domingo, 18 de diciembre de 2016

La verdad no es rentable

Tú planteas que en tu centro público faltan determinadas vacunas para embarazadas y el efecto es que pierdes el empleo por haberte atrevido a pensar en el bien de las pacientes y no en lo que tu puesto de trabajo exige, a saber, obedecer y estar calladito. Ha pasado en Madrid. Anecdótico si se quiere.
No lo es tanto que algunos científicos estadounidenses que han trabajado sobre el cambio climático no quieran que se sepa su nombre, visto el marcado carácter negacionista que tiene la nueva administración. Temen perder su empleo en el caso de que se lleve a cabo una purga anti-climática, hipótesis nada desdeñable viendo cómo se las gastan. Buscadores de la verdad, sí. Pero tontos, no. Y, mucho menos, irresponsables ante la necesidad de dar de comer a su familia, pagar las hipotecas, planificar los estudios de los hijos y esas fruslerías que nada tienen que ver con el cambio climático, si es que es probable.
Asuntos distintos y distantes, pero con elementos en común que hacen ver en qué tipo de mundo vivimos. Digamos que el que paga, manda. Y que eso de la ciencia en pos de la verdad y lo del servicio al paciente está bien para los libros bienintencionados sobre ética profesional. Lo que tenía que hacer la enfermera es estar calladita aunque las embarazadas cayesen en peligros para ellas y para sus crías. Y los científicos, demostrar que eso del cambio climático es una patraña inventada por los chinos contra los Estados Unidos (no es idea mía: es de Trump)

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