jueves, 13 de octubre de 2016

Guerras de religión

Los datos parecen ser claros si se toman a lo largo de la historia. Lo primero, es que muy pocas guerras comenzaron por cuestiones religiosas. Solo un 7 por ciento de las 1.763 censadas frente al 60 por ciento que no tuvo ningún tipo de motivación religiosa. Pero, segundo, se sabe que una vez entra en juego la religión, el conflicto se agudiza. Por simplificar: un territorio se puede dividir mediante la negociación, pero las creencias religiosas no son negociables. Las guerras religiosas, además, duran mucho más tiempo que las "seculares".
La religión, muchas veces en la actualidad, sirve, entre otros trucos, para legitimar decisiones que poco o nada tienen que ver con la religión. Pero, repito, una vez ha entrado esa legitimación, la tónica es que son más duraderas que el resto de guerras. Asunto que debería de tenerse en cuenta cuando se presentan conflictos armados contemporáneos como una lucha entre Ormuz y Ahrimán, entre el Bien y el Mal definidos en términos religiosos (el Bien siempre está de nuestra parte: el infierno son los otros). Desde ese punto de vista, los esfuerzos que se hagan por mostrar las raíces "civiles" o "seculares" de tales conflictos son esfuerzos por favorecer la paz. Subrayar el elemento religioso, pues ya se sabe: así fue en el pasado y podría ser en el presente. La historia no tiene leyes. Es mera probabilidad. Pero probabilidad que los que sufren la violencia no tienen por qué sufrir en sus carnes.

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