jueves, 31 de marzo de 2016

Es la sociedad, estúpido

Ayer me refería a los Trump-etas que pueblan el paisaje político del Planeta y cuyo futuro parece glorioso aunque no todos consigan el premio del poder, chocar con la realidad de las decisiones concretas y llevar a cabo lo más espectacular de su programa.
Ahora es Tom Engelhardt el que me hace recapacitar sobre el mundo que se abre ante nosotros y para el que no disponemos de mapas fiables, es decir, de ideologías que no vengan del viejo mundo sino que respondan a los desafíos del que se nos viene encima o que, en realidad, ya está aquí y lleva más tiempo del que creemos. Las ciencias sociales que miran a sus clásicos en plan fundamentalista no son las más apropiadas para dar la respuesta necesaria.
Cierto que el Tomgram que cito se refiere a Trump y a los (nuevos) Estados Unidos. Trump, desde su perspectiva de persona de 71 años que lleva muchos mirando su entorno, es un síntoma, no una causa. Lo mismo se plantea en este otro texto.
Creo que se puede aplicar a muchos otros lugares. Por ejemplo, es obvio que la sociedad española ha cambiado profundamente (se incluyen las cuestiones mediambientales, como hace Engelhardt en su texto) y que los políticos en su conjunto (incluso los que dicen hablar para y en nombre de la "gente") no parecen haberse enterado. Algo parecido pasa en USA con los partidos de toda la vida, excepto para Trump y con pronósticos no muy claros. Mala barraca.
Para complicarlo, entran los medios de comunicación modulando, manipulando y distrayendo (reconocido en algunos medios "de referencia" aquí y, de manera no exclusiva para los Estados Unidos aunque se presente como tal, aquí).
Sí, Michel, amigo mío, no tengo la solución. Ni siquiera el remedio (de eso tú sabes mucho: eres farmacéutico). Pero peor sería que me callara la necesidad de mejorar los diagnósticos y de no dejarse llevar por curanderismos varios. Más no sé hacer.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Trump no está solo

De vez en cuando, entre los civilizados y cultivados europeos, se percibe un cierto desdén hacia los excesos de Donald Trump, pre-candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos. No voy a entrar en el susto que recorre el cuerpo de algunos de sus correligionarios del Partido Republicano ante la posibilidad de que consiga la nominación y, lo que sería peor, la presidencia de los Estados Unidos. Simplemente, me contento con recordar que hay más de un texto en el que, después de reconocer la evidente heterogeneidad de la extrema derecha europea, se levanta acta de los cinco líderes europeos que poco tienen que envidiar al estadounidense: Marine Le Pen en Francia y posiblemente victoriosa en las próximas elecciones, Viktor Orban en el poder en Hungría, Geert Wilders del Partido de la Libertad Holandés (PVV) y, con Le Pen, de Europe of Nations and Freedom (ENF), Matteo Salvini de la Lega Nord y de ENF y Jaroslaw Kaczynski, gemelo del fallecido Lech, líder en Polonia del PiS (Partido Ley y Justicia) en el gobierno y al que pertenece Donald Tusk. No son los únicos, pero sí los más extremistas. 
Harían bien aquellos civilizados europeos si miraran primero en el patio propio antes de hacer incursiones en el ajeno. No se trata del evangélico "ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio" ya que, hay que reconocerlo, lo de Trump puede tener mayores consecuencias para el mundo que lo que pueda producir Salvini en Italia o lo que haya podido pretender un ex-alcalde catalán ahora senador en Madrid.
La fragmentación política (ahora le ha tocado el turno a Irlanda) que aqueja a Europa es un caldo de cultivo ideal para la aparición de estos salvadores, de ideas claras y referencias evidentes al "pueblo", la "nación" y, sí, la "gente". Cuanto más simples sean y cuanto más brillantemente definan al "enemigo", mejor. 
Pero no tienen por qué estar todos en la extrema derecha. Si para entender lo que ahora sucede puede servir echar un vistazo a lo que pasaba en los años 30 del siglo XX, convendrá recordar que, entonces, los anti-demócratas estaban en ambos lados del espectro. Por supuesto que unos y otros se criticaban (y odiaban) mutuamente y también a los otros que, decían, lo que ofrecían era una falsa democracia que no tenía en cuenta la raza ni el pueblo. Vayan algunos ejemplos.
El primero es obligatorio: Mussolini. Y lo tenía claro: "La democracia ha quitado estilo a la vida del pueblo. El Fascismo se lo devuelve al darle una línea de conducta, esto es, color, fuerza, pintoresquismo, sorpresa y mística, todo aquello en fin, que cuenta en el alma de la multitud". Lo de la “multitud” ha seguido resonando en autores alternativos hasta nuestros días. Y de izquierdas.
Después está, claro, el franquismo español hablando de democracia orgánica. Democracia, sí, pero sin caer en sus conocidos vicios del régimen de partidos (partidocracia) y, por tanto, usando los cauces “naturales” para la representación, a saber, familia, municipio y sindicato (verticales, por supuesto).
Para ver cómo estaba la cosa los soviets de la Revolución de Octubre instauraron la democracia, pero popular. Del pueblo, vamos. Cierto que había estado el zar y que los demócratas que hubo entre este y los soviets no eran suficientemente demócratas para los leninistas. La democracia se conseguía cuando los que sabían (vaya usted a saber cómo) cuáles eran los verdaderos intereses de la gente se ponían diligentemente a satisfacerlos. Con algunos problemillas, sí, pero nadie es perfecto.
En todo caso, Hitler era el más claro: "Con humanidad y democracia nunca han sido liberados los pueblos". Pues eso.
Los trump-etas de ahora lo tienen igual de fácil. Si entonces los judíos podían ser etiquetados como enemigos (incluyendo el complot judeo-masónico del que hablaba el franquismo), ahora tienen a los musulmanes que no respetan nuestras costumbres si viven aquí y acabarán siendo mayoría o que, si están fuera, van a invadirnos el día menos pensado. Giovani Sartori decía en un periódico madrileño del mes pasado que “algunos han creído que se podían integrar los inmigrantes musulmanes, y eso es imposible”. Tal vez. Lo que no tengo tan claro es que «a quienes no aceptan nuestras normas se les debe colocar en la frontera». Por lo menos, no he visto que se ponga en la frontera a quien roba del erario público o aprovecha de su cargo para enriquecerse ilícitamente. Porque, que yo sepa, esto último “nuestras normas” no lo permiten.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Volviendo a Trump, George Clooney lo calificó como “fascista xenófobo”. Si la opinión de un actor no ha de tenerse en cuenta, piénsese que Cornel West, profesor en la Universidad de Princeton, considera que se está convirtiendo en un “peligroso neo-fascista”. El calificativo de “fascista” es facilón, pero también es sintomático. Robert Reich lo usa aquí para este “fascista estadounidense” -“americano” en el original-. Para completarlo, sus compañeros de partido Mitt Romney y John McCain lo han tildado de “peligro para la democracia”. Sobre la violencia, ver esto. Y para otras comparaciones, en mi post del día 16. Buena idea la de considerar a Trump un síntoma de una enfermedad. Pero sintomático que, en el caso de que el “aparato” republicano haga alguna maniobra en la convención para evitar a Trump, este amenace con desórdenes públicos -riots-. Nótese que, según Gallup, la valoración de Trump ha bajado recientemente entre los encuestados en los Estados Unidos)
(Añadido el 20 de abril: efectivamente, Trump no está solo en el mundo del racismo y la xenofobia. Que se lo digan a los europeos)

No Podemos sin divisiones

Esta es la versión que puede leerse (subscripción mediante) en el Financial Times y esta es la de Socialismo 21. Ambas son militantes, no se vaya  engañar y piense que una (la que encaja con sus preferencias) es más certera que la otra.
1. Una metáfora: si juegas al ajedrez, no digas "órdago", que eso es de otro juego. Si lo prefieres, si juegas al mus, no digas "jaque al rey", que eso es de otro juego. 
Dejemos la metáfora: el juego político tiene unas reglas dictadas por la misma característica del juego, no tanto por leyes y reglamentos que se le superponen. 
2. Nueva metáfora: si se está en medio de una batalla, no parece sensato convocar a todo el ejército para saber, en asamblea a mano alzada, si se va a atacar al enemigo y, eventualmente, tomar sus posiciones o si se va a esperar, que no es mal referéndum.
Dejemos la metáfora: la batalla política parlamentaria incluye negociaciones que no siempre se pueden dar a conocer a los propios, ya que sería un modo casi seguro de que lo supiesen los ajenos. Negociar es amagar y no dar, proponer con segundas intenciones, exagerar al principio para rebajar después y demás trucos que lleva consigo la negociación. Nada de consultar a la tropa sino concentración de la información en manos de los negociadores y amplia capacidad de decisión igualmente concentrada.
3. Fuera de metáfora: la férrea ley de la oligarquía, según formuló Michels el siglo pasado. A saber: hasta las organizaciones más asamblearias (lo fue, por ejemplo, Solidarnosc en Polonia o la CNT en la Transición española) acaban generando una estructura en la cúpula que paulatinamente dedica más esfuerzos en mantener la organización que en conseguir los objetivos de la misma. Es ley de vida, que diría Iker Casillas.
4. Finalmente, si las organizaciones políticas tienen como objetivo declarado conseguir poder ("el" poder, angelicos), no es de extrañar que algunos de sus miembros, en la cúpula y bajo la férrea ley de la oligarquía, piensen en "su" poder personal, sea para conseguir unos determinados objetivos, sea por el poder en sí mismo. Y que haya conflictos dentro de la cúpula o, fuera de ella, al grito de "quítate tú que me pongo yo". No es exclusivo de Podemos. Está sucediendo en el PSOE y, de manera menos visible, en el PP. No parece que ya haya aparecido en Ciudadanos y ya sucedió en Izquierda Unida. No sé por qué nos extrañamos. Las había hasta en el franquismo: que se lo digan a los finados del Opus Dei frente al igualmennte finado  Fraga Iribarne y cómo se usó un caso de corrupción como el "caso Matesa" para ajustar las cuentas entre unos y otros.

martes, 29 de marzo de 2016

El delito no tiene patria

La verdad es que el crimen cambia de país a país e igualmente cambia el castigo. Lo que en un sitio no es delito (comportamiento homosexual, por ejemplo), en otro es estigmatizado (pobre rusos que tienen que hablar de Tchaikovsky), perseguido y, eventualmente, castigado. Y los castigos para un mismo delito cambian también de país a país. El caso más evidente es el de la pena de muerte que mantienen respetables países como los Estados Unidos, Japón, China o Arabia Saudita y es rechazado sin contemplaciones por el conjunto de la Unión Europea, aunque de vez en cuando se oyen voces sobre su re-instauración, por ejemplo para casos de terrorismo olvidando los casos de error policial y judicial que habrían llevado a decisiones irreversibles (el asesinato judicial que de tanto en tanto se produce hasta en los países más respetables como los Estados Unidos).
Los delincuentes tampoco tienen patria. Los medios se encargan de proporcionar la "raza", origen o nacionalidad del delincuente, de forma que, muchas veces, colaboran con estereotipos latentes o explícitos en una sociedad. Es el caso de los gitanos (pueblo rom) en España.
Y los políticos también usan ese argumento que, en general, resulta exagerado. El ejemplo más notorio es el de Trump sobre los inmigrantes mexicanos. Pero, ahora, han sido los partidarios del Brexit los que lo han hecho: han publicado una lista con los 50 originarios de un país de la Unión Europea que han cometido delitos graves, de la violación al asesinato. Un argumento más para poner coto a la llegada de estos indeseables, es decir, un argumento más para poner barreras a la inmigración legal de ese tipo de europeo (los de la Unión) y un argumento más para dejar dicha Unión.
No voy a entrar en el uso político de tales datos sino en el mal uso de los mismos. Primero, dicha lista tendría que ir acompañada por la de los indígenas y aborígenes del más rancio abolengo inglés. Cuántos han cometido tales crímenes. Conocer es comparar. Y, después, no es la lista lo que tendría interés sino el porcentaje que suponen los delincuentes de la UE sobre el total de residentes y el porcentaje de los delincuentes ingleses sobre el total de ingleses (estoy diciendo ingleses porque es sabido que los escoceses -el Partido Nacionalista Escocés, para ser exactos- tiene sus propias estrategias frente al referéndum de junio). 
Probablemente el porcentaje de los "europeos" sería mayor que el de los "ingleses". Tal vez. No estoy seguro. Pero de ser así, tampoco probaría nada, más allá de esa excitación de sentimientos muy primarios en que se han convertido las campañas electorales (y, en las Españas, las negociaciones para formar gobierno, muy a la belga, con los observables problemas que ha tenido el alcalde valón frente a sus vecinos flamencos en los sucesos de la plaza de la Bolsa de Bruselas).
En todo caso, y sabiendo que el delito sí que tiene clase (clase social quiero decir: hay delitos de pobres y delitos de ricos y delitos "transversales"), el origen del delincuente no dice mucho ni puede ser un argumento en el caso de que tenga base empírica tal despropósito. 
Si diéramos un puntaje a la posición social de cada individuo (estudios, ingresos, residencia, cobertura, necesidades insatisfechas etc.) y sacásemos la media para los locales y para los llegados de fuera, lo más probable es que encontrásemos puntajes más altos para los locales que para los inmigrados. Y ahí está el quid de la cuestión. 
Ya puestos, seguro que entre los inmigrados hay pocos delitos de "cuello blanco", ninguno de ellos ha manipulado el euríbor o ha movido ilegalmente capitales en la City o ha cometido "delitos del iniciado" (información privilegiada). No creo que eso sea un motivo para echar a los ingleses al canal de la Mancha (English Channel para los ingleses). O tal vez sí, dados los efectos que sus decisiones tienen sobre tantas y tantas personas.
Pero si quieren irse, que se vayan. Están en su derecho a decidir. Como tendría que ser en otros lugares, por ejemplo el Sáhara. O, si quieren, las Islas Malvinas/Falkland, a pesar de todo. O Gibraltar. O, si me apuran, en Cataluña, Ceuta y Melilla. Pero que no cuenten cuentos ni unos ni otros. Tendrían que hacerlo hasta los beneficiados por las macrofiestas estudiantiles inglesas en Cataluña o portuguesas en la provincia de Huelva.

lunes, 28 de marzo de 2016

Lo de Yemen es peor

Podemos seguir haciendo el recuento de los muertos en Bruselas (28 por el momento) y mostrando nuestra pasajera indignación. Obsérvese, y es mucho más sangrante, nunca mejor dicho, la escasa cobertura de los atentados terroristas en Yemen y de la guerra después de la invasión saudí bendecida por los Estados Unidos. Sobre el tema de esa guerra, los pre-candidatos a la presidencia de los Estados Unidos guardan un pudoroso silencio siendo, como es, un asunto tan grave.
Comprensible el dolor por lo de Bruselas y París. La indignación, sin embargo, contiene una cierta dosis de manipulación: se trata de un ataque de los "otros", malos por definición. No son relevantes, para los medios y para la opinión pública, los 120 muertos, de los cuales 20 niños, y 80 heridos en Mastaba, Yemen, pocos días antes. Estos muertos fueron de "ellos" y los perpetramos "nosotros". Nada de "el lado humano", periodistas desplazados, cobertura exhaustiva y de declaraciones más o menos rimbombantes por parte de los políticos de turno.
Ya puestos, obsérvese la escasez de noticias sobre la guerra que el gobierno de Turquía está llevando a cabo contra los kurdos. Sobre la respuesta "guerrillera" de estos, es decir, terrorista, sí que se sabe. De lo otro, no. Al fin y al cabo es "nuestro" socio, miembro de la renqueante OTAN, candidato a la Unión Europea e intermediario comercial en el asunto de los demandantes de asilo. Tan socio como Arabia Saudi, pero necesitando el petróleo del Estado Islámico.
Bajo el supuesto de que se trata de una guerra entre "nosotros" y "ellos", aquí se recogen algunas cifras sobre las respectivas muertes. Por el momento, "nosotros" hemos matado a más "ellos". La razón es que "nosotros" tenemos ejércitos "allí" y "ellos" solo tienen células "aquí". Seguro que "nosotros" también tenemos células "allí" y que "ellos" tienen ejército "allí". A ciascuno il suo.

domingo, 27 de marzo de 2016

Otro atentado

Entre 40 y 60 muertos en un parque de Lahore, Punjab, Pakistán. Noticia confusa. Tal vez un atentado suicida. Probablemente, en la línea de otros sucesos parecidos en el país a manos de taliban, islamistas, no sé si irredentistas. 
En todo caso, una vez más, no se trata de "el Islam contra Occidente". Pero es probable que sus autores (nunca hay uno solo en una acción como esta) se puedan clasificar en la misma categoría que los que han cometido atentados en Europa. Tal vez no en la misma organización, pero sí en la misma "cultura" o la misma "civilización" en choque con la judeocristiana.
Tampoco los ataques "occidentales" contra Libia o Irak o Afganistán han sido ataques religiosos o, como se le escapó a Bush II, de "cruzados". Hay que buscar la política (el poder), la sociedad (la desigualdad), la economía (cherchez l'argent, cherchez le pétrole) y solo después la religión, no al revés.
(Publicado lo anterior, veo que las noticias de la noche en la televisión estatal española abren con este asunto e informan de que se atribuye el asesinato a los talibán y que el objetivo eran cristianos que celebraban en aquel parque la Pascua. No me hace abandonar mi principio de no quedarme en la religión como factor explicativo, pero no sé que factores sociales y políticos están en juego. el The Guardian del 28 hace pensar que los talibán atacaron "porque" eran cristanos. Por lo menos, reconózcase que el problema del terrorismo es, como ya sucedía con Al Qaeda, nuestro Frankenstein, su heterogeneidad: no todo es el Estado Islámico ni Boko Haram ni los talibán y que mi factor explicativo sigue vigente en general: hay política, sociedad, economía antes que religión. En este caso, política e, incidentalmente, religión: contra los cristianos, facción de taliban que han expresado su lealtad al DAESH, pero enviando un mensaje al primer ministro tratando de desunir a país)

Más sobre estos terroristas

Es comprensible que los europeos, con su comprensible eurocentrismo, piensen en estos atentados como una cuestión que les afecta: 1.800 muertos desde 2001, Y es también comprensible que se planteen preguntas sobre lo inmediato de tales atentados (a comparar con esta versión estadounidense). Hay, sin embargo, algunas cuestiones que no siempre quedan claras, sobre todo si nos quedamos en los síntomas y no vamos al diagnóstico. Vayan algunas de ellas.
1. No todos los musulmanes que llegan a Europa siguen fieles a su religión. Los hay apóstatas. Esta es una de las primeras advertencias ante las generalizaciones apresuradas.
2. No todos los musulmanes que llegan a Europa y siguen fieles a su religión se radicalizan (se hacen todavía más religiosos) ni todos los que se radicalizan optan por la vía violenta. Intrigante que este último proceso se produzca, en varios casos, dentro de la familia.
3. Muchos terroristas, delincuentes por el hecho de asesinar, ya eran delincuentes antes de radicalizarse y optar por la violencia. Ladronzuelos, camorristas, traficantes y demás delitos menores están en el curriculum de varios asesinos.
4. No son muchos, pero son suficientes. Parece que el Estado Islámico ha entrenado a unos 400  para que lleven a cabo ataques en Europa. Se trata de una proporción muy pequeña frente al contingente total del EI y todavía más pequeña sobre el total de musulmanes en Europa.
5. Los gobiernos, y en particular el belga, han sido particularmente chapuceros en este terreno y no solo por no haber compartido información sobre estos ya entrenados sino por no haber "hecho sus deberes" cosa que el ministro español del ramo afirmaba haber hecho.
6. Un error habitual es el de no ver las semejanzas con una guerra de guerrillas que puede durar indefinidamente. Por eso lo dicho en el punto 4 debe ser entendido en este contexto.
7. Pero no se rata de una guerra de guerrillas como, por ejemplo, las de las FARC en Colombia. Hay un caldo de cultivo que sigue inalterado (o incluso incrementado) cuando se pretende haber "descabezado" la organización o ese resulta ser el objetivo (militar por supuesto) buscado. Parece que se trata de una organización organizada verticalmente como un ejército (por tanto, con "cabezas") pero que, al mismo tiempo se organiza horizontalmente.
8. La xenofobia/islamofobia que provocan estos atentados es, en parte, un éxito de los mismos. Gracias a ella (y a otros factores, claro) se producen los fenómenos indicados en 2 y en 3. Causa y efecto, pues.
9. Cada palo que aguante su vela: gobiernos, comunidad musulmana y resto de la población europea, cada cual tiene algo que aportar para reducir el riesgo de otra catástrofe. Que la habrá.
(Más observaciones al respecto con sus fuentes se pueden obtener, en este blog, poniendo "yihad" en el motor de búsqueda. De particular interés -perdón por la inmodestia- los post publicados antes de los atentados de París y, por supuesto, de Bruselas
Una buena revisión de la literatura sobre los factores que llevan al extremismo violento. Este es el resumen de dichos factores
Cuantos más argumentos se den contra el simplismo, mejor para todos menos para los violentos.
Conviene añadir esta conclusión de un artículo de Moisés Naïm lleno de datos:
La tasa promedio de homicidios en todo el mundo en 2014 fue de 6,24 muertos por cada 100.000 habitantes, mientras que los muertos por terrorismo fueron 0,47 por 100.000. Esto quiere decir que, ese año, por cada 13 homicidios hubo una persona asesinada por un terrorista.
Los números del terrorismo son relativamente bajos cuando los comparamos con otras causas de muerte. Pero sus consecuencias son desproporcionadamente grandes.)
(Añadido el 28: un estudio sobre el eco que han tenido en la red diez atentados recientes. El gráfico es elocuente)

sábado, 26 de marzo de 2016

Predicar y dar trigo

Este comentario a propósito de Clinton me hace recordar el dicho según el cual "una cosa es predicar y otra dar trigo". 
En las Españas (Cataluña incluida aunque sea por el momento) ha habido comentarios a propósito de las promesas electorales proclamadas por los nuevos partidos y el choque que han sufrido al tener la posibilidad de ponerlas en práctica por haber alcanzado algún nivel de poder, aunque fuese pequeño, en municipios, diputaciones o comunidades autónomas. Algunas, simplemente porque eran imposibles de llevar a cabo al exceder de las competencias (el poder) que conllevaba el cargo. Habían prometido hacer cosas que son competencia de otras instancias. Otras, porque eran poco razonables y, una vez en el poder, se han dado cuenta. Otras, finalmente, porque eran promesas hechas para no ser cumplidas. Se habían proclamado para engañar, en buen márketing, a los incautos que se las creyeron.
Como buenos políticos (muchos de ellos lo son, aunque no hubiesen tenido nunca responsabilidades de gobierno), algunos han encontrado un excelente sistema para gestionar ese desfase entre promesas y cumplimientos (saben márketing, insisto) y ha sido el de echar balones fuera tomando decisiones espectaculares e intrascendentes para entretener al populacho al que dicen servir, generar titulares en los medios y hacer ver lo coherentes que son con sus principios. Ha sido el caso de decisiones o comentarios sobre procesiones populares (supuestamente religiosas) o sobre el papel del ejército en la educación superior o cosas dichas y, a veces, tampoco hechas. Así es la vida.

viernes, 25 de marzo de 2016

The best democracy money can buy

Se vuelve a insistir aquí: en el caso del Partido Demócrata, el espectáculo de las primarias podría haber quedado en eso, en un espectáculo, ya que la decisión final se tomaría gracias a esos 700 superdelegados que el "aparato" del partido nombra sin haberlos sometido a ningún tipo de votación: son los que van a inclinar la balanza, en el caso de que haga falta, hacia quien convenga al aparato, es este caso hacia Clinton.
Ya sé que no es lo mismo, pero no he podido evitar recordar las críticas a la democracia iraní donde unos ayatolás (se dice) permiten que unos sean candidatos y otros no. A su vez, este caso me hace recordar el "triunfo" de Bush II gracias a dudosas decisiones por parte de nombrados por su hermano Jeb. Hay más indicadores que terminan poniendo la democracia estadounidense en peor puesto del que sus líderes pregonan y predican. Y casos complejos que reducen el entusiasmo por esas primarias como instrumento claramente democrático o sencillas manipulaciones del derecho a voto.
Quiero decir que en todas partes cuecen habas. Castro senior se refería ante Obana a la cantidad de indicadores de cumplimiento con los derechos humanos y reconocía que su sistema lograba unos cuarenta, mientras que otros no llegaban a tanto (seguro que pensaba en Arabia Saudí, gran aliado de USA, o en Israel y su AIPAC, pero podría haber estado pensando en Guantánamo o en la defensa de la tortura por parte de grupos estadounidenses).
Lo mismo se podría decir de las democracias: ninguna es perfecta y es mal recurso subrayar los fallos ajenos (que los hay) y olvidar los propios (que también los hay). Pero en la lucha política todo vale, incluso la tortura de los datos hasta que confiesen. Y para torturarlos nada como el dinero.

jueves, 24 de marzo de 2016

El coste del terror

Supongo que tarde o temprano se sabrá el coste que han supuesto los ataques de Bruselas. En vidas ya comienza a saberse, en daños materiales todavía no. 
Pero me gustaría que supiésemos (igual policías y gobiernos lo saben, pero no lo cuenten) cuánto ha costado el material utilizado en tal salvajada por muy barato que sea, el tiempo utilizado en la meticulosa y nada irracional operación (medios calculados, fines buscados y tal vez logrados) y, sobre todo, de dónde ha salido el dinero para material y planificación. 
Es probable que no sea mucho, pero no estaría de más el que, si se sabe, se publique. Si la policía española supo de los dineros de origen iraní que llegaban a los aledaños de un determinado partido, no sé por qué no van a poder saber los policías franceses y belgas cuánto y de dónde ha corrido el dinero.
Un dato marginal pero significativo de qué preocupa y qué no preocupa a los medios europeos: entre los de París y Bruselas ha habido centenares de casos y, de muchos, no se ha hecho ni mención. Cherchez l'argent

miércoles, 23 de marzo de 2016

Bipartidismo evaporado

La fragmentación del sistema de partidos español (se incluye a Cataluña) es evidente. No es el primer caso conocido ni parece que el irlandés vaya a ser el último ya que el Reino Unido, Alemania, Francia, Eslovenia y no digamos Italia y, evidentemente, Bélgica también tienen sus problemas en este campo. Alemania, sí, donde se tambalea la Gran Coalición, esa de la que se habla a veces aquí como remedio a todos los males posibles y a algunos más. Hay varias preguntas a propósito de esta tendencia que parece general si se añaden las fragmentaciones de la oposición en Cuba, Venezuela, Bolivia o Ecuador (tal vez Irán) y se excluyen regímenes de partido único como China, Vietnam o Corea del Norte.
La primera pregunta es sobre las posibles causas de este fin del bipartidismo, sea perfecto o imperfecto. Una respuesta viene de la crisis financiera que seguimos atravesando en la que el socorro a los Bancos se está pagando con medidas muy duras de austeridad presupuestaria. No es la primera vez que sucede en Europa y parece que lo que pasa es que esa austeridad se aplica de manera que, partiendo de niveles altos de desigualdad social, produce niveles todavía más altos que fomentan el descontento, la frustración y la agresividad en capas importantes de la sociedad que tienden a echar la culpa al sistema de partidos existente hasta ese momento. No es, obviamente, la única causa, pero sí parece que es un factor a tener en cuenta.
Claro que está la excepción de los Estados Unidos. Pero hasta ahí no más. Lo increíblemente costosas que son las campañas electorales allí, hace que la financiación quede reducida a los que ya cuentan con el apoyo de los “aparatos” partidistas correspondientes. A las elecciones de fin de año concurrirán dos candidatos a no ser que los republicanos se asusten de Trump y, bajo manga, apoyen a un tercero en discordia con tal de evitar a este “anti-sistema” perfectamente inserto en el sistema. Como ha sido el caso con Sanders. Las primarias sí han mostrado fragmentación, pero ha sido absorbida por la “business politics”. No se puede luchar contra los elementos, pero el descontento y la agresividad en el electorado se podían constatar.
Es un caso a no olvidar. Sucede, y tanto que sucede, que hay críticos del bipartidismo que lo son en términos del “quítate tú, que me pongo yo” más allá de gags propagandísticos en asuntos irrelevantes pero que tienen foto y generan titulares. Hasta hay quien dice que Trump, de ganar, se verá que no es tan “anti-sistema” como vocifera (incluso frente al “aparato” republicano). Por lo que respecta a los hasta hace poco “emergentes” españoles, nada que añadir: es visible su paulatina integración en la “casta” antes denostada.
Porque es igualmente notorio que las críticas al bipartidismo realmente existente han desaparecido. Primero, porque ya no existe. De momento. Y, segundo, porque hay quienes están dispuestos a resucitarlo, solo que con otros actores que, esperemos, no tienen como modelo el del partido único.
¿Era tan malo el bipartidismo de “este país”? Pues no debió de ser tan malo cuando se practicó el harakiri, que sería la primera respuesta. La segunda es que pudo trampear con aquello que los partidarios del “Brexit”, la salida del Reino Unido, repiten machaconamente: la evidente pérdida de soberanía que supone la pertenencia a la Unión Europea de donde vienen cartas y telefonazos indicando qué es lo que se puede hacer y qué no. Que se lo digan a Tsipras, en Grecia.
Aún así, no acabo de tener tan claro que el bipartidismo fuera tan malo. Malos fueron los bipartidistas, cierto. Pero, como sistema, es el resultado de decisiones del electorado que, eso sí, pueden ser convenientemente canalizadas por un sistema electoral propicio pero que, como se ha visto, este no es el causante del bipartidismo. Con el mismo sistema electoral tenemos una composición en las Cortes diferente a la que supuestamente tenía que haber producido.
Agua pasada no mueve molino. No voy a ser yo quien lo niegue. Pero no está de más echar una miradita a lo que se decía hace un par de años, compararlo con lo que (no) se dice ahora y preguntarse qué se podrá decir dentro de otro par de años. Entonces, ante aquellas críticas, lo que había que preguntarse era, simplemente, por qué se hacían y para qué se hacían. Después, pasó lo que pasó y los alternativos dejaron de serlo. Y más que lo dejarán de ser.
(Publiado hoy en el diario Información -Alicante-)
(Un artículo de Dani Rodrik aquí con algunas indicaciones interesantes: sobre la comparación de lo actual con lo sucedido en la Gran Depresión, sobre las reacciones populistas de Trump y Sanders u otras fáciles reacciones ante el contexto mundial -cuidado, españoles- y sobre los motivos para no ser excesivamente pesimistas si se supone que el capitalismo sigue teniendo mecanismos de reconducción de las crisis y los políticos que han llevado hasta la situación actual pueden también salir de ella, cosa que yo no tengo tan clara, por lo menos viendo qué sucede en las Españas -Cataluña incluida-)
(Las encuestas en Alemania anuncian en marzo una reducción del voto de CDU y SPD, sobre todo para el primero, aunque todavía suman algo más del 50 por ciento de los votos, lejos de los más de 60 que obtuvieron en las anteriores elecciones federales. El FDP se mantendría más o menos, pero La Izquierda (Linke), Los Verdes (A90/LV) y Alianza por Alemania (AfD) aumentarían de manera significativa)
(Para el caso de Amérca Latina, aquí)

Interés general y otras lindezas

Suele ser frecuente que determinado tipo de político diga que trabaja por el "interés general". Es el caso del PP en España. El partido Podemos, recién incorporado a la "casta" (concepto vacío donde los haya) prefiere decir que trabaja por "la gente". Nada que objetar excepto este pequeño detalle: en qué consiste el interés general (concepto vacío donde los haya) y qué intereses puede tener la "gente" (concepto casi tan vacío o incluso más que el del "interés general"). Se podría recurrir a los barómetros del Centro de Investigaciones Sociológicas en las Españas, pero voy a irme a los Estados Unidos (ya se sabe: buenos datos y posibilidad de comparar con lo local). Esto es lo que preocupa a la "gente" allí o, si se prefiere, estos son los problemas que afronta el interés general según Gallup:

Americans' Concerns for Problems Facing the U.S.
Next, I'm going to read a list of problems facing the country. For each one, please tell me if you personally worry about this problem a great deal, a fair amount, only a little or not at all? First, how much do you personally worry about -- ?

Great deal%Fair amount%Only a little/Not at all%
The availability and affordability of healthcare552717
The economy552818
Crime and violence532622
The possibility of future terrorist attacks in the U.S.482329
Hunger and homelessness472924
The Social Security system462528
Drug use442333
The quality of the environment423126
Unemployment392931
Illegal immigration372339
Race relations352737
Climate change332740
The availability and affordability of energy273438
March 2-6, 2016
GALLUP POLL SOCIAL SERIES: ENVIRONMENT

Dos cosas: una, que no está tan claro que esos problemas estén jerarquizados por su probabilidad o por su impacto en el conjunto de la sociedad. Véase, por ejemplo, el papel que ocupa el cambio climático o las cuestiones relacionadas con la energía. Y, dos, que si uno atiende a las diferentes campañas pre-electorales, los gritos mayores no se corresponden con la lista. Pero no es porque los pre-candidatos no la conozcan sino porque se están dirigiendo a segmentos concretos de los electores (nichos, como horriblemente los llaman algunos marketineros que no han pasado de Kotler). Nada pues de interés general de la gente excepto en la retórica.

martes, 22 de marzo de 2016

Bruselas, 22 de marzo

Comparto el rechazo del asesinato terrorista en Bruselas. Como tal, indiscriminado.
No me gusta que, en las Españas, haya habido quien lo ha aprovechado para arrimar el ascua a su sardina.
He sabido del asunto por una noticia del Washington Post que me ha entrado al móvil mientras viajaba en tren. En el almuerzo, he comenzado a sufrir los reality shows de la televisión que había en el bar. En el coche, después, he seguido sufriendo esos shows por la radio (mucho "lado humano", mucha "indignación", mucho "dolor", mucho "espectáculo dantesco")
¿Qué me faltaba? Tomando, una vez más, la metáfora de la medicina clínica, me faltaba anamnesis, historia clínica ya que casi parecía que lo que se había producido era un punto en el espacio-tiempo totalmente aislado y, si conectado, lo era con atentados del mismo tipo producidos en Europa en general y en España en particular.
Me faltaba un mínimo de diagnóstico. Decir que ha sido el Estado Islámico (como ellos han reivindicado) no es suficiente aunque en su comunicado hay referencias a los antecedentes a los que dicen responder. Falta un análisis de los factores que han llevado a tal barbaridad. Decir que son irracionales no es la mejor manera de entenderlo (porque son irracionales en el mismo sentido que los que ponen vallas contra los que buscan asilo) y promulgar un guerra santa en paralelo a la supuesta guerra santa del EI tampoco.
Me faltaba algo sobre el "qué hacer" que fuera más allá de "aplastémosles". A estas alturas ya se tendría que saber que esa no es la terapia apropiada. Que produce un aumento del mal. Seguridad, sí, por supuesto. Pero sabiendo a qué enfermedad se está enfrentando uno y qué factores la provoca. Si es una tos, no vendrá mal saber si es faringitis o cáncer de garganta o una simple tos estacional.
Repetido por enésima vez: el atentado es indiscriminado, sí, pero la respuesta no tiene por qué ser igualmente indiscriminada y meter a todos los musulmanes en el mismo saco. El EI y sus franquicias han sido unos bárbaros en su indiscriminación. No parece buena idea ser igualmente indiscriminados.
Y no se olvide que el EI no ataca por igual a cristianos que a musulmanes: 87 por ciento de atentados perpetrados por organizaciones islamistas entre 2000 y 2014 lo han sido en países de mayoría musulmana. Si hay que sentir dolor por las víctimas, también por las de Bagdad, Estambul y Raqqa. Lo que si parece es que están interesados en que en Europa se haga la vida imposible a los musulmanes que viven allí para así tener posibles "quintas columnas".
Policía, espionaje, infiltrados sí. Pero xenofobia no. Ya es suficiente con la vergüenza de estos últimos días por parte de los bruselianos que, seguro, no han sido los más golpeados por estos ataques indiscriminados (indiscriminados quiere decir que no van contra "los de arriba": los islamófobos suelen olvidarse de Arabia Saudi y similares).

lunes, 21 de marzo de 2016

Unos pocos apátridas

0. Al contrario de lo que decía el Manifiesto Comunista, los proletarios sí que tienen patria. Son los mercaderes los que no la tienen ni nunca la han tenido. Aquí algunas referencias al papel que algunos de ellos tuvieron en el auge del fascismo, el nazismo y, más en concreto, el franquismo a principios del siglo pasado. Y aquí sobre el conflicto colombiano.
1. La patria de los proletarios sirve para que los políticos que, por lo general, tampoco tienen patria aunque se les llene la boca con tales palabras, y que no quieren perder sus puestos (aunque después se vayan de consultores a otros países), lleguen a decisiones tan rechazadas por las clases medias como las recientes de la Unión Europea sobre los demandantes de asilo y, en general, los emigrantes. Por cierto, las clases medias que rechazan, con razón a mi manera de ver, esas decisiones son las que no tienen miedo a caer en la escala social, en cuyo caso encuentran que eso de la patria puede no ser el tema central.
2. Somos muchos los que nos emocionamos al saber de tragedias, muertes y sinsabores que sufren esos emigrantes. Añado, por mor de racionalidad, que habrá que pensar en los que NO abandonan su patria, tanto "los de arriba" como "los de abajo". Unos, porque se benefician; los otros, porque no tienen dinero para pagar los costes del viaje que organizan las mafias (que también se benefician). 
3. Desconozco la composición social de los que salen aunque la imagino y el monto del dinero que los otros colocan en paraísos fiscales (no sé cuánto habrá, aunque haberlo haylo). Pero no vendría mal hacerse la pregunta.

domingo, 20 de marzo de 2016

Pánico moral

Copio y pego este párrafo que me llega de manos amigas:
Para explicar estos fenómenos de histeria colectiva, el sociólogo Stanley Cohen acuñó en 1972 un término: Pánico Moral. En su libro Folks Devils and Moral Panics, Cohen explica la dinámica: las fuerzas vivas señalan un comportamiento, o un grupo, como encarnación de la maldad, provocando preocupación y miedo, sentimientos que son exacerbados hasta desembocar en hostilidad hacia determinadas actitudes o colectivos. De esta forma, se instiga a la masa a lanzarse ciegamente contra el supuesto mal, anulando el debate racional, obstaculizando la búsqueda de soluciones correctas y desviando la atención de la imprescindible crítica al poder
Su autor lo utiliza para los paralelismos que establece entre la caza de brujas en el Salem de 1692 y la actual preocupación (que él llama histeria) en torno a la "violencia de género" (violencia machista, terrorismo machista etc. como lo llaman en otras sedes), es decir, violencia contra las mujeres.
Me ha interesado el párrafo porque describe muy bien, en mi opinión, el proceso mediante el cual se llega a la xenofobia y no solo a la xenofobia en su versión racista o religiosa. Tengo la impresión de que, por lo menos en las Españas -se incluye a Cataluña- se está recorriendo ese camino. Todavía no se ha llegado a término. Por eso me preocupa el debate racional (y la duda metódica) a pesar de no ser capaz de presentar soluciones correctas pero sí intentando indicar qué sucede con el poder. Inútilmente, supongo.

sábado, 19 de marzo de 2016

Bart to the future

Hoy se cumplen 16 años de la publicación del episodio de Bart Simpson en el que aparece Lisa Simpson en 2030 como primera presidenta (straight) de los Estados Unidos, justo después del periodo de Donald Trump. El episodio y los comentarios se pueden ver en y a través de The Guardian. Trump, además de haber puesto en práctica algunos programas de consecuencias desastrosas, habría llevado al país a la ruina, razón por la que estaría necesitando la ayuda económica de la China.
No parece que la predicción sobre Lisa sea acertada, tampoco los detalles sobre Trump. Pero, pero... la naturaleza imita al arte.

viernes, 18 de marzo de 2016

Obsesión por USA

Son varios los amigos y de ideologías variadas los que me han hecho bromas sobre mi obsesión por los Estados Unidos según se manifiesta en este blog. 
No niego mi interés por dicho país. Saber qué sucede en la potencia hegemónica en el mundo parece que tiene que tener su justificación: lo que allí suceda ha influido y va a influir en el resto del mundo, aunque cada vez menos. Pero influye. Hay suficientes citas de egregios comentaristas preocupados por lo que podría suceder en el mundo si Trump no solo gana las primarias sino que gana la presidencia. Motivos hay. The Economist Intelligence Unit lo considera un riesgo mundial. Cuando desconectó el dólar y el oro, aquello fue un shock mundial. Y cuando Bush II decidió intervenir en Irak, también. Ahora podría ser algo todavía más importante y no necesariamente positivo para un mundo tan alejado del equilibrio que puede sufrir cambios caóticos por algo del tamaño de una trump-etada.
Pero como siempre es bueno contrastar las opiniones con los datos, me he puesto a ver de qué han tratado los últimos 30 posts de este marginal blog. Ha habido 7 post directamente sobre los Estados Unidos, sobre todo sobre Trump; 4 en los que la referencia a los Estados Unidos lo ha sido para hacer ver otros casos distintos pero semejantes; y 19 post en los que se ha tratado de otros temas que hay que exagerar mucho para encontrar a los Estados Unidos.
No creo, pues, que se trata de obsesión sino de interés. Así que me tengo que preguntar qué pasaba por las mentes de mis amigos (y muy queridos amigos) cuando veían algo que no se correspondía exactamente con lo que había efectivamente. O igual es que he puesto en práctica el dicho de que "no hay dato que, convenientemente torturado, no acabe confesando". 

miércoles, 16 de marzo de 2016

Comparar a Trump

Copio y pego esta impresionante lista de bien conocidos autores que han comparado a Trump con igualmente conocidos personajes. Ya se sabe que en campaña vale todo (hasta la violencia escuadrista) y que no todas las comparaciones tienen que ser necesariamente válidas, amén de que comparatio non tenet in omnibus, la comparación no vale para todos los componentes de los elementos comparados, pero ahí va con sus correspondientes enlaces:
You must have noticed the Hitler comparisons, right? Amid the recent “Nazi” controversy (over whether those right hands raised in a pledge to vote for Donald Trump at his “movement” rallies are actually copycat Sieg Heils), a bevy of pundits, commentators, and other figures, including the Mexican president and Anne Frank’s stepsister, have been comparing The Donald to Adolf Hitler. But have you noticed that others are pointing to Italian fascist dictator Benito Mussolini, Argentinian caudillo Juan Perón, right-wing Italian newspaper magnate, billionaire, and former Prime Minister Silvio Berlusconi, present head of the far-right National Front Party of France Marine Le Pen or her father, the founder of that party and Holocaust denier Jean-Marie Le Pen (who endorsed Trump recently), and even left-wing Venezuelan President Hugo Chávez? And that’s not to speak of President Richard (“Tricky Dick”) Nixon, segregationist Alabama governor and presidential candidate George Wallace, senator and Republican presidential candidate Barry Goldwater, Louisiana governor and populist Huey Long, and former car manufacturer, presidential possibility, and notorious anti-Semite Henry Ford, which is just to begin a list of history’s potential Trump impersonators, not end it. (And don’t even get me started on mentions of “fascism” and “authoritarianism” in the media these days!) 
El constatar el riesgo de un fascismo americano no es nuevo. En 2004, en mi Democracia made in USA (capítulo 5) ya recogía opiniones de estadounidenses en ese mismo sentido. Entonces se hablaba más de factores sociales (estructurales que dirían algunos). Ahora se concentran en una figura, con sus luces y sombras, cuando el problema son sus millones de partidarios a cuyas demandas y frustraciones responde Trump con mucha inteligencia en el contexto del difundido anti-intelectualismo estadounidense. No tiene por qué creer en lo que dice. Basta con que lo crean sus votantes, lo cual no convierte las creencias de estos en verdades absolutas. En eso, no es diferente de otros candidatos. En muchas otras cosas, sí.
(Añadido el 21 de octubre: se compara aquí a Trump con Berlusconi)

Comparar a Trump

Copio y pego esta impresionante lista de bien conocidos autores que han comparado a Trump con igualmente conocidos personajes. Ya se sabe que en campaña vale todo (hasta la violencia escuadrista) y que no todas las comparaciones tienen que ser necesariamente válidas, amén de que comparatio non tenet in omnibus, la comparación no vale para todos los componentes de los elementos comparados, pero ahí va con sus correspondientes enlaces:
You must have noticed the Hitler comparisons, right? Amid the recent “Nazi” controversy (over whether those right hands raised in a pledge to vote for Donald Trump at his “movement” rallies are actually copycat Sieg Heils), a bevy of pundits, commentators, and other figures, including the Mexican president and Anne Frank’s stepsister, have been comparing The Donald to Adolf Hitler. But have you noticed that others are pointing to Italian fascist dictator Benito Mussolini, Argentinian caudillo Juan Perón, right-wing Italian newspaper magnate, billionaire, and former Prime Minister Silvio Berlusconi, present head of the far-right National Front Party of France Marine Le Pen or her father, the founder of that party and Holocaust denier Jean-Marie Le Pen (who endorsed Trump recently), and even left-wing Venezuelan President Hugo Chávez? And that’s not to speak of President Richard (“Tricky Dick”) Nixon, segregationist Alabama governor and presidential candidate George Wallace, senator and Republican presidential candidate Barry Goldwater, Louisiana governor and populist Huey Long, and former car manufacturer, presidential possibility, and notorious anti-Semite Henry Ford, which is just to begin a list of history’s potential Trump impersonators, not end it. (And don’t even get me started on mentions of “fascism” and “authoritarianism” in the media these days!) 
El constatar el riesgo de un fascismo americano no es nuevo. En 2004, en mi Democracia made in USA (capítulo 5) ya recogía opiniones de estadounidenses en ese mismo sentido. Entonces se hablaba más de factores sociales (estructurales que dirían algunos). Ahora se concentran en una figura, con sus luces y sombras, cuando el problema son sus millones de partidarios a cuyas demandas y frustraciones responde Trump con mucha inteligencia en el contexto del difundido anti-intelectualismo estadounidense. No tiene por qué creer en lo que dice. Basta con que lo crean sus votantes, lo cual no convierte las creencias de estos en verdades absolutas. En eso, no es diferente de otros candidatos. En muchas otras cosas, sí.
(Añadido el 21 de octubre: se compara aquí a Trump con Berlusconi)

Mirando a otro lado

Ya comenté, de pasada, el hecho de que, en algunos momentos de este invierno, la temperatura en superficie en el hemisferio norte ha superado brevemente los 2ºC con que algunos expertos advierten del calentemiento (peligroso) global. Con un amigo boliviano hemos estado comentado los avatares de diversos lagos en su país (que fue el mío): Poopó, Alalay, Angostura. Son casos diversos ya que no en todos hay represas en países vecinos ni hay minas en activo o desaguisados gubernamentales. Pero la cosa es que o han desaparecido o han expulsado a los seres vivientes que habitaban en ellos. Ahora leo que la temperatura en superficie, este febrero, ha estado 1,35ºC por encima de la media haciendo que algunos alerten por una emergencia y muchos estadounidenses encuestados por Gallup lo achaquen al cambio climático (lo cual no lo convierte en verdad: en tiempos de Galileo la mayoría pensaba que la Tierra estaba quieta y era el Sol el que daba vueltas a su alrededor).
No sé si todo eso es verdad ni si los datos son correctos ni, en el caso de que lo sean, la interpretación y la predicción son acertadas. Solo vuelvo a levantar acta del clamoroso silencio con que los políticos preocupados con el hoy y, a lo más, el mañana (nunca el pasado mañana) responden a este pequeño problema. Mucho más pequeño que el de saber quién ocupará el sillón presidencial, claro.

martes, 15 de marzo de 2016

Rusia se va de Siria

Parcialmente, pero se va. Aquí una, en mi opinión, excelente narración de lo sucedido desde que la "primavera árabe" se convirtió en una guerra incivil con abundante participación extranjera (como en tantas otras guerras teóricamente internas) hasta el anuncio ruso y algunas perspectivas que se abren de cara al futuro. Hay reacciones que todavía se esperan (la saudita, por ejemplo), pero hay motivos, dice su autor, para un mínimo de optimismo.
Puntos a retener: la atomizada oposición a Al Asad, la retirada de Irán (previa a la de Rusia), las confusas reacciones de la temerosa Unión Europea, el silencio de los grupos llamados terroristas (el Estado Islámico o el Frente Al-Nusra) y los acuerdos (parciales) de paz o, mejor, de alto al fuego. Y la agenda del gobierno ruso.
Demasiados muertos, desplazados y exiliados.
Ahora solo falta que se vayan los Estados Unidos.