domingo, 23 de octubre de 2016

El neoliberalismo ha muerto, ¡viva el neoliberalismo!

Fue una revolución y una revolución triunfante. Revolución cultural incluso, con sus elementos de revolución permanente. Pero no ha funcionado. Por lo menos en el sentido de que las políticas etiquetadas de tal manera no han conseguido lo que decían pretender, fuera o no sincero tal propósito, sino todo lo contrario.
El éxito, cultural, es tan abrumador que se ha convertido en el sentido común del que sería loco apartarse y que ayuda a ocultar el igualmente evidente fracaso. TINA, no hay alternativas. Estamos atrapados. 
Tomo estas ideas de una entrevista a un colega mexicano, pesimista como yo, pero que se atreve a terminar respondiendo al ¿qué hacer?:
Sólo se me ocurre proponer los parámetros para una alternativa, es decir, los factores que podrían permitir al menos un modesto optimismo, a mediano plazo.
Primero, es necesario que se generalice la convicción de que el modelo neoliberal fracasó, incluso en sus propios términos: no ha producido crecimiento, ni mayor igualdad, ni mayor eficiencia ni mejores servicios, ni siquiera estabilidad económica.
Segundo, es necesario explorar la imaginación social, a partir de la certeza de que el mercado sin regulaciones, sin limitaciones, es una fuerza corrosiva, que destruye el vínculo social[...].
Y tercero, es necesario recuperar una conversación pública seria, profunda, compleja, matizada, realista, alejada de las simplezas de modelos abstractos y consignas; y eso quiere decir recuperar las mejores tradiciones de las ciencias sociales

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