
Durante todo el tiempo de que se tiene noticia, probablemente desde fines del período neolítico, ha habido en el mundo tres clases de personas: los Altos, los Medianos y los Bajos. Se han subdividido de muchos modos, han llevado muy diversos nombres y su número relativo, así como la actitud que han guardado unos hacia otros, han variado de época en época; pero la estructura esencial de la sociedad nunca ha cambiado. Incluso después de enormes conmociones y de cambios que parecían irrevocables, la misma estructura ha vuelto a imponerse, igual que un giroscopio vuelve siempre a la posición de equilibrio por mucho que lo empujemos en un sentido o en otro. 
Los fines de estos tres grupos son inconciliables. Los Altos quieren quedarse donde están. Los Medianos tratan de arrebatarles sus puestos a los Altos. La finalidad de los Bajos, cuando la tienen - porque su principal característica es hallarse aplastados por las exigencias de la vida cotidiana -, consiste en abolir todas las distinciones y crear una sociedad en que todos los hombres sean iguales. Así, vuelve a presentarse continuamente la misma lucha social. Durante largos períodos, parece que los Altos se encuentran muy seguros en su poder, pero siempre llega un momento en que pierden la confianza en sí mismos o se debilita su capacidad para gobernar, o ambas cosas a la vez. Entonces son derrotados por los Medianos, que llevan junto a ellos a los Bajos porque les han asegurado que ellos representan la libertad y la justicia. En cuanto logran sus objetivos, los Medianos abandonan a los Bajos y los relegan a su antigua posición de servidumbre, convirtiéndose ellos en los Altos. Entonces, un grupo de los Medianos se separa de los demás y empiezan a luchar entre ellos. De los tres grupos, solamente los Bajos no logran sus objetivos ni siquiera transitoriamente. Sería exagerado afirmar que en toda la Historia no ha habido progreso material. Aun hoy, en un período de decadencia, el ser humano se encuentra mejor que hace unos cuantos siglos. Pero ninguna reforma ni revolución alguna han conseguido acercarse ni un milímetro a la igualdad humana. Desde el punto de vista de los Bajos, ningún cambio histórico ha significado mucho más que un cambio en el nombre de sus amos.
Esto es lo que supuestamente dice Emmanuel Goldstein en su Manual, según cuenta Orwell en su novela 1984 (el subrayado es mío). Exageración literaria, tal vez. En todo caso, simplificación. Significativa, pero simplificación. Pero con consecuencias importantes si se toma en serio esa posibilidad: con exceso de desigualdad (¿cuánta?) no hay lucha contra el cambio climático; los parches para "adaptarse" a la posibilidad de dicho cambio son poco más que nuevos medios de hacer caja por parte de los Altos (high, los de arriba).