miércoles, 2 de noviembre de 2016

Decisiones presupuestarias

Es una banalidad: el dinero del que dispone un gobierno no es infinito. Puede endeudarse, sí, pero no indefinidamente incluso si tiene la capacidad, como la tienen los Estados Unidos, de imprimir moneda sin excesivos efectos inflacionarios. Total, que tiene que optar según el viejo gráfico, aunque problemático, de  "cañones vs mantequilla": no pueden tener un máximo de uno sin reducir el otro a un mínimo.
En ese contexto, resulta expresivo el artículo de Jeffrey Sachs (en el Boston Globe reproducido en Common Dreams), poco sospechoso si se recuerdan sus andanzas por Bolivia a finales de los 90. Su título: "Gastos fatales del imperialismo estadounidense". Lo que plantea y fundamenta con datos es lo siguiente: el nuevo gobierno, si quiere reducir la pobreza en el país, tendrá que reducir los 900 millardos (miles de millones) de dólares que supone el gasto militar federal. Ya no es lo que era, su PIB (a paridad de poder de compra) ya ha sido superado por el de la China, el descontento que apoya a Trump no se va a curar si se mantienen esas políticas bajo el imprevisible Trump o bajo la halcón Clinton y las empresas que se benefician de esos gastos (porque venden al gobierno o porque el gobierno ataca los lugares que interesan a algunas empresas) pueden añadir problemas (de desempleo, de desabastecimiento, de balanza comercial).
Sachs recuerda las instalaciones militares estadounidenses en territorio propio y ajeno (662 en 36 países),  hace un recorrido de las intervenciones estadounidenses en el extranjero (algunas para responder a las demandas desde empresas hortofrutícolas a petroleras) y se detiene en la situación actual de su imperialismo (la palabra la usa él; yo no suelo usarla).
Puede leerse, en este contexto, el libro del historiador Paul Kennedy (The Rise and Fall of the Great Powers) disponible aquí en el que compara el auge y caída de España, Inglaterra y, en tiempos de Carter y Reagan -cuando se publicó en 1988-, Estados Unidos. Uno de los factores que llevó a las respectivas decadencias fue el exceso de gasto militar. 
No hace falta que diga que, en ese dilema de "cañones y mantequilla", el gobierno español que ahora se (re)estrena no va a reducir el gasto militar. El pago de la deuda y el recorte en el gasto exigido por el gobierno de rango superior (el de Bruselas) se hará en otros capítulos del presupuesto nacional: en la "mantequilla". No me extrañaría que fuera contra los más débiles y vulnerables. Pero el que manda, manda. Si en otros países (USA) se han invadido territorios "a las órdenes" de determinadas empresas, no sé por qué no se va a hacer lo propio con un simple apunte en un presupuesto general del Estado.

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