jueves, 3 de noviembre de 2016

Nuevos calores, viejas bacterias

Scientific American incide, con ejemplos, sobre el riesgo que supone el aumento reciente de temperaturas (añado: sea cambio climático o no, el caso es que esas temperaturas han aumentado a escala mundial y han afectado a las nieves perpetuas -permafrost-). Hace ya años que mis amigos andinistas me hicieron notar que ahora encontraban nieve mucho más arriba de lo que la solían encontrar en los impresionantes nevados ecuatorianos. Lo mismo sucede en Bolivia.
Pero la cuestión que levanta el artículo que cito es que, haya cambio climático o no, el aumento de las temperaturas registrado estos últimos años ha descongelado partes importantes de los viejos hielos, en particular en el Ártico, con lo que se han liberado viejas bacterias contra las cuales los humanos ya no estamos inmunizados. El primer caso que aportan es el del ántrax.
Todo eso al margen de ese 50 por ciento de especies de vertebrados que han desaparecido y que podrían llegar al 66 por ciento en 2020, es decir, pasado mañana (Se puede ver el Living Planet Index aquí y más datos y fuentes aquí)
El medioambiente es un sistema que no se caracteriza precisamente por su estólida estabilidad. Resulta actuar, por lo general, suficientemente alejado del equilibrio como para que un pequeño cambio traiga consigo grandes efectos y, encima, no esperados. Pues nada. Sigamos como buenos hamletianos con sesiones de words, words, words. O dedicados a "grandes decisiones" comparativamente irrelevantes, sobre todo si se tiene en cuenta la lógica del beneficio que se supone tienen esas 90 empresas responsables del 60 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero)

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