jueves, 1 de septiembre de 2016

Triple R para Colombia

El acuerdo de La Habana se ha presentado como un avance muy importante, pero queda mucho por andar, incluyendo la fecha del 26 de septiembre, firma del mismo revelada ¡por Rajoy!. Y lo digo pensando en lo que fue el cese de hostilidades por parte del M19 también en Colombia o, si se prefiere, lo que está siendo el fin de ETA en la Península Ibérica. Todo ello sin darle más importancia (que la tiene) a la posición del ex-presidente Uribe y sus seguidores que van a votar NO a estos acuerdos ya que preferirían que fuesen a la cárcel todos los implicados en la guerrilla (como ha sucedido en las Españas con Otegui: asesinato, pertenencia a banda armada y pertenencia al brazo político de la misma no son exactamente lo mismo, Pero para eso están las leyes: para liarla o para arrimar el ascua a la propia sardina).
El adiós a las armas es, sin duda importante, incluso si aparecen movimientos como fueron  el IRA Auténtico o ETA Auténtica que quieren mantener la lucha armada, amén de los militares que también lo prefieren ya que, si son de alto rango, no corren riesgos físicos y sí pueden obtener ascensos.
La mayor dificultad viene de las tres R: resolución del conflicto, reinserción y reconciliación.
Las FARC, como el ELN o, en su dia, el M19 no nacen porque sí. Responden a conflictos sociales subyacentes ante los cuales hay quien piensa que solo se pueden solucionar mediante el enfrentamiento armado con el orden establecido y el ejército que lo apoya. Dejar las armas sin enfrentarse al conflicto subyacente puede significar que la violencia volverá a presentarse. Cierto que lo que se originó en una situación en la que objetivos incompatibles pretendían marcar el funcionamiento de los grupos, puede, con el tiempo, llegar a una dinámica propia en la que el viejo conflicto se olvida y los grupos guerrilleros dedican más esfuerzos en mantenerse en activo que en resolver el conflicto. En estos esfuerzos está la financiación, sea mediante secuestro, narcotráfico o ayuda de potencias extranjeras (ahora de capa caída, pero no los dos puntos anteriores). Reconocer que el enfrentamiento armado no lleva a ninguna parte puede ser una forma relativamente sencilla se resolver esta primera R (en mi opinión, ese fue el motivo de la desaparición de ETA en el País Vasco: el reconocimiento de que ese medio -la violencia- no llevaba al fin propuesto -la independencia y el socialismo-).
La segunda R, la reinserción, es más complicada. Efectivamente, no es buena política obligar a dejar las armas y decir "arréglense ustedes como puedan". Tienen que vivir, algunos tienen pareja, otros ya tienen hijos. Vale la pena leer Razones de vida, autobiografía de Vera Grabe que fue comandante del M19. Pasar del monte a la vida civil no es tan sencillo y ya con el M19 se organizó desde Presidencia todo un sistema para tal reinserción. Y no es un paso fácil. Tampoco para ETA lo está siendo.
La tercera R es la más difícil: la reconciliación. He transitado por Bogotá en coche conducido por el guardaespaldas de Vera Grabe, mi amiga, y he asistido a reuniones de ex-guerrilleros en las que se hablaba de los guardaespaldas con la mayor naturalidad del mundo. ¿Guardaespaldas? Algunos de mis amigos del M19 murieron a balazos una vez reinsertados: se llama venganza de quienes tuvieron entre sus familiares a personas muertas a manos de los guerrilleros. Ese odio dura mucho y no es fácil proporcionar a todos los que han sido guerrilleros una defensa eficaz si no ha habido un mínimo de reconciliación. Y no es algo que se resuelva con un blablabla o con un apretón de manos bajo la benévola mirada de Raul Castro. "Si mataste a los míos, yo tengo que matarte".
Queda, efectivamente, mucho camino por andar y más con oposición a este acuerdo desde varias trincheras simultáneamente. Hablé hace poco con una joven uribista y no me sentí muy optimista. Por lo menos, no compartí las alharacas de los medios españoles. Por una vez, he preferido no recurrir a los colombianos.  

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