miércoles, 7 de diciembre de 2016

Pintadas antifascistas

Las paredes se han convertido en objeto de lectura. Paseando por Alicante he encontrado que alguien utilizó una plantilla para escribir, con mayúsculas, “Alicante Antifascista”, “Alicante” arriba y “Antifascista” abajo. Hasta ahí, nada original, aunque no tenga claro contra quién va la pintada. Lo curioso es que algún grupo contrario o, simplemente, bromista o cabreado, ha tapado el “Anti” de modo que la pintada ahora reza “Alicante []Fascista”. Pero la cosa no queda ahí, ya que, tal vez los que escribieron lo primero o, más probablemente, otros diferentes, han tachado el Fascista, que ahora puede leerse atravesado con una línea horizontal, todo ello con el preceptivo color negro que, por supuesto, no hace referencia ni a las elecciones austriacas ni a Italia.
Compárese esta anécdota mínima con esta descripción de lo que se podría llamar “cultura del tuit”: “La cultura de las redes sociales ha desarrollado un individuo que se apasiona, insulta, se escandaliza, pero no sabe o no quiere discutir, y mucho menos dialogar. Cada vez que no le gusta la opinión de alguien, simplemente lo elimina. Fácil. (...). Así, los nuevos individuos, desde sus propias soledades (...), van creando burbujas ideológicas, autocomplacientes, donde todos opinan y sienten como ellos mismos. Se sienten protegidos, aunque el odio y la rabia son los mismos de hace cien o mil años atrás”. Es obvio que los que juegan a pintadas y contrapintadas no están practicando precisamente la democracia deliberativa, al margen de que estén ensuciando las paredes. Y no hay que echarle toda la culpa a los tuits (las pintadas no son un invento reciente), pero parece que ayudan a este tipo de actitud.
Pero, a todo esto, ¿hay en Alicante fascistas como para hacer esas declaraciones tan tuiteras? Algún partido asociable con el fascismo, sí lo hay. Si son realmente fascistas, eso ya no lo sé. Como tampoco sé que lo sean los que son insultados como tales del mismo modo que otros insultan con lo de “progre”, ambos con “cultura de tuit” al fin y al cabo. Se puede intentar ver hasta qué punto hay fascistas preocupantes por aquí. Para ello, es posible usar la lista de indicadores de fascismo que Umberto Eco publicó en 1995. La reproduzco con comentarios. 
1. Culto a la tradición. Las exaltaciones de "nuestra identidad" y "nuestros valores" frente a la amenaza de inmigrantes y refugiados.
2. Rechazo del "modernismo" que se concreta en un relativo irracionalismo. El recurso a los sentimientos por encima del raciocinio entraría en este capítulo.
3. Acción por la acción. Incluida la pintada.
4. Rechazo del desacuerdo, o sea, todos estamos de acuerdo y debemos estarlo.
5. Miedo a la diferencia. Relacionado con el punto 1 y el 4, se rechaza al que tiene otra religión, otras costumbres, otra "tradición". Xenofobia sería una palabra más apropiada.
6. Recurso a la clase media frustrada. La frustración genera agresividad y el fascismo proporciona objetos sobre los que descargarla. Tiene que ver con el aumento de la desigualdad y con el miedo de esa clase media a caer en la pobreza.
7. Obsesión con las conspiraciones. A ser posible, internacionales, pero las domésticas también sirven. Sobre todo para despistar la atención cuando se es criticado por ejemplo por corruptelas, por pequeñas que sean. Complots, conjuras, campañas orquestadas, “manos negras” forman parte de su retórica.
8. Desasosiego con la riqueza y fuerza de sus enemigos. No es miedo.
9. Ya que la vida es guerra permanente, el pacifismo es rechazado como una forma de rendirse ante el enemigo. Intentar entender el problema terrorista/yihadista es visto como un modo de legitimarlo.
 10. "Elitismo popular", es decir, "somos los mejores" y podemos despreciar al débil, dada nuestra evidente fortaleza.
11. Se educa para ser héroe. No lo tengo claro. Ni siquiera sé si se educa.
12. Machismo, es decir, desdén hacia las mujeres y rechazo de hábitos no convencionales como la castidad o la homosexualidad.
13. Populismo selectivo que considera al Pueblo como una entidad monolítica que expresa la Voluntad Común que es el que tiene derechos (colectivos), no los individuos. Algunos nacionalismos van en esta dirección, pero no suelen aplicar el corolario fascista, a saber, el rechazo a los gobiernos parlamentarios "podridos". ¿O sí?
14. Neolengua orwelliana. Nuevas palabras y expresiones para justificar las propias acciones. O prohibición de otras, por ejemplo, en Polonia, decir que Auschwitz era “polaco”.
Califique del 0 al 14 lo que observa y lee, y piense en la pintada que he encontrado en mi pueblo, San Juan: “Antifascista siempre”.
(Publicado hoy en el diario Información -Alicante-)

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