jueves, 8 de septiembre de 2016

Entre el negacionismo y el catastrofismo

Ni hay acuerdo en el diagnóstico ni lo hay en las terapias. Para complicarlo, los efectos del negacionismo digamos "clásico" ("eso del cambio climático es falso") y el catastrofismo ("estamos perdidos") pueden llevar a las mismas decisiones prácticas, es decir, a ninguna, punto en el que negacionistas y catastrofistas coincidirían. 
Lo más cómodo, a estos efectos, es el negacionismo: no hay problema, luego no hay por qué preocuparse.
Lo más complicado, en cambio, es el catastrofismo: lo que se nos viene es tremendo y no se están tomando las decisiones que habría que tomar, más allá de acuerdos de papel mojado en sucesivas cumbres mundiales. 
Mi problema con estos últimos: que ambas cosas parecen empíricas y si no se acepta la primera (la inminencia de la catástrofe), sí puede constatarse que el desacuerdo sobre las terapias va acompañado por una falta rampante de decisiones para afrontarlo. Se pueden proclamar a los cuatro vientos soluciones desde las más coherentes con el sistema en que vivimos hasta las que implicarían un cambio radical en dicho sistema. Pero, diablos, ¿quién le va a poner el cascabel al gato?

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