viernes, 9 de diciembre de 2016

Democracia en peligro

Se utiliza la analogía con la Unión Soviética. De hecho, muy pocos (Amalrik, Todd, Batra) fueron capaces de predecir su derrumbe que, en todo caso, fue muy rápido: cuando Gorbachov regresa de su dacha una vez producido el golpe de estado que encumbró a Yeltsin, se encuentra que el país ya no es el que era. Algo así, se dice, podría suceder con la democracia en Europa, asunto al que ya me he referido varias veces en el blog.
Encuentro ahora un par de artículos en la misma dirección. Vienen en Foreign Affairs, suscripción mediante.
En el primero se parte de la constatación de los nuevos movimientos, partidos y propuestas políticas que tienen en común el rechazo a las instituciones políticas de su país (Constitución, parlamento, eventualmente monarquía) unido a una clara división entre la élite por un lado y, por otro, el pueblo, la gente o la nación (según los casos) y la presencia de líderes "fuertes", carismáticos y con inteligente uso de los medios convencionales y los nuevos (redes sociales). A diferencia de líderes con los que se tienen en común esas características, los actuales, se dice, prefieren acceder al poder a través de los cauces democráticos convencionales, consolidando su poder desde los mismos. Erdogan sería un buen ejemplo y, como puede verse en su artículo del Wall Street Journal, Trump podría ser otro ejemplo, con mucho mayor impacto que el de los otros que se enumeran en el artículo que cito.
En el segundo, siempre en la misma revista, se pregunta directamente sobre la edad oscura que amenaza a la democracia europea. Enumera los casos ya en el gobierno o con fuerte presencia en los parlamentos de fuerzas que encajan con eso que ha venido en llamarse "populismo", entendido aquí como algo opuesto a las prácticas democráticas convencionales: libertades individuales (no tanto colectivas, que parece ser una invención preocupante), el imperio de la ley (que puede cambiarse, pero que mientras no se cambie, es la que es), pluralismo político y demás.
En este uso y abuso de las palabras, este otro artículo, esta vez en el Washington Post, define autoritarismo y populismo (distinguiéndolos) y, sobre todo, busca indicadores de cada uno de estos palabros que puedan someterse a verificación empírica. En su caso, mediante encuestas en los Estados Unidos. Son cuatro grandes capítulos (convertidos en escalas) que pueden verse en el gráfico que copio y que, de paso, sirve para ver las diferencias entre los que apoyaron a los distintos candidatos en las pasadas elecciones estadounidenses.
Anti-elitismo, autoritarismo, desconfianza hacia los expertos e identidad estadounidense (americana, dicen). Nótese cómo los seguidores de Trump destacaban por su desconfianza hacia los expertos, los de Ted Cruz por su autoritarismo y los de Bernie Sanders por su anti-elitismo. Si bien entiendo, los más "populistas" serían el primero y el último, pero es una impresión.

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