jueves, 29 de septiembre de 2016

Las cosas cambian

Usar los viejos clichés para analizar situaciones actuales es asegurarse o que se va a quedar uno pegado a los viejos clichés (la fe no mueve montañas) o que no se va a entender mucho de lo que está sucediendo. Todavía hay quien piensa el mundo en términos de Guerra Fría (Este y Occidente, o, mejor, URSS y USA) o, por seguir con la geografía, en términos Norte-Sur (con un Sur Global y todo) o desarrollados y subdesarrollados o en vías de desarrollo. Los emergentes han venido a trastocar esa simplicidad y resulta curioso llamar a una relación como la del Ecuador y la China (su primer acreedor) como si fuera "cooperación Sur-Sur". Pero, sobre todo, han venido a trastocarla los casos en los que se puede pensar en términos de "países en vías de subdesarrollo". Me he referido a España en tales términos y los hecho políticos recientes (caos, corrupción, confusión, contiendas) parecen abundar en dicha hipótesis, cosa que los que lloran por el papel de España en el "concierto internacional" parecen obviar hasta el punto de suponer que se trata de pequeños ajustes en la política exterior.
Los políticos, en estos momentos de cambio, no son los mejores guías para el análisis. Manfred Max-Neef ya se había referido a los Estados Unidos como "país en vías de subdesarrollo" e indicadores en tal dirección no faltan. Por eso es curioso que una de las conclusiones que algunos sacan del espectáculo circense del debate Clinton-Trump es que ambos mantienen la ilusión (en el doble sentido de error de percepción y de deseo) de una hegemonía estadounidense que durará para siempre. Sus antecesores (España, Inglaterra) también tuvieron esa ilusión y ya se ve en qué ha quedado la cosa. 
No sugiero con esto que los Estados Unidos han llegado a ser irrelevantes en "Occidente" o, si se quiere, en el mundo. Tienen poder y tienen fuerza. Pero están a la baja y ya no tienen la capacidad que tuvieron en sus días de esplendor de "rule the waves". Buscarlos detrás de cualquier problema interno (en Venezuela, México, Bolivia, Ecuador, España, Italia, Turquía) podría ser ya problemático. Pueden, pero ya no tanto. Aferrarse a los términos del "imperio" es o una parte del engaño político (como el que han podido intentar Clinton y Trump) o un desconocimiento de por dónde van los tiros. Y nunca mejor dicho. 

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